Aquí está la ya varias veces anunciada entrada sobre la IGLESIA DE LA BUENA DICHA, un edificio singular muy próximo a la Gran Vía, que durante años he visto cerrado y ahora está de nuevo abierto al culto después de una restauración minuciosa.El precedente de la IGLESIA DE LA BUENA DICHA es un hospital fundado por Fray SEBASTIÁN DE VILLOSLADA en 1594 y, junto a él, un pequeño cementerio. Su promotor también erigió una Hermandad para atender a pobres y a los enfermos de la zona: la Hermandad de Nuestra Señora de la Concepción, que será conocida como Hermandad de la Buena Dicha. Las crónicas de nuestra Guerra de Independencia cuentan que durante el levantamiento de mayo de 1808 se atendió en este hospital a algunos de los heridos, y en su cementerio se enterraron los cuerpos de dos personajes muy madrileños, MANUELA MALASAÑA y CLARA DEL REY. El hospital fue demolido cuando acaba el siglo XIX, y en 1916/17 el arquitecto FRANCISCO GARCÍA NAVA construyó en ese mismo solar la actual IGLESIA DE LA BUENA DICHA, con el impulso y apoyo del MARQUÉS DE HINOJARES (enterrado, junto con la Marquesa, en el presbiterio de la iglesia). Durante la Guerra Civil el templo sufrió daños (no he podido aclarar hasta qué punto quedó deteriorado) y en 2003 se cerró –ya lo hemos comentado arriba- para ser restaurado.
El edificio está situado en una parcela relativamente estrecha y relativamente larga con fachada a dos calles: la principal al número 25 de la calle Silva, y la posterior a la calle de los libreros. La planta está formada por dos elementos rectangulares que se rematan en capillas laterales, y una gran cabecera cuadrada con un pequeño cuerpo adosado –rectangular en planta- donde se aloja el retablo. A los pies de la nave se sitúa un coro alto que ocupa el primero de los dos rectángulos mencionados. Los techos se resuelven con bóveda apuntada sobre los tres rectángulos –también el del retablo- y, sobre la zona cuadrada, una bóveda nervada octogonal con linterna central; en esta zona el color azul enfatiza la solución (el resto está acabado en un color arena, suave) supongo que con la pretensión de recordarnos el cielo.


Pero realmente lo más singular de la IGLESIA DE LA BUENA DICHA no es su planta: es su decoración (tanto al interior como al exterior), tremendamente de su momento. Una mezcla de todos los historicismos posibles reunidos sin ningún pudor (y sin demasiado rigor, todo sea dicho), que a la vez consiguen –en mi opinión- un acertado equilibrio. Soluciones románicas en las columnas del pórtico de acceso; soluciones góticas en los arcos apuntados que hay por todos los sitios; soluciones mudéjares en el juego de ladrillo de los torreones laterales de la fachada principal (que no son simétricos, por cierto) y en la fachada a la calle de los libreros; soluciones nazaríes y árabes en los capiteles (¿de madera?) de las columnas (¡de terrazo!), que podrían haber salido directamente de MEDINA AZAHARA, o en esos arcos de herradura polilobulados que se han escapado de la ALHAMBRA, o en las piezas cerámicas en paredes y techos ... Un alarde que podríamos llamar ecléctico pero que en realidad responde a un concepto modernista de la arquitectura (las vidrieras lo delatan ...).
Si tuviera que defender técnicamente esta iglesia seguramente no encontraría muchos argumentos; teóricamente es lo contrario de lo que opino, de mi idea de lo que debe ser la Arquitectura: hay confusión frente a claridad que siempre busco, hay exceso frente a sencillez que defiendo, hay recargamiento frente a serenidad que me interesa. Pero no puedo dejar de decir que la IGLESIA DE LA BUENA DICHA me parece muy interesante, por ser ejemplo logrado del pensamiento de un momento concreto de la historia de España, y por ser un templo en el que se puede rezar. Ya he explicado en alguna otra ocasión el valor que doy a que las cosas sirvan para lo que son: ¿qué alguno puede decir que la IGLESIA DE LA BUENA DICHA es un gazpacho de estilos insostenible? No me quedará otra que darle la razón. Pero es un gazpacho tan bien hecho que incluso los más ortodoxos (hablo de arquitectura) deberán reconocer que lo acertado del ambiente –que logra sobradamente el uso buscado- puede justificar el exceso formal.También es de FRANCISCO GARCÍA NAVA la capilla del cementerio de La Almudena: ahí sí que se descubre con mucha más claridad el modernismo, y seguramente tendrá un hueco en selecciónARTE.
Acabo diciendo que mientras hacía las fotografías que ilustran esta entrada (y las que se pueden ver también aquí) se me acercó un caballero:
- (Él) ¿Ha pedido usted permiso a alguien para hacer fotos del templo?
- (Yo) Pues la verdad es que no ...
Resultó ser el “representante de la propiedad”, el Hermano Mayor de la Cofradía propietaria del edificio. Estaba en todo su derecho de preguntar y, cuando le expliqué mi interés arquitectónico, no sólo me permitió hacer las fotografías, sino que me explicó brevemente y a la vez con cierto detalle la iglesia, su historia y algunos de sus símbolos. Supongo que nunca leerá esta entrada, pero en cualquier caso le agradezco desde aquí el rato que me dedicó y lo amable que fue: da gusto encontrar gente así.
El 25 de febrero de 1707 el Duque de Berwick, al frente del ejercito de Felipe V, vencía al Archiduque Carlos de Habsburgo en la batalla de Almansa. Con esa victoria los Borbones daban un nuevo paso en su asentamiento en el trono de España, que acaba de cambiar de manos: Felipe V lo pretendía desde siete años antes, cuando Carlos II muere sin heredero. Para celebrar esa victoria –que sucedía en la festividad de San Marcos- el rey Borbón decidió construir un templo en honor del santo. Lo hace derribando una ermita construida en el Prado de Leganitos, que también le estaba dedicada (el antiguo edificio se puede ver con claridad en el PLANO DE PEDRO DE TEXEIRA de 1656). Para trazar y levantar el tempo se llamó a VENTURA RODRÍGUEZ, arquitecto que por entonces estaba trabajando en el PALACIO REAL, o PALACIO NUEVO, de Madrid (el ALCAZAR de los Austrias se había incendiado en Navidad –propiamente la Noche Buena- de 1734). Pero el proyecto tarda en arrancar, y el edificio no se construye hasta 1749-1753: Felipe V ya estaba muerto (+ 1746) y le había sucedido su hijo Fernando VI.

Decía que esa fachada no anuncia, de ninguna manera, el interior, que de golpe nos devuelve al barroco: un espacio enormemente rico, construido a partir de la sucesión de elipses de distintos tamaños cuyos ejes van cambiando de orientación a medida que avanzamos. Primero un pequeño nartex elíptico en posición transversal (perpendicular a nuestro sentido de avance); luego dos elipses –una más grande que la otra- que forman la nave, ahora con sus ejes mayores en sentido longitudinal; y por fin el presbiterio, una elipse casi circular de eje otra vez transversal. La planta de la iglesia parece basada en otra de FELIPE JUVARA –arquitecto de nuestro nuevo PALACIO REAL- para la iglesia de SAN FELIPE NERI, de Turín.
Los cielos de SAN MARCOS, como los suelos, también van alternando curvas: el arranque de la nave se cubre con una bóveda de sección elíptica muy tendida; la elipse principal se cubre con una elipse mucho más acusada; y el presbiterio con un casquete que casi podría ser esférico. Basta mirar la planta y las secciones para descubrir de modo muy claro el juego barroco de formas y espacios, de curvas y contracurvas, tan del interés de BERNINI: ahora sí que lo reconocemos sin ninguna dificultad.





Hasta el viernes pasado, la entrada sobre el EDIFICIO de TELEFÓNICA acababa con el párrafo anterior. Pero han pasado cosas que conviene comentar, y que me llevan a añadir un comentario final: 













