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lunes, 20 de diciembre de 2010

IGLESIA DE LA BUENA DICHA, de FRANCISCO GARCÍA NAVA, ARQUITECTO, en MADRID.

Aquí está la ya varias veces anunciada entrada sobre la IGLESIA DE LA BUENA DICHA, un edificio singular muy próximo a la Gran Vía, que durante años he visto cerrado y ahora está de nuevo abierto al culto después de una restauración minuciosa.

El precedente de la IGLESIA DE LA BUENA DICHA es un hospital fundado por Fray SEBASTIÁN DE VILLOSLADA en 1594 y, junto a él, un pequeño cementerio. Su promotor también erigió una Hermandad para atender a pobres y a los enfermos de la zona: la Hermandad de Nuestra Señora de la Concepción, que será conocida como Hermandad de la Buena Dicha. Las crónicas de nuestra Guerra de Independencia cuentan que durante el levantamiento de mayo de 1808 se atendió en este hospital a algunos de los heridos, y en su cementerio se enterraron los cuerpos de dos personajes muy madrileños, MANUELA MALASAÑA y CLARA DEL REY. El hospital fue demolido cuando acaba el siglo XIX, y en 1916/17 el arquitecto FRANCISCO GARCÍA NAVA construyó en ese mismo solar la actual IGLESIA DE LA BUENA DICHA, con el impulso y apoyo del MARQUÉS DE HINOJARES (enterrado, junto con la Marquesa, en el presbiterio de la iglesia). Durante la Guerra Civil el templo sufrió daños (no he podido aclarar hasta qué punto quedó deteriorado) y en 2003 se cerró –ya lo hemos comentado arriba- para ser restaurado.

El edificio está situado en una parcela relativamente estrecha y relativamente larga con fachada a dos calles: la principal al número 25 de la calle Silva, y la posterior a la calle de los libreros. La planta está formada por dos elementos rectangulares que se rematan en capillas laterales, y una gran cabecera cuadrada con un pequeño cuerpo adosado –rectangular en planta- donde se aloja el retablo. A los pies de la nave se sitúa un coro alto que ocupa el primero de los dos rectángulos mencionados. Los techos se resuelven con bóveda apuntada sobre los tres rectángulos –también el del retablo- y, sobre la zona cuadrada, una bóveda nervada octogonal con linterna central; en esta zona el color azul enfatiza la solución (el resto está acabado en un color arena, suave) supongo que con la pretensión de recordarnos el cielo.




Pero realmente lo más singular de la IGLESIA DE LA BUENA DICHA no es su planta: es su decoración (tanto al interior como al exterior), tremendamente de su momento. Una mezcla de todos los historicismos posibles reunidos sin ningún pudor (y sin demasiado rigor, todo sea dicho), que a la vez consiguen –en mi opinión- un acertado equilibrio. Soluciones románicas en las columnas del pórtico de acceso; soluciones góticas en los arcos apuntados que hay por todos los sitios; soluciones mudéjares en el juego de ladrillo de los torreones laterales de la fachada principal (que no son simétricos, por cierto) y en la fachada a la calle de los libreros; soluciones nazaríes y árabes en los capiteles (¿de madera?) de las columnas (¡de terrazo!), que podrían haber salido directamente de MEDINA AZAHARA, o en esos arcos de herradura polilobulados que se han escapado de la ALHAMBRA, o en las piezas cerámicas en paredes y techos ... Un alarde que podríamos llamar ecléctico pero que en realidad responde a un concepto modernista de la arquitectura (las vidrieras lo delatan ...).
Si tuviera que defender técnicamente esta iglesia seguramente no encontraría muchos argumentos; teóricamente es lo contrario de lo que opino, de mi idea de lo que debe ser la Arquitectura: hay confusión frente a claridad que siempre busco, hay exceso frente a sencillez que defiendo, hay recargamiento frente a serenidad que me interesa. Pero no puedo dejar de decir que la IGLESIA DE LA BUENA DICHA me parece muy interesante, por ser ejemplo logrado del pensamiento de un momento concreto de la historia de España, y por ser un templo en el que se puede rezar. Ya he explicado en alguna otra ocasión el valor que doy a que las cosas sirvan para lo que son: ¿qué alguno puede decir que la IGLESIA DE LA BUENA DICHA es un gazpacho de estilos insostenible? No me quedará otra que darle la razón. Pero es un gazpacho tan bien hecho que incluso los más ortodoxos (hablo de arquitectura) deberán reconocer que lo acertado del ambiente –que logra sobradamente el uso buscado- puede justificar el exceso formal.

También es de FRANCISCO GARCÍA NAVA la capilla del cementerio de La Almudena: ahí sí que se descubre con mucha más claridad el modernismo, y seguramente tendrá un hueco en selecciónARTE.

Acabo diciendo que mientras hacía las fotografías que ilustran esta entrada (y las que se pueden ver también aquí) se me acercó un caballero:

- (Él) ¿Ha pedido usted permiso a alguien para hacer fotos del templo?
- (Yo) Pues la verdad es que no ...

Resultó ser el “representante de la propiedad”, el Hermano Mayor de la Cofradía propietaria del edificio. Estaba en todo su derecho de preguntar y, cuando le expliqué mi interés arquitectónico, no sólo me permitió hacer las fotografías, sino que me explicó brevemente y a la vez con cierto detalle la iglesia, su historia y algunos de sus símbolos. Supongo que nunca leerá esta entrada, pero en cualquier caso le agradezco desde aquí el rato que me dedicó y lo amable que fue: da gusto encontrar gente así.

martes, 16 de noviembre de 2010

LA IGLESIA DE SAN MARCOS en MADRID, de VENTURA RODRÍGUEZ, ARQUITECTO

Hace ya meses anuncié que, como remate de la serie que selecciónARTE estaba dedicando a la GRAN VÍA, intentaría preparar dos entradas sobre dos iglesias de ese entorno que, siendo muy distintas entre si, me parecen de gran interés. La primera es LA IGLESIA DE SAN MARCOS, situada en el número 10 de la calle de San Leonardo, una de las calles laterales del EDIFICIO ESPAÑA e inmediatamente detrás de éste.

El 25 de febrero de 1707 el Duque de Berwick, al frente del ejercito de Felipe V, vencía al Archiduque Carlos de Habsburgo en la batalla de Almansa. Con esa victoria los Borbones daban un nuevo paso en su asentamiento en el trono de España, que acaba de cambiar de manos: Felipe V lo pretendía desde siete años antes, cuando Carlos II muere sin heredero. Para celebrar esa victoria –que sucedía en la festividad de San Marcos- el rey Borbón decidió construir un templo en honor del santo. Lo hace derribando una ermita construida en el Prado de Leganitos, que también le estaba dedicada (el antiguo edificio se puede ver con claridad en el PLANO DE PEDRO DE TEXEIRA de 1656). Para trazar y levantar el tempo se llamó a VENTURA RODRÍGUEZ, arquitecto que por entonces estaba trabajando en el PALACIO REAL, o PALACIO NUEVO, de Madrid (el ALCAZAR de los Austrias se había incendiado en Navidad –propiamente la Noche Buena- de 1734). Pero el proyecto tarda en arrancar, y el edificio no se construye hasta 1749-1753: Felipe V ya estaba muerto (+ 1746) y le había sucedido su hijo Fernando VI.

La IGLESIA DE SAN MARCOS es un interesante ejemplo del paso del barroco al neoclásico: su concepción es todavía barroca, en gran medida heredera de la arquitectura de BERNINI (en especial el interior de la iglesia, y para algunos el compás de acceso), pero encontramos rasgos claramente neoclásicos: en la composición de la fachada, por ejemplo, o en la decoración interior y en los retablos.

El exterior del edificio es muy sencillo, casi pobre, y no nos prepara para lo que vamos a encontrar dentro del templo. La fachada, situada entre medianerías, está compuesta por tres cuerpos claramente diferenciados que se resuelven en ladrillo con algunas impostas de piedra. El cuerpo central, con la puerta de acceso y un hueco rectangular que ilumina el coro, queda enmarcado por dos pilastras de orden gigante que soportan un frontón triangular. A ambos lados tiene dos cortos brazos curvos que conforman un patio de acceso (el compás citado más arriba) que, como también hemos dicho, algunos relacionan con la solución de BERNINI para el acceso a SANT’ANDREA AL QUIRINALE. Yo tengo mis dudas sobre este asunto porque aunque en planta hay similitudes indudables, los espacios que se consiguen en la iglesia de Roma y en la de Madrid son muy distintos, por no hablar del cuerpo central, completamente plano en Madrid –neoclásico- y curvo, barroco, en Roma; pero dejémoslo estar ...



Decía que esa fachada no anuncia, de ninguna manera, el interior, que de golpe nos devuelve al barroco: un espacio enormemente rico, construido a partir de la sucesión de elipses de distintos tamaños cuyos ejes van cambiando de orientación a medida que avanzamos. Primero un pequeño nartex elíptico en posición transversal (perpendicular a nuestro sentido de avance); luego dos elipses –una más grande que la otra- que forman la nave, ahora con sus ejes mayores en sentido longitudinal; y por fin el presbiterio, una elipse casi circular de eje otra vez transversal. La planta de la iglesia parece basada en otra de FELIPE JUVARA –arquitecto de nuestro nuevo PALACIO REAL- para la iglesia de SAN FELIPE NERI, de Turín.

Los cielos de SAN MARCOS, como los suelos, también van alternando curvas: el arranque de la nave se cubre con una bóveda de sección elíptica muy tendida; la elipse principal se cubre con una elipse mucho más acusada; y el presbiterio con un casquete que casi podría ser esférico. Basta mirar la planta y las secciones para descubrir de modo muy claro el juego barroco de formas y espacios, de curvas y contracurvas, tan del interés de BERNINI: ahora sí que lo reconocemos sin ninguna dificultad.

En los muros interiores, pilastras -como en la fachada principal- y semicolumnas de orden gigante que se rematan con capiteles en los que, a las tradicionales y preceptivas hojas de acanto, se añaden cabezas de leones en honor del santo titular del templo.

De la decoración interior únicamente señalo que VENTURA RODRÍGUEZ se encargó del diseño del retablo del altar mayor, tan neoclásico: columnas de madera marmorizada con capiteles dorados que soportan un frontón curvo, partido, que enmarcan el camarín de San Mateo, también elíptico, por cierto. El conjunto se remata con una vidriera. La imagen del santo y los ángeles que le acompañan son obras de JUAN PASCUAL DE MENA, mientras que los ángeles que se reparten por la cornisa son de FELIPE DE CASTRO.

Aquí dejo algunas fotografías más: el estado de conservación de la iglesia no es malo, pero tampoco está como para tirar cohetes. Y la iluminación es manifiestamente mejorable: al pobre San Marcos no hay quien le vea la cara, y el león se intuye (exagero, pero no demasiado; y eso que esperé a que comenzara una Misa para ver aquello en todo su esplendor ...).

martes, 20 de julio de 2010

DESDE LA PLAZA DEL CALLAO HASTA LA PLAZA DE ESPAÑA: EL ÚLTIMO TRAMO de la GRAN VÍA de MADRID


El último tramo de la GRAN VÍA se construyó entre 1925 y 1929, y aunque en el plan original se había previsto que tuviera 25 metros, el mismo ancho que la Avenida B (el tramo que conecta la calle de Alcalá con la Red de San Luis), finalmente se amplió hasta 35 para igualarlo con el Bulevar, el tramo intermedio. La Avenida A –el tramo que ahora mismo nos ocupa- tiene una longitud de 420 metros y fue el más complicado de ejecutar, por dos motivos: por un lado, no existía ninguna calle que sirviera como trazado previo, y por lo tanto era necesario tirar mucho más caserío que en los dos casos anteriores: las demoliciones, vaciados y rellenos fueron mucho más abundantes que en los otros tramos; por otro lado, los Jesuitas habían construido a principios de siglo (en 1901) su Casa Profesa en esa zona, y el trazado exigía demolerla. Lógicamente, los religiosos se negaron, y comenzó un largo proceso legal que acabó por las malas: en 1931 una panda de intransigentes (aunque ellos seguramente actuaban al grito de ¡libertad, libertad!: su libertad, claro, no la de los demás) quemaron el edificio. Esto, y la posterior disolución de la Compañía de Jesús en 1932, dieron carpetazo al asunto, y las obras pudieron seguir avanzando. Esta zona es la que ahora ocupa el conjunto “Los Sótanos”, del que hablaremos otra vez. También hubo que demoler el mercado de los Mostenses, ya llegando a la Plaza de España.

Los inmuebles de este último tramo de la GRAN VÍA se comenzaron a edificar sobre las nuevas manzanas alrededor de 1930; pero, debido a la guerra civil y a sus consecuencias inmediatas, no se completaron hasta los primeros cincuentas. Esta prolongación en el tiempo hace que lo que fuera la Avenida de Eduardo Dato (la Avenida A del proyecto general) resulte un tanto dispar: hay edificios de indudable interés junto con otros –quizá más de los deseables- que apenas lo tienen. Hay también una importante mezcolanza de estilos arquitectónicos, desde alguno que todavía hereda los historicismos de principios de siglo, otros clasicistas y algunos claramente racionalistas ... Un poco de todo.

¿Qué edificios conviene señalar? En mi opinión, los siguientes (como blogger no me permite incluir todas las fotografías que me gustaría para acompañar los comentarios a cada uno de los edificios, aquí dejo algunas para el que esté interesado):

El HOTEL Y CINE REX, de LUIS GUTIÉRREZ SOTO, en el número 43 de la GV. Construido en 1947 su estilo responde a planteamientos clasicistas.

Las VIVIENDAS DE ALQUILER del número 47, realizadas entre 1930 y 1931 por EDUARDO FIGUEROA.




El EDIFICIO DE OFINAS del número 49, de EUGENIO FERNÁNDEZ QUINTANILLA y JOSÉ OSUNA FAJARDO, construido entre 1929 y 1931, de notable aspecto racionalista.

En el número 52 de la GV hay otro EDIFICIO DE OFICINAS interesante (quizá debería decir singular), en este caso por sus reminiscencias decó. Es obra del arquitecto LUIS DÍAZ TOLOSA.

En el 54 de la GV está el CINE RIALTO, construido en 1930 por JOSÉ ARAGÓN y JOSÉ MARÍA MENDOZA y USSIA. Su estilo me recuerda al colonial africano (podría estar, por ejemplo, en Rabat o Casablanca) y llaman la atención sus torreones rematados con dos cúpulas-piña en tonos azules, decorativas.

LOS SÓTANOS, gigantesco conjunto en los números 53, 55, 57 y 59 de la GRAN VÍA, ocupa una manzana completa: es el solar donde estuvo hasta 1931 la Casa Profesa de los Jesuitas y la Iglesia de San Francisco de Borja. También conocido como Edificio Lope de Vega, se trata de un complejo donde hay de todo (cine, hoteles, viviendas, galerías comerciales). Fue construido por los hermanos OTAMENDI MACHIMBARRENA (JOAQUÍN y JULIÁN) entre 1944 y 1949.

En GV número 58 otro edificio con anuncio de Schweppes. Construido entre 1927 y 1928 por LUIS LÓPEZ LÓPEZ, no tiene especial qué pero resulta interesante la solución en curva de la esquina.


En el número 60 está el EDIFICIO DE VIVIENDAS promovido por el Banco Hispano de la Edificación. Construido en 1930 por EMILIO ORTIZ DE VILLAJOS, su imagen actual se la debemos a CASTO FERNÁNDEZ SHAW, que reformó el edificio en 1943, después de la guerra civil. Se resuelve con un gran arco en fachada (algo nos recuerda al PALACIO DE LA PRENSA de MUGURUZA) y está rematado por una alegoría de la edificación: una escultura que representa a un griego con los brazos levantados que soporta un templete, obra del escultor VÍCTOR MACHO.

En el número 70 de la GV un edificio clasicista construido entre 1945 y 1946 por PAN DA TORRE. En el número 72 encontramos el último edificio construido en la GRAN VÍA, en 1952; es obra de ENRIQUE COLÁS FONTÁN y, aunque inicialmente iba a ser un hotel, sus promotores (Construcciones Aurora) prefirieron finalmente destinarlo a oficinas. El HOTEL MENFIS ocupa el número 74 y es de los arquitectos MANUEL y CAYETANO CABANYES Y MATA, de lo más americano.


El EDIFICIO COLISEUM ocupa el número 78 de la avenida. Construido entre 1931y 1933 por PEDRO MUGURUZA y CASTO FERNÁNDEZ SHAW, fue promovido por el MAESTRO GUERRERO (sí, el de La Rosa del Azafrán), se concibió como una sala donde representar zarzuelas y después de haber sido cine hoy vuelve a acoger espectáculos musicales. La imagen del edificio es la de un pequeño rascacielos: busca marcadamente la verticalidad y, dejando a un lado la decoración superpuesta, muestra sin tapujos su esquema estructural.


Y por fin el EDIFICIO ESPAÑA, una mole de ladrillo y piedra caliza construida por JOAQUÍN y JULIÁN OTAMENDI entre 1947 y 1953, que con sus 25 plantas y 115 metros de altura sirve de telón de fondo a la PLAZA DE ESPAÑA y es el remate final de la GRAN VÍA, aunque la perspectiva de la avenida se cierra realmente con la TORRE DE MADRID, construida inmediatamente después -entre 1954 y 1957, también por los OTAMENDI- obra de más interés que el EDIFICIO ESPAÑA.

Seguramente en otoño cerraré la serie de la GRAN VÍA con un par de entradas dedicadas a dos iglesias situadas en su entorno, pero con la de hoy acaba nuestro recorrido por la avenida: un proyecto urbanístico y arquitectónico interesante, que cumple cien años muy bien llevados.

martes, 15 de junio de 2010

EL EDIFICIO CARRIÓN en la GRAN VÍA de MADRID

Llegamos al edificio que para muchos es el mejor de la GRAN VÍA, incluso de los mejores de la historia de la arquitectura madrileña: el EDIFICIO CARRIÓN, que también se conoce como EDFICIO CAPITOL, en el número 41 de la avenida, con vuelta a la calle de Jamometrezo número 2. El EDIFICIO CARRIÓN fue proyectado y construido por LUIS MARTÍNEZ FEDUCHI y VICENTE ECED Y ECED entre 1931 y 1933. Este equipo ganó el concurso restringido que su promotor, el Marqués de Melín (IGNACIO CARRIÓN, aunque en otros sitios he visto que se le llama ENRIQUE), había organizado entre los arquitectos del momento (de varios ya hemos hablado en selecciónARTE al recorrer la GRAN VÍA: MUGURUZA, CÁRDENAS o GUTIÉRREZ SOTO, entre otros). Rápidamente conocido y valorado por los profesionales de la arquitectura, y divulgado por las revistas especializadas, el EDIFICIO CARRIÓN sirvió de inspiración a muchas construcciones posteriores, cuando la solución que pedía el solar era similar. En 1933 el Ayuntamiento de Madrid premió a FEDUCHI por el mobiliario del CARRIÓN, que era diseño suyo; y el edificio fue Medalla de Segunda Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1934 (ese año la Medalla de Primera quedó desierta).

El programa del EDIFICIO CARRIÓN estaba compuesto por necesidades muy variadas: el promotor quería un cine para 1.900 espectadores, una cafetería, un salón de té, una zona de hotel, apartamentos y oficinas. Para resolverlo, además de conseguir magníficas soluciones de composición, distribución y diseño, FEDUCHI y ECED supieron aplicar las técnicas constructivas más adelantadas del momento, tanto en la estructura (que es metálica y de hormigón armado) como en las instalaciones, a las que –como se hace ahora en cualquier edificio de entidad- destinaron un local propio de gran superficie. Muy comentadas –por audaces en su momento- son las tres vigas vierendeel que se utilizaron para cubrir la sala de cine: la mayor medía 31 metros de longitud y 3 metros de canto, y pesaba 70 toneladas (para los menos iniciados, una viga vierendeel es una viga de alma abierta (una celosía) con una serie de barras verticales rígidas que conectan los cordones superior e inferior sin barras diagonales).

De indudable inspiración Mendelsohniana, el EDIFICIO CARRIÓN trae a la cabeza muchos de los edificios del arquitecto expresionista alemán ERICH MENDELSOHN. La proa-curva-mirador que se remata en un torreón (el edificio alcanza, en su punto más alto, 16 plantas) hoy prácticamente descargado de toda la publicidad luminosa que tuvo (sólo queda un anuncio de SCHWEPPES que forma parte de la personalidad urbana de Madrid), que da al edificio una imagen potentísima, más si tenemos en cuenta el contraste que consigue ese cuerpo con las dos fachadas laterales, mucho más sencillas, más planas y más cerradas (especialmente la de la calle de Jacometrezo). Además, esas formas curvas que se duplican imprimen al edificio un dinamismo notable: en la época en la que los coches han tomado definitivamente la ciudad, el EDIFICIO CARRIÓN también “pone cara de velocidad” y se suma al ritmo rápido del tráfico: desde la antigua Avenida de Pi y Margall uno casi lo ve avanzar ... Es interesantísimo estudiar la habilidad con la que FEDUCHI y ECED superponen el cuerpo curvo a las fachadas planas, cómo se desarrollan los volúmenes, cómo cambian los materiales, cómo se trabajan las piedras para dar carácter propio no sólo a la esquina sino a cada parte de la esquina. En mi opinión ese es uno de los grandes valores del CARRIÓN: los arquitectos no han descuidado ningún detalle, por pequeño que fuera, ninguna parte por alta u oculta que estuviera. Y no descuidan tampoco el diseño interior, sencillo pero conseguidísimo, con aire art-decó, ni el mobiliario, que diseña FEDUCHI con un gusto exquisito (aquí, he de reconocerlo, hablo después de haber visto únicamente fotografías). Así, cuidando cada detalle con independencia de que sea grande o pequeño, de que se vea mucho, poco o regular, es como se hacen las grandes obras, las obras ... maestras.
Aquí dejo algunas fotografías y documentación (planos, presupuestos) del momento de la inauguración del edificio: si no me equivoco, corresponden al artículo que se publicó entonces en la revista ARQUITECTURA. Muy interesantes e ilustrativas.

Al llegar al EDIFICIO CARRIÓN el trazado de la GRAN VÍA vuelve a quebrar (ya lo había hecho en el de TELEFÓNICA) y enfila su último tramo hacia la PLAZA DE ESPAÑA; tramo que comentaré, si no hay contratiempos, el próximo mes.

jueves, 13 de mayo de 2010

LOS CINES de la GRAN VÍA de MADRID

En el entorno de la Plaza del Callao, donde la antigua Avenida de Pi y Margall se encontraba con la de Eduardo Dato, se construyeron tres salas de cine de indudable interés arquitectónico.


En primer lugar (y el orden que sigo es puramente geográfico: el primer edificio que nos encontramos si seguimos caminando por la GV en el mismo sentido que venimos haciéndolo desde hace meses) el PALACIO DE LA MÚSICA, de SECUNDINO ZUAZO UGALDE, que ocupa el número 35 de la GV con vuelta a la calle Abada. Construido entre 1924 y 1928, primero fue la Sala OLIMPIA, después el Cinema SAGE (Sociedad Anónima General de Espectáculos) y finalmente PALACIO DE LA MÚSICA. Recientemente ha sido adquirido por la Fundación CajaMadrid, y ahora está cerrado y –como se ve en la fotografía- bastante “perjudicado”. El proyecto de ZUAZO contenía una sala de cine y debajo una sala de fiestas; no se previeron viviendas encima de la sala de cine, como era habitual en proyectos de este estilo. El estilo del PALACIO DE LA MÚSICA es absolutamente clasicista: los almohadillados de los laterales, los nichos rematados en arco de medio punto, la galería superior ... En cuanto a materiales, ZUAZO combina piedra, ladrillo y revoco. El arquitecto plantea en la fachada principal los tres cuerpos habituales, flanqueados por dos importantes torreones laterales. El basamento estuvo inicialmente conformado por tres vanos separados por columnas, pero en 1965 el propio ZUAZO los reformó para convertirlos en cinco. En el cuerpo central (que ahora mismo podemos ver sin los enormes carteles de películas que durante años lo ocultaban), tres grandes huecos que se correspondían a los vanos originales del zócalo. Y por fin, el remate formado por una galería de columnas que soportan un entablamento y se coronan con una balaustrada corrida. La fachada lateral resulta mucho más sencilla, aunque utiliza el mismo lenguaje que la principal. El interior, ahora inaccesible, es –o era, no sé qué quedará- marcadamente barroco.



El segundo edificio de interés es el PALACIO DE LA PRENSA, en el número 46 de la GV con vuelta a las calles de los Tudescos y a la de Miguel Moya, se asoma de manera rotunda a la plaza del Callao. Realizado por PEDRO MUGURUZA OTAÑO entre 1924 y 1928, sorprende la cantidad de partes que lo componen, que se justifican por la cantidad de usos que tiene el inmueble y por la singular forma de la parcela que ocupa. Una parte del edificio se proyectó para albergar las oficinas de la Asociación de la Prensa; otra para locales comerciales y viviendas; y otra de destinó a un cine de notables proporciones. A pesar de las fachadas tan distintas, MUGURUZA consigue dar gran unidad al edificio, sin duda provocada por el material: ladrillo, que hasta ahora no habíamos visto utilizado de forma masiva en la GV, y que nos recuerda de nuevo la arquitectura de rascacielos americana de aquel momento. Además, debido a que cada parte es distinta de la contigua –y también, sin duda, por la asimetría del solar- cada vuelta de esas fachadas presenta una solución singular, y siempre interesante. El gran arco que formaliza la fachada del cuerpo más alto es una solución que veremos repetida en otros edificios de la GV, y que MUGURUZA toma del repertorio de OTTO WAGNER, el arquitecto vienés.




Y finalmente el CINE CALLAO, que aunque no está propiamente en la GV (“técnicamente” está en la Plaza del Callao 3 con vuelta a la calle de Jacometrezo), es un edificio interesante. Obra de LUIS GUTIÉRREZ SOTO realizada entre 1926 y 1927, estaba destinada a cine, con un café y almacenes en sus sótanos y la posibilidad de proyectar cine de verano en la azotea (desde la calle aún se puede ver en la cubierta lo que seguramente fue el soporte de la pantalla de proyección). En el lateral de la calle de Jamotrezo hay una zona de oficinas donde el propio arquitecto tuvo durante un tiempo su primer estudio. Llama la atención como consigue un edifico ligero gracias a la decoración de los grandes paños ciegos -apenas tiene los huecos imprescindibles- con motivos art-deco (ahora sí), especialmente si tenemos en cuenta que por su posición, tan poco rodeado de edificios colindantes que le “hagan sombra”, se ve completo. También tiene interés el torreón que remata la esquina, que estuvo concebido como un faro que con su luz atrajera a los espectadores al local.

Vecino del CINE CALLAO es el edificio más emblemático de la GRAN VÍA, el EDIFICIO CARRIÓN, que se merece una entrad en exclusiva: la del mes que viene.

domingo, 4 de abril de 2010

LA CASA MATESANZ Y EL HOTEL AVENIDA: ANTONIO PALACIOS RAMILO en la GRAN VÍA de MADRID

En nuestro paseo por la GRAN VÍA comenzamos hoy a recorrer el segundo tramo de la avenida, lo que se proyectó como EL BULEVAR y se llamó AVENIDA DE PI I MARGALL, entre la Red de San Luis y la Plaza de Callao.

Pero antes de comenzar a andar, selecciónARTE quiere dejar constancia de que hoy, 4 de abril de 2010, es propiamente el centenario del inicio de las obras de la GRAN VÍA: hoy hace cien años ALFONSO XIII golpeaba con la ya famosa piqueta de plata la antigua Casa del Cura de la Iglesia de San José y comenzaban de manera oficial las obras de una calle que ha resultado ser emblemática. La ocasión merece, como es habitual en cualquier cumpleaños, desear muchas felicidades: a los que tuvieron la visión de proyectarla, a los que la fueron construyendo poco a poco, a todos los madrileños que le han ido dando forma y sabor y estilo durante cien años.


Pero vamos a lo nuestro: la AVENIDA DE PI I MARGALL fue construida entre los años 1917 y 1922, y para su trazado se usó como guía la calle de JACOMETREZO, de la que hoy sólo queda un corto tramo entre la Plaza de Callao y la de Santo Domingo. Se diseñó como una avenida de 35 m de ancho, con bulevar central, y cuyos edificios podían tener más altura que los del tramo anterior: 35 m frente a los 25 m de la AVENIDA B, la calle del Conde de Peñalver. El bulevar fue eliminado muy pronto por las dificultades que causaba en el tráfico.

En términos generales podemos decir que en este segundo tramo de la GRAN VÍA se olvida el discurso historicista y ecléctico que presidió las construcciones que hasta entonces se habían realizado, y los arquitectos vuelven la mirada a los Estados Unidos. Es el momento del funcionalismo que hereda todo lo que enseñó la ESCUELA DE CHICAGO. Sería largo explicar ahora con detalle qué fue ESCUELA DE CHICAGO: baste decir que después del gran incendio de la ciudad en 1871, los arquitectos que deben reconstruirla trabajan con un sistema edificatorio que busca la eficiencia, lo práctico; y lo bello surge –dentro de un orden: sigue existiendo “el adorno”- de esas coordenadas: no es una cualidad superpuesta al edifico proyectado, sino una consecuencia del proceso proyectual. En USA no tiene un pasado en el que mirarse, del que renacer, así que los arquitectos –podemos citar a LE BARON JENNEY y SULLIVAN por si alguien está interesado en investigar un poco más- lo que buscan es la eficacia, buscan solucionar problemas de manera práctica y realista. En ese contexto estudian cómo ganar altura; tratan de aprovechar mejor el suelo; estudian cómo asegurar que las estructuras metálicas resistan el fuego; buscan la luz rasgando las fachadas; eliminan muros de carga; comienzan a utilizar los ascensores ... construyen propiamente los primeros rascacielos.

Junto a estas corrientes norteamericanas en Europa se han desarrollado las vanguardias, que tienen su lógico reflejo en la arquitectura. Pero en España no entran –al menos por ahora- con fuerza suficiente: únicamente GARCÍA MERCADAL parece hipnotizado por la vanguardia. Los arquitectos españoles, de una generación posterior a los del ’98, ya no siguen pensando y proyectando en términos historicistas, pero tampoco lo hacen en términos de vanguardia ortodoxa. Ahora se piensa en el progreso, y España mira hacia el país que ya comienza a ser una referencia: los Estados Unidos (Europa, no lo olvidemos, acaba de salir de la Gran Guerra, y en Estados Unidos aún no ha llegado el crack del ‘29). Como ya pasó en la primera fase de la GV con los neos, ahora son las ideas funcionalistas las que quedan plasmadas en la GRAN VÍA. Ojo, como siempre, hay que recordar que estos sucesos/ideas/proyectos no resultan exclusivos: todo se mezcla, algunos siguen construyendo con los lenguajes de las décadas anteriores, el funcionalismo americano se “contamina” de las características propias del arquitecto que lo desarrolla y hay una importante corriente que busca la modernidad sin acudir a las vanguardias, lo que algunos llaman el clasicismo moderno, estilo predominante en la llamada Edad de Plata de la arquitectura española (generación del ’25).

Aunque recorreremos un buen número de edificios, pienso que en este tramo de la GRAN VÍA vale la pena centrarse en dos, proyectados por un mismo arquitecto, ANTONIO PALACIOS RAMILO (1874-1945). Tampoco tenemos posibilidad de detenernos a comentar la interesante y singular figura de ANTONIO PALACIOS, pero su arquitectura es bien conocida en Madrid porque varios de los edificios más emblemáticos de la ciudad salieron de su estudio: el PALACIO DE COMUNICACIONES (el más que clásico edificio de CORREOS) en la Plaza de Cibeles, el CÍRCULO DE BELLAS ARTES en la calle de Alcalá, el HOSPITAL DE JORNALEROS (también conocido como HOSPITAL DE MAUDES, hoy propiedad de la Comunidad de Madrid) en la calle de Raimundo Fernández Villaverde, el antiguo BANCO MERCANTIL E INDUSTRIAL (hoy sede de exposiciones de la CAM) también en la calle de Alcalá ... ANTONIO PALACIOS construyó En la GRAN VÍA dos magníficos edificios:

En el número 27 de la GV con vuelta a la calle de las Tres Cruces y a la de la Salud PALACIOS proyectó la CASA MATESANZ. Construido en 1919, debe su nombre –lógicamente- a sus dueños, y se destinó a comercios en plantas bajas y despachos y oficinas en las superiores. Sobre un zócalo bastante alto –excesivamente alto, en mi opinión- rematado con un balcón corrido, PALACIOS plantea un atractivo cuerpo central resuelto con unas pilastras de orden gigante rematadas en grandes arcos que recorren toda la fachada, sin apenas singularizarse en las esquinas (asunto que me parece francamente interesante, por la homogeneidad y continuidad que consigue en todo el frente), y que alojan en su interior unos miradores verticales de vidrio y carpintería metálica. Todo se remata con un cuerpo mucho más ciego y pesado, también bastante continuo en las tres fachadas (los torreones de las esquinas de cubierta quedan suficientemente retranqueados como para desaparecer a la vista).



Un poco más adelante y en la acera de los pares, en el número 34 de la GV con vuelta a la calle de Mesonero Romanos, PALACIOS construye el HOTEL AVENIDA (antes ALFONSO XIII), sobre un proyecto inicial de JOSÉ YÁNOZ. Me parece modernísimo el gran paño central que, aunque repite el concepto de la CASA MATERSANZ, aquí lo actualiza, lo moderniza: los miradores rasgados en vertical son mucho más estrechos y geométricos –se acabaron las curvas- y están enmarcados por falsas columnas jónicas que no soportan arcos sino un cuerpo adintelado: falsas porque muestran sin reparo al espectador que están chapadas con piezas pequeñas de mármol cosidas a una estructura interior mediante clavos que quedan vistos (¿alguien recuerda la Caja Postal de Viena de WAGNER?). En este caso, en cambio, el paño principal no da la vuelta, sino que –de manera más clásica- queda enmarcado además de por el zócalo –demasiado alto de nuevo- por torreones laterales completamente masivos y una coronación llenas de elementos de indudable marchamo “palacios”: recuerdan a los que utiliza en el PALACIO DE COMUNICACIONES que hoy está pasando a ser la sede del AYUNTAMIENTO DE MADRID (permitidme un recuerdo al magnífico edificio de la PLAZA DE LA VILLA, tan bien puesto en su sitio).


Además de las dos obras de ANTONIO PALACIOS hay en este tramo de la GV otros edificios de interés, que cito de forma breve –unas citas más breves que otras, todo esa dicho ...

El HOTEL GRAN VÍA, en GV25, de MODESTO LÓPEZ OTERO, construido en 1925.

La CASA DEL LIBRO, en GV 26, proyectada por JOSÉ YÁNOZ entre 1920 y 1923 para la Editorial Calpe. Como dato histórico se puede decir que ocupa el solar donde en tiempos estuvo la casa de JACOBO DE TREZZO, escultor, construida por el mismísimo JUAN DE HERRERA.

El antiguo TEATRO FONTALBA, de JOSÉ LÓPEZ SALLABERRY, en GV 30, separado del EDIFICIO DE TELEFÓNICA por la calle de Valverde. Inaugurado en 1924 con la representación de “La verdad sospechosa”, de JACINTO BENAVENTE, funcionó como teatro hasta 20 años después, 1944. Después pasó a ser la sede de un par de bancos, y en los 90’s lo reconvirtieron en un centro comercial que, en mi opinión, apenas tiene interés.

El EDIFICIO MADRID-PARÍS, en GV 32, tiene cierta historia. Primero fue la sede de los ALMACENES MADRID-PARÍS, que pasan por ser los primeros grandes almacenes de la capital, y después de los archiconocidos ALMACENES SEPU (Sociedad Española de Precios Únicos). El proyecto, cualquiera lo ve al mirar el edificio, tiene dos partes bien diferenciadas, aunque a la vez muy bien relacionadas. El original –para los ALMACENES MADRID-PARÍS, levantado en los primeros 20’s- sólo incluía las cuatro primeras plantas y un remate superior de dos alturas acabado en las esquinas con sendos torreones; el proyecto vino de París (la empresa era francesa, como el propio nombre de los almacenes sugiere) y dirigió la obra TEODORO ANASAGASTI. Como se puede ver en la foto de época, la planta de calle tenía unos soportales remetidos que con el tiempo se ocuparon con los escaparates que ahora vemos enrasados con el plano de fachada. En 1934 la sociedad francesa quebró y el edifico cambió de manos, creció tres plantas más, y pasó a ser la sede de SEPU en las plantas bajas, y de Radio Madrid en las altas. Todo de nuevo bajo la supervisión de ANASAGASTI. Ahora, en el centro y como remate de la cúpula, el ave fénix ...




En el número 39 de la GV con vuelta a la Plaza de Callao se levanta el edificio de viviendas de la compañía LA ADRIÁTICA. Proyectado por LUIS SAINZ DE LOS TERREROS, tiene cierto interés el templete que remata el cilindro que configura la esquina, sobre todo por su posición estratégica como perspectiva de la subida por la GV desde la Plaza de España.

Y aquí le llega el turno a los cines del entorno de la plaza de Callao, que dejamos para el mes que viene.

martes, 16 de marzo de 2010

EL EDIFICIO de TELEFÓNICA en la GRAN VÍA de MADRID

En nuestro recorrido por la GRAN VÍA llegamos hoy a la RED DE SAN LUIS, que tiene como principal protagonista el EDIFICIO de TELEFÓNICA. Ocupa el número 28 de la avenida, con vuelta a las calles de Fuencarral y de Valverde.


La historia del proyecto tiene cierto interés: en un primer momento en el número 28 de la GV se previó un edificio para los GRANDES ALMACENES VICTORIA, pero finalmente Telefónica se hizo con ese solar. La recién creada CTNE era una filial de la americana ITT, y comenzó a dar servicio a los madrileños en otro inmueble de la GV que ya hemos citado en selecciónARTE, la CASA GIRALT, un edificio ecléctico situado en el número 5. La empresa encargó el anteproyecto de su nueva sede a JUAN MOYA, arquitecto del que también hemos hablado al comentar la CASA DEL CURA DE LA IGLESIA DE SAN JOSÉ: como se recordará, allí MOYA utilizaba un lenguaje completamente neobarroco, y para la nueva sede de Telefónica propuso algo similar. La empresa ITT no se mostró nada conforme, porque buscaba algo mucho más “actual”: estamos en 1925, y la sensibilidad arquitectónica ha variado notablemente. Surgieron tensiones entre el arquitecto y la propiedad, y finalmente MOYA abandona y le sustituye IGNACIO DE CÁRDENAS PASTOR, alumno y –en los primeros pasos de este proyecto, cuando todavía el edificio es barroco- también colaborador de MOYA. A partir de aquí la historia presenta dos versiones: algunas fuentes señalan que los planos vinieron directamente de Estados Unidos, y que CÁRDENAS simplemente los españolizó un poco. Otras (incluida la del propio CÁRDENAS) dicen casi lo contrario: que de Estados Unidos vino un proyecto historicista, y en Madrid se le dio un aire mucho más adecuado a su tiempo. Siguiendo la versión del arquitecto de nuestro edificio, efectivamente CÁRDENAS trabajó el nuevo anteproyecto en Nueva York con el estadounidense LOUIS S. WEEKS, arquitecto de la ITT; y parece que WEEKS se empeñó en construir con un lenguaje también historicista: neo-renacentista en esta segunda ocasión ... Cuenta CÁRDENAS que cuando regresa a Madrid “actualiza” el proyecto y lo convierte en edificio funcional como los que entonces se estaban haciendo en Manhattan (el CHRISLER es de 1928 y el EMPIRE STATE es de 1932), aunque no termina de renunciar el lenguaje que entienden los Madrileños del momento e introduce, en los puntos más singulares, remates y decoración de la gramática barroca. Me resulta difícil precisar cuál de estas dos versiones es la verdadera, pero tengo la sensación de que la versión de CÁRDENAS es poco sostenible: resulta extraño que allí hagan lo de aquí (proyectar en USA un edificio renacentista) y en cambio aquí rehagan las cosas a la manera de allí (proyectar en Madrid un edifico funcionalista) ... Sea cual sea la historia del proyecto, es fácil imaginar la singularidad de la solución adoptada por CÁRDENAS provocó un buen número de comentarios y críticas.

La obra arranca el 12 de octubre de 1926 y, aunque no está completamente acabado, se inaugura el 1 de enero de 1930. Antes, el 13 de octubre de 1928 el rey ALFONSO XIII visitó el edificio con motivo de la inauguración de la primera comunicación telefónica con los Estados Unidos mediante una conversación con el Presidente CALVIN COOLIDGE, de lo que queda constancia fotográfica (de la visita, que no de la llamada).


Con la llegada de la Guerra civil, la altura del EDIFICIO de TELEFÓNICA lo convierte en un objetivo completamente apetecible, y sufre los bombardeos de los nacionales. Como se puede ver en algunas fotografías, las ventanas del edificio se tapiaron y en los bajos se colocó una enorme barricada de sacos terreros para proteger la entrada. La GV se conocía entonces como la Avenida de los Obuses o la Avenida del quince y medio por los proyectiles que lanzaban los nacionales tratando de hacer blanco en el observatorio militar que los republicanos habían instalado en la parte más alta del edificio.


Acabada la guerra el edificio se repara, pero no se acaba realmente hasta 1955, cuando se termina la parte de la calle de Fuencarral, que desde el inicio estaba ocupada por un edificio provisional de la propia Telefónica. En esa época CÁRDENAS está exiliado en París y, aunque se respeta su proyecto, él no llega a firmar los planos ni la dirección de obra.

El EDIFICIO de TELEFÓNICA es un edificio de catorce plantas (los de su entrono tenían y aún tienen siete u ocho) y sigue subiendo con el torreón que contiene el depósito de agua hasta alcanzar los 82 metros desde la acera. Además, dos sótanos por debajo de rasante. La estructura es metálica, recubierta de hormigón por normativa anti-incendios, lo que permitió una velocidad de construcción relativamente notable (aproximadamente tres años y tres meses, como ya hemos dicho). La fachada se resuelve con un alto zócalo de granito gris, y en el resto de las plantas piedra arenisca de Monóvar (Alicante), con su característico color terroso. Los huecos se reparten de manera tremendamente homogénea, y la mayoría de ellos se abren en el plano sin ningún tipo de decoración. Otros, los más singulares, como ya hemos señalado, están acompañados de complementos barrocos. Algunos autores llegan a hablar incluso detalles art-deco, en boga en esa época: yo he intentado buscar deco, pero no consigo dar con ese estilo. El torreón, que sí es completamente barroco, está presidido por el escudo del monarca entonces reinante, Alfonso XIII. La parte escultórica de la fachada la realiza ÁNGEL GARCÍA.


El vestíbulo y la planta baja del EDIFICIO de TELEFÓNICA están actualmente completamente desfigurados con la macro-tienda "Telefónica Flagship Store" que la macro-empresa propietaria a montado de manera bastante precaria en esa parte del edificio (lo que no quiere decir que la intervención no tenga interés: la escalera de luz tiene su gracia). Antes, cuando la sala de exposiciones estaba en planta baja y tenía acceso por la calle Fuencarral, se podía ver algo de ese rico y abigarrado interior; ahora sólo se intuye. Por cierto, hablando de salas de exposiciones no puedo dejar de decir (ya lo he comentado alguna vez en selecciónARTE) que la nueva sala de exposiciones de TELEFÓNICA en la tercera planta del edificio entrando por la calle de Valverde ha quedado muy discreta.

El EDIFICIO de TELEFÓNICA es, sin duda, otro de los hitos de la GRAN VÍA. Un edificio notable y emblemático, que también forma parte de ese catálogo popular de arquitectura madrileña. Quiso ser el edificio más alto de Madrid (lo fue hasta 1953, que le superó el EDIFICIO ESPAÑA) en la calle más moderna de Madrid, la Avenida de Pi i Margall, el Bulevar. Durante unos meses, pocos, incluso consiguió ser el edificio más alto de Europa. Como dato puramente anecdótico, hoy ocupa el puesto 16 entre los “rascacielos” de la ciudad, contado ya las cuatro flamantes torres de CUATRO TORRES BUSSINES AREA.

Para acabar, alguna cosa de la propia plaza, la RED de SAN LUIS. Ya hemos comentado en selecciónARTE el EDIFICIO DEL NÚMERO 26 cuando hablamos de los NEOS, y en esa misma entrada se citaba el EDIFICIO de VIVIENDAS del número 21, neobarroco, obra de JULIO MARTÍNEZ ZAPATA construida entre 1915 y 1917. Además, vale la pena mencionar el antiguo HOTEL METROPOLITANO, en el número 23 con vuelta a la RED de SAN LUIS. Obra de VICENTE AGUSTÍ y JOSÉ ESPELIÚS realizada entre 1918 y 1923, aún se resuelve con lenguaje ecléctico. Como a tantos otros edificios de la GV le falta el remate superior que coronaba el esquinazo curvo, y tiene una estupenda marquesina de espejo y acero que en su día protegía el escapare y la entrada de la conocida joyería Aleixandre y hoy nos protege al entrar en un McDonadls (así es la vida ...). También decir que en la RED de SAN LUIS primero estuvo la FUENTE DE LOS GALAPAGOS (se ve en alguna fotografía de 1890) que hoy está en la PLAZA DE NICARAGUA del PARQUE DEL RETIRO (la esquina del estanque más próxima la Puerta de Alcalá), y después el interesante acceso al metro que construyó entre 1918 y 1919 ANTONIO PALACIOS -hablaremos de este arquitecto otra vez el mes que viene- y que ahora se encuentra, reconstruido, en PORRIÑO, su localidad natal.

Hasta el viernes pasado, la entrada sobre el EDIFICIO de TELEFÓNICA acababa con el párrafo anterior. Pero han pasado cosas que conviene comentar, y que me llevan a añadir un comentario final: LOQUE organizo un ... digamos FIN DE SEMANA CULTURAL-BLOGERO. Tuvimos la suerte de vernos, en muchos casos de conocernos, de hablar de lo que nos interesa a todos, de lo que contamos en nuestros blogs, de disfrutar de una exposición de MONET en el THYSSEN y en la CASA DE LAS ALHAJAS que resultó más que interesante (supongo que algo diré un día se estos), de pasear por Madrid y recorrer la Gran Vía -los dos días han sido radiantes- de ver el EDIFICIO de TELEFÓNICA en directo, y de comer estupendamente. Por eso quería daros las gracias a todos (quizá sea más ajustado decir a todas, porque estábamos en franca minoría): por la acertada y ajustadísima organización; por la conversación interesante y amena; por las explicaciones expertísimas sobre MONET ... ¡Y, como no, por aguantarme mientras hablaba durante un buen rato!

martes, 9 de febrero de 2010

EL REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA en la GRAN VÍA de MADRID

Cuando planeé las posibles entradas sobre la GRAN VÍA, anoté al final de la lista tres iglesias que vale la pena no olvidar al recorrer la arquitectura de la centenaria avenida: el REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA, la IGLESIA DE LA BUENA DICHA (que aunque no está propiamente en la GV sino en la calle Silva 25) y la IGLESIA DE SAN MARCOS (que tampoco está en la GV pero sí muy próxima a la Plaza de España). En mi cabeza estas entradas iban a ser una especie de apéndice final, pero después pensé que es más sensato incluirlas cuando les corresponde, siguiendo el orden de nuestro recorrido desde la calle de Alcalá hasta la Plaza de España. De la IGLESIA DE LA BUENA DICHA y la de SAN MARCOS ya hablaremos en su momento. Hoy nos centramos en REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA, interesantísimo edificio situado en el número 17 de la GV (si bien es verdad que se trata de un acceso secundario).


El italiano JACOBO GRATII, el CABALLERO DE GRACIA, nació en Módena en 1517, y llegó a Madrid en 1565 como secretario de la Nunciatura Apostólica. Rodeado de una leyenda de gran seductor, cuentan que un buen día oyó a Dios animándole a dejar el vicio, y se convirtió en devotísimo caballero; y ya es la historia –no la leyenda- la que nos dice que se ordenó sacerdote, destinó su fortuna a fundaciones y obras de caridad, y murió en Madrid, con más de 100 años y fama de santidad, en 1619. Una de sus Fundaciones es la REAL ANTIGUA Y VENERABLE CONGREGACIÓN DE INDIGNOS ESCLAVOS DEL SANTÍSMO SACRAMENTO (conocida actualmente como la Asociación Eucarística del Caballero de Gracia), y fueron sus responsables quienes a mediados del siglo XVII (1654 según unas fuentes, 1662 según otras) construyeron el primer Oratorio, en el mismo lugar que ocupa el actual y donde antes estuvo la casa de Doña Elvira de Paredes. Por lo tanto, el sitio no coincide exactamente con el convento de Concepcionistas Franciscanas que se conocía en Madrid como Convento del Caballero de Gracia por ser también fundación suya: este estaba en esa misma calle pero un poco más abajo, y fue demolido.

Casi ciento cincuenta años después de la construcción del primer Oratorio, en 1782, la Congregación decide ampliarlo y reformarlo; compran una serie de viviendas con fachada a la calle de San Miguel (esa que después servirá como guía para la primera parte de la GV) y encargan el proyecto a JUAN DE VILLANUEVA, el gran arquitecto del momento y el mejor representante de la arquitectura neoclásica en España, autor de obras tan emblemáticas como el actual MUSEO DEL PRADO (en el momento de su construcción GABINETE DE HISTORIA NATURAL), el OBSERVATORIO ASTRONÓMICO del Retiro, la CASITA DEL PRÍNCIPE de EL ESCORIAL y la de EL PARDO, o la reforma de la PLAZA MAYOR de MADRID.

VILLANUEVA presenta dos propuestas: una ampliando lo existente, y otra proponiendo un Oratorio completamente nuevo. La Congregación elige la segunda posibilidad y en noviembre de 1782 comienzan unas obras largas, con constantes problemas económicos que generan tensiones entre propiedad y arquitecto; tensiones que con el paso del tiempo resultan tan tirantes que en 1794 la Congregación despide a JUAN DE VILLANUEVA y contrata a PEDRO ARNAL, que acaba el edificio en febrero de 1795. O al menos acaba su interior, porque la fachada principal a la calle del Caballero de Gracia (fachada sur), aunque proyectada por VILLANUEVA en 1789 no se realiza hasta 1830, con algunos cambios que introduce el arquitecto CUSTODIO MORENO. Como ya hemos dicho, la fachada norte se abría a la calle de San Miguel, y cuando se plantea el trazado de la GV se respeta el Oratorio, pero no esta fachada, que desaparece. Entonces –estamos en 1916- CARLOS DE LUQUE realiza una nueva fachada, en el número 17 de la GRAN VÍA, de la que ahora vemos los dos paños que quedan a los lados del ábside. El remate superior en arco es obra de JAVIER FEDUCHI, realizado entre 1989 y 1991 (los madrileños quizá recordéis como durante muchísimo tiempo esta fachada estuvo cubierta con una lona). Reconozco que se trataba de una intervención complicada, pero la solución es -en mi opinión- más que dudosa. En el interior también se han realizado algunas restauraciones, una de ellas a cargo de FERNANDO CHUECA GOITIA.


El REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA ocupa una parcela muy estrecha y larga entre medianerías. JUAN DE VILLANUEVA resuelve el proyecto diseñando una planta de basílica romana a la que –como se ha hecho tantas veces a lo largo de la historia de la arquitectura- da carácter de templo cristiano creando un coro alto en un extremo (el de acceso por la parte sur), y un crucero y un ábside semicircular en el otro. La escasísima anchura de la parcela no permite a VILLANUEVA hacer tres naves en condiciones –no le caben- y para mantener su idea basilical aproxima las columnas (gigantescas columnas con fuste de granito y capitel corintio labrado en piedra de Colmenar) a los laterales hasta no dejar más que un estrecho paso entre ellas y los muros medianeros (mecanismo similar al que utiliza en la rotonda del MUSEO DEL PRADO). Y esa es una de las genialidades del proyecto: el ritmo de las columnas y la corta distancia entre ellas hace que de alguna manera se pierdan los laterales del templo, creando un espacio más amplio del que en realidad ocupa. Al llegar al crucero, ese ritmo se rompe, ampliando notablemente el intercolumnio, para darnos la impresión de que una nave perpendicular atraviesa la principal y crea un crucero. En realidad no hay tal nave: sencillamente VILLANUEVA ocupa todo el ancho que tiene disponible y así logra un conseguidísimo efecto de transepto. Además, la bóveda de cañón apoyada en las columnas que recorre toda la parte superior de la nave se interrumpe, y este espacio más acho se cubre con una cúpula de planta elíptica con el eje mayor perpendicular a la nave principal, enfatizando la altura y la luz en este punto, y singularizando el espacio. Los cortísimos brazos del pseudo-crucero repiten en sus partes altas la bóveda de cañón. Por fin, en el ábside adosa dos columnas a las paredes y cubre el conjunto con una cúpula semiesférica llena también de casetones.

El interior del REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA es un alarde de arquitectura neoclásica: el orden de la planta, la perspectiva que consiguen las columnas y el rotundo entablamento y los casetones de las bóvedas de cañón (de nuevo otro mecanismo que también utiliza en EL PRADO, en este caso en la galería central) producen la impresión de un espacio distinto del que en realidad es; la luz, tan sabiamente enfatizada en la zona del crucero, nos orienta hacia la cabecera del templo: para conseguir esa iluminación VILLANUEVA eleva la cúpula sobre un tambor en el que abre huecos circulares en las cuatro orientaciones, y la remata con una linterna.

Las fachadas exteriores, en cambio, no tienen el interés del interior del templo. Sobre la fachada norte ya hemos hecho más arriba algún comentario; quizá únicamente añadir, casi como un chisme, que CARLOS LUQUE quiso ponerse a la altura de JUAN DE VILLANUEVA, dejando cuatro rótulos en su fachada que decían: “CONSTRUIDO EL ORATORIO SEGUN LOS PLANOS” “DEL ARQUITECTO JUAN DE VILLANUEVA EN 1794” “REFORMADO Y AMPLIADO SEGUN LOS PLANOS” “DEL ARQUITECTO CARLOS DE LUQUE EN 1916”. Excesiva pretensión, sin duda. La fachada sur -también lo hemos dicho ya- la realiza CUSTODIO MORENO entre 1828 y 1831. Ligeramente girada respecto al eje de la nave del templo para ajustarse a la alineación de la calle del Caballero de Gracia, presenta -en el cuerpo bajo- el acceso, retranqueado respecto al plano, flanqueado por dos columnas y rematado por un relieve del cordero místico del escultor JOSÉ TOMÁS. El cuerpo superior tiene un hueco que ilumina el coro y como elemento decorativo un relieve de la Última Cena del mismo JOSÉ TOMÁS (copia del fresco de LEONARDO DA VINCI): las dos esculturas, iconografías muy relacionadas –lógicamente- con el destino eucarístico del templo. En los cuerpos laterales, dos hornacinas vacías. Y un frontón triangular para rematar todo el conjunto.


He repasado algunos libros que pormenorizan las obras de arte que se conservan en el interior del templo, pero no me voy a detener en esto: son muchas y buenas, pero hoy me quedo con la arquitectura. Únicamente señalar que yo recuerdo esta iglesia con un Cristo crucificado presidiendo el ábside mucho, muchísimo más afortunado que la vidriera que hay actualmente, que no dice casi nada. Y explicar la simbología de la “S” y el clavo que aparece constantemente (en la puerta de entrada, en todos los bancos, en las pechinas de la cúpula ...) y que a alguno le puede llamar la atención: quiere significar la palabra esclavo. Recuérdese que es el título de la Congregación propietaria del templo, REAL ANTIGUA Y VENERABLE CONGREGACIÓN DE INDIGNOS ESCLAVOS DEL SANTÍSMO SACRAMENTO.

En el REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA se conservan los restos del mismísimo Caballero, en un sarcófago situado en alto, donde se encuentran la nave principal y el brazo derecho del crucero.

La arquitectura madrileña posterior tomará como modelo el interior del REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA, repitiendo algunas de sus soluciones. Me vienen a la cabeza varios ejemplos, especialmente la que fuera capilla del Colegio de la Asunción y hoy es la PARROQUIA DE LOS DOCE APÓSTOLES, del arquitecto CASTO FERNÁNDEZ SHAW (realizada entre 1952 y 1956 en colaboración con FRANCISCO ALONSO MARTOS). Un arquitecto del que volveremos a hablar cuando avancemos un poco más nuestro recorrido por la GRAN VÍA.

martes, 19 de enero de 2010

ECLECTICISMO en la GRAN VÍA de MADRID

Ya señalé en NEOS Y REGIONALISMOS en la GRAN VÍA de MADRID que el romanticismo trae consigo un rechazo de lo clásico –recuérdese que hasta entonces el arte se movía en el terreno de lo neoclásico- y propone una vuelta a la edad media, que en Europa se concreta en un vivo interés por el gótico. También señalé que ésta es una idea a vista de pájaro, y que habría mucho que añadir para conseguir una visión ajustada del siglo XIX ... Precisamente eso –añadir otros puntos de vista- es lo que propongo para hoy. Porque, si es verdad que el historicismo fue una tendencia de pensamiento muy generalizada, no todo el mundo entendió así las cosas, y el medievalismo romántico coexiste con otras corrientes intelectuales y artísticas. Una de ellas es la de quienes niegan la necesidad de apostar por un estilo único –el gótico o cualquier otro NEO- y opinan que para crear obras actuales (actuales de entonces) se deben utilizar todos los lenguajes y elementos que la historia les facilita, combinándolos de una forma moderna. Surge así el ECLECTICISMO, que en una entrada anterior describí como ese que mezcla sin pudor y con acierto elementos clasicistas –columnas, capiteles, frontones- sin seguir obligatoriamente pautas canónicas.

Al reflexionar sobre el ECLECTICISMO es necesario caer en la cuenta de que no es un estilo que resulte de la mezcolanza descontrolada e insegura de los elementos de la gramática clásica, sino que supone la voluntad expresa de no atarse a una sola manera de hacer; implica una actitud intelectual precisa y voluntaria: la de valorar lo que tengo y elegir lo que me interesa para utilizarlo de forma absolutamente libre y consciente. De hecho el término tiene su origen en el verbo griego eklegein, que significa escoger. Para los eclécticos los códigos clásicos dejan de ser un absoluto y el artista –el arquitecto, en nuestro caso- posee la libertad de combinarlos según un gusto nuevo, una nueva estética. Podemos decir que ya no hay una verdad arquitectónica necesaria, una forma de componer predefinida: cada arquitecto crea sus reglas, cada obra tiene su código. Esta es una idea que surge como consecuencia del ECLECTICISMO filosófico de VÍCTOR COUSIN, que pretende tomar lo que hay de bueno en cada sistema de pensamiento. Cuando el pensamiento -y la arquitectura de su mano- andan este camino, va desapareciendo la objetividad que, a la larga, se sustituye por un lo-que-yo-decida, lo-que-me-dé-la-gana (situación en la que nos encontramos también hoy, aunque por motivos diferentes a los de finales del XIX ...).

A la vista de estas ideas cualquiera intuye el enorme riesgo del ECLECTICISMO: el arquitecto no puede justificar su obra más que en su propio buen hacer, en su genialidad; y, ya se sabe: a mayor libertad más riesgo. Esto, como todo, necesitaría mucho matiz, porque que la libertad implica riesgo hay que entenderlo como se debe (bienvenido sea siempre el riesgo que provoca la libertad), y porque la arquitectura generalmente tiene condicionantes que limitan una teórica libertad total del arquitecto: debe cumplir siempre una función, y por lo tanto ya tiene una necesidad previa que exige un buen funcionamiento; además hay que construirla; debe poder ser vivida; debe ajustarse a un solar concreto en un entorno concreto; debe convencer al propietario y ajustarse a sus necesidades y expectativas; la gran mayoría de las veces se ajusta a un presupuesto previo ... y así mil cuestiones más. Pero podemos decir que, al no haber reglas, hay mucho de “me gusta” o “no me gusta”. Los eclécticos hacen cosas estupendas, pero también hacen auténticos pastiches sin ningún interés, o construyen muchas cosas anodinas; demasiadas, y de ahí la mala opinión general sobre el ECLECTICISMO.

Esta falta de código que aporta al ECLECTICISMO una aparente libertad (ser libre no es únicamente hacer lo que me da la gana) será también la trampa que estrangule el propio estilo, y a principios del XX se levantarán voces que reclamarán para el hacer arquitectónico una racionalidad y una lógica que el ECLECTICISMO no posee, y que le llevarán a vía muerta. Pero hasta que eso suceda, el ECLECTICISMO triunfará en las escuelas de Beaux-arts como estilo elegante y de moda. Es, por ejemplo, el lenguaje que se utilizará durante toda la segunda mitad del XIX para construir los ensanches de las grandes ciudades europeas.

En España ya hemos contado cuál era el discurso arquitectónico a finales del XIX y principios del XX: un regeneracionismo basado en la vuelta a los estilos más patrios o a los regionalismos más identificables como hispanos. Pero eso no quita para que muchos –la alta burguesía, las grandes firmas comerciales, los hoteles que pretenden gran lujo, o los bancos- miren a Europa y busquen en el ECLECTICISMO -ese estilo elegante y de moda en las otras grandes capitales- el camino para afirmar su modernidad y su internacionalidad.

Y, obviamente, encontramos edificios eclécticos en la GRAN VÍA madrileña ...

Ya he dedicado en selecciónARTE una entrada en exclusiva al EDIFICIO METRÓPOPLIS, con toda seguridad el ejemplo ecléctico de más interés que encontramos en la GRAN VÍA. Pero no es, de ninguna manera, el único.

Nada más superar el EDIFICIO METRÓPOPLIS, en el número 1 de la GRAN VÍA con vuelta a la Calle del Caballero de Gracia, encontramos un EDIFICIO DE VIVIENDAS Y OFICINAS que hoy podríamos llamar ROLEX, por el enorme rótulo que preside su fachada. Proyectado por ELADIO LAREDO Y CARRANZA y construido entre 1916 y 1917 es, en mi opinión, ejemplo singularísimo de eclecticismo. Y digo esto porque no es un edificio ecléctico a la europea, o a la francesa: yo lo veo como un edificio ecléctico a la española. Soy consciente de que otros analizan este edificio de otra manera, y que tiene elementos franceses (el remate de pizarra en forma de pirámide truncada del cuerpo que parte la facha en dos podría estar perfectamente en el HÔTEL DE VILLE de PARÍS, por ejemplo) e italianos (el doble templete que remata el cilindro principal podría aparecer en cualquier cuadro del renacimiento); pero el resto de su repertorio es absolutamente neoplateresco, combinado con azulejo levantino o –en el pasaje de acceso- talaverano. Eso sí, sin seguir para nada las reglas renacentistas, y de ahí su eclecticismo. No es un edificio que me entusiasme, y situado junto al METRÓPOLIS tiene una comparación muy difícil de soportar, pero desde el punto de vista “técnico” pienso que tiene mucho interés.




A continuación, en el número 5 de la GRAN VÍA nos encontramos otro edificio ecléctico, ahora sí que de un estilo claramente europeo: ¿quién no ha visto a sus primos hermanos en los CAMPOS ELÍSEOS de PARÍS o en el GRABEN de VIENA? Construido en 1914 por JOSÉ MONASTERIO ARRILLAGA, fue destinado en su origen a viviendas de alquiler.

Cruzando la calle, en el número 10 de la GRAN VÍA, está el edificio de SEGUROS LA ESTRELLA. Fue proyectado y construido por JERÓNIMO PEDRO MAHET RODRÍGUEZ entre 1916 y 1921, y no me paro a describir los elementos eclécticos porque me empezaría a repetir, pero pienso que aunque en algunos lugares señalan este edificio como neobarroco, a nadie se le escapa su filiación ecléctica. La fachada tiene en el centro un nicho con un conjunto escultórico de los hermanos MIGUEL y LUCIANO OSLÉ SÁENZ DE MEDRANO: aunque no es fácil de identificar (y menos desde la calle) podría tratarse de Pandora, con su caja en la mano, y a sus pies Vulcano (su modelador) y Venus. Las ménsulas y las cariátides que sustentan los miradores fueron realizadas por MIGUEL CASTAÑOS. En su origen remataba el cuerpo central un torreón de dos alturas, hoy desaparecido que pero que se puede ver con claridad en algunas fotografías de época (lo mismo le pasa, por cierto, a otros edificios de la GRAN VÍA, que también están desmochados: el doble templete circular del EDIFICIO ROLEX ha perdido un remate de forja que lo coronaba, que se ve en fotografías y que no debía ser muy afortunado. Desconozco –por ahora- el motivo de estas decapitaciones).


Un poco más arriba, en el número 13 de la GRAN VÍA, nos topamos con el CASINO MILITAR, actual Centro Cultural de los Ejércitos, que el arquitecto EDUARDO SÁNCHEZ EZNARRIAGA proyectó y construyó entre 1914 y 1916. Además de todo lo ya señalado sobre el estilo, sugiero valorar la diferente composición de sus tres fachadas –entre las que destaca sin duda la de la calle del Clavel, con su mirador en el piso principal y esos dos bonitos remates laterales en hierro y cristal- la marquesina de vidrio que protege el acceso por la esquina, y en general todo el trabajo de forja. En el interior, el patio central está cubierto a la altura de primera planta con otra estructura de hierro y cristal que también tiene interés. En mi opinión resulta dudoso todo lo que hay en la esquina GRAN VÍA/Calle del CLAVEL por encima de la marquesina, especialmente el torreón de remate de planta rectangular –casi todos los demás de la GRAN VÍA tienen planta circular- con esas ventanas que se abren en medios arcos no coincidentes, por no hablar de las cajas de persiana que han instalado ... A pesar de este comentario mío, en 1918 el edificio consiguió una mención honorífica en los premios de arquitectura que concedía el Ayuntamiento.



En el número 16 de la GRAN VÍA con vuelta a la calle del Clavel, otro ejemplo ecléctico: el antiguo EDIFICIO DE VIVIENDAS Y OFICINAS DE DON RAFAEL SÁNCHEZ (1914-1916), del arquitecto JULIO MARTÍNEZ-ZAPATA RODRÍGUEZ. Como refleja alguna foto de época, D. Rafael abrió en los bajos del edificio unos almacenes que se anunciaban con un gigantesco rótulo –ALMACENES RAFAEL SÁNCHEZ- en el toldo. También esté ha perdido algunos elementos decorativos en las partes más altas.



Por último quería citar el HOTEL ATLÁNTICO, en el número 38 de la GRAN VÍA con vuelta a la calle de Concepción Arenal (originalmente fue un EDIFICIO DE VIVIENDAS PARA EL MARQUÉS DE FALCES), del arquitecto JOAQUÍN SALDAÑA LÓPEZ, proyectado y construido entre 1920 y 1923. Ligeramente posterior a los que hemos citado y construido ya en la segunda parte de la GRAN VÍA (lo que debía ser el Bulevar) es una apoteosis ecléctica: no le falta de nada, y todo se combina de forma completamente aleatoria. Eso sí, con poca fortuna: en mi opinión le falta la armonía compositiva que consiguen otros edificios, y en éste todo resulta excesivamente vertical y falto de proporción entre sus partes.


Quedaría quizá comentar la fachada que el arquitecto CARLOS LUQUE superpuso en 1916 al ábside del ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA, en el número 17 de la GRAN VÍA, pero eso lo dejamos para el mes que viene.

lunes, 28 de diciembre de 2009

NEOS Y REGIONALISMOS en la GRAN VÍA de MADRID

Mirando el siglo XIX desde muy arriba –la entrada de un blog no facilita bajar al detalle- podemos considerar que el romanticismo, entre otras muchas cosas, abandona el clasicismo dieciochesco y lo sustituye por una enorme atracción hacia la Edad Media; además, propicia el nacimiento de los nacionalismos. En Europa -Francia, Inglaterra, Alemania- esos dos ingredientes provocan un resurgimiento del gótico como estilo nacional (VIOLLET-LE-DUC puede ser su máximo exponente); en España, en cambio, aunque tenemos buenos ejemplos de arquitectura gótica, el gótico no es un estilo que sirva para identificar lo español y es necesario buscar otro/s estilo/s que realmente definan lo patrio.

Estando en esa tesitura intelectual, España sufre la crisis del 98, ese momento en el que con la perdida de las últimas colonias de ultramar (Cuba y Filipinas), nuestro país, que había sido una potencia, pierde definitivamente todo su peso en el concierto internacional. No es, lógicamente, una situación a la que se llegue de golpe, por sorpresa: se venía fraguando desde años antes ... pero es en 1898 cuando España entra de verdad en crisis; una crisis que llena de pesimismo el pensamiento de la época y, con el pensamiento, al arte de fin de siglo. Los intelectuales -y con ellos los artistas- buscan fórmulas para salir de la situación, maneras de regenerar el país; y eso lleva (otra vez miramos a vista de pájaro) a un regeneracionismo que se concreta, fundamentalmente, de dos maneras. Una es la propiciada por la Institución Libre de Enseñanza de GINER DE LOS RÍOS, y otra es el tradicionalismo representado por MENÉNDEZ PELAYO. selecciónARTE no tiene posibilidad de extenderse en cada uno de esos “sistemas” de pensamiento –hay interesantísimos estudios- pero es necesario citarlos porque ambos tiene su reflejo directo en la arquitectura madrileña del momento.

Precisamente esa línea de pensamiento más tradicional es la que recupera la búsqueda del estilo nacional del que hablaba al principio, y recurre a los estilos españoles más clásicos de para reafirmar los valores patrios, a la vez que concede un gran valor a lo regional como lo propiamente hispano. Estilo nacional (lo que yo he llamado NEO-algo) y regionalismo no son conceptos sinónimos, pero tienen un mismo origen y prácticamente se desarrollan a la vez en el tiempo (quizá los regionalismos ligeramente después que los neos). De esta manera, el Plateresco, el Mudéjar, el Churrigueresco, el “Estilo Alambra” o los estilos propios de algunas regiones españolas son para muchos las herramientas que devuelven a un país en crisis las claves que necesita para autoafirmarse y reconstruirse, para resurgir desde sus cimientos más auténticos con nueva fortaleza. Con estas ideas en la cabeza, los arquitectos buscan modelos que sirvan como referentes incontestablemente españoles, y así edificios como el PALACIO DE MONTERREY de Salamanca o la UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES se convierten en tipologías repetidas una y otra vez, hábilmente en algunas ocasiones, torpemente otras; y lo mismo pasa con edificios de otros estilos patrios. Las dos figuras más representativas de esta corriente son, en arquitectura, VICENTE LAMPÉREZ y LEONARDO RUCABADO.

Es el momento de los NEOs: principalmente el NEOPLATERESCO, el NEOBARROCO, y el NEOMUDEJAR (este último tiene grandísima importancia en todo el país, y de forma especial en Madrid, pero no va a quedar reflejado en la GRAN VÍA).

En no mucho tiempo esta forma de hacer llegará a un callejón sin salida del que TORRES BALBÁS intentará sacar a la arquitectura española, pero eso ya se escapa del marco en el que pretende moverse esta entrada, y hoy seleccciónARTE no sigue avanzando en la historia: se queda aquí, porque mientras está vigente ese discurso intelectual y arquitectónico tradicional, arranca la construcción de la GRAN VÍA madrileña. Y, lógicamente, el peso de estas ideas deja su impronta evidente en el primer tramo que se construye: lo que fue la Calle del Conde de Peñalver, trazada entre 1910 y 1915. Por eso, entre la Calle de Alcalá y la Red de San Luis encontramos un gran número de edificios resueltos según esos parámetros.

El primero, frente al EDIFICIO METRÓPOLIS, es LA CASA DEL CURA DE LA IGLESIA DE SAN JOSÉ, que a pesar de su nombre es un edificio de viviendas construido entre 1910 y 1912. El proyecto es de FERNÁNDEZ Y MELÉNDEZ VALDÉS, pero quien diseñó la fachada –que es lo que nos interesa- fue JUAN MOYA E IDÍGORAS. De marcadísimo estilo NEOBARROCO, que casi me atrevo a llamar NEOCHURRIGUERESCO, resuelve estupendamente su proximidad con la iglesia de San José, realmente barroca (son edificios contiguos). Además, el mirador/torreón ricamente trabajado situado en le chaflán da a esa esquina la importancia que precisa como arranque de la GRAN VÍA (aunque propiamente es el número 41 de la calle de Alcalá).



Justo enfrente y también a la sombra del EDIFICIO METRÓPOLIS, en GRAN VÍA 2 con vuelta a la calle del Marqués de Valdeiglesias, está LA GRAN PEÑA, de los arquitectos EDUARDO GAMBA y ANTONIO DE ZUMÁRRAGA. Construido ente 1914 y 1916, se destinó a sede de la SOCIEDAD GRAN PEÑA (el clásico club de época) y a viviendas de alquiler. En esta caso el estilo es NEOBARROCO, de líneas sencillas pero inconfundibles. Tiene interés el mirador de vidrio circular de la planta principal y el juego de volúmenes del remate superior. Aunque hace falta muy buena vista para apreciar los detalles, también vale la pena fijarse en el trabajo de forja de los faroles de pié de la terraza superior.


A medida que subimos por la GRAN VÍA, en el número 7 de la calle, encontramos un ejemplo indudable de NEOPLATERESCO que se fusiona con un claro REGIONALISMO: basta mirar hacia arriba y ver los largos voladizos de madera de las cubiertas de teja para situarnos inmediatamente en el norte de España.

Un poco más adelante encontramos dos edificios completamente NEOPLATERESCOS: los situados en los números 11 y 12 de la calle. El primero, que asoma sus fachadas a la GRAN VÍA, a la calle del Clavel y a la del Caballero de Gracia, es conocido como EDIFICIO CONDE DE ARTAZA, se construyó entre 1915 y 1917 y su autor es el arquitecto CESAREO IRADIER URIARTE. El situado en el número 12 es un edificio de viviendas y oficinas para la antigua Sociedad Inmobiliaria de la Villa de Madrid; fue proyectado por EDUARDO REYNALS TOLEDO en 1913, y FELIPE DE SALA BLANCO ejecutó la obra entre 1913 y 1915. En ambos edificios, todo, desde la decoración con grutescos hasta las galerías superiores que tanto recuerdan la ya citada UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES, pasando por el trabajo de forja de los balcones y rejas de portales, absolutamente todo nos sitúa en el más propio renacimiento español. Aunque poco tenga que ver con la línea argumental de la entrada, es casi obligatorio recordar que en los bajos del número 12 está el BAR CHICOTE, proyectado por LUIS GUTIÉRREZ SOTO en 1931.



También resulta interesante el CÍRCULO DE LA UNIÓN MERCANTIL E INDUSTRIAL, en el número 24 de la GRAN VÍA con vuelta a la calle Hortaleza, donde el renacimiento español vuelve a campar por sus fueros, si bien es verdad que aquí ya lo hace de una manera menos pura, más mezclada, más ecléctica: no en vano se trata de un edificio construido ya en la década de los 20’s (entre 1918 y 1924). Los arquitectos que firman el proyecto son LUIS y JOAQUÍN SAINZ DE LOS TERREROS.



Finalmente quiero citar dos edificios que encontramos en la Red de San Luis, inmensamente NEOBARROCOS. Uno en frente del otro, los dos son un alarde curvas y contracurvas, de pilastrones de orden gigante, de ménsulas y de frontones. El situado en el número 26 de la GRAN VÍA es de PABLO ARANDA SÁNCHEZ y JULIO MARTÍNEZ-ZAPATA. Fue construido entre 1914 y 1916, y en 1918 recibió una mención especial en el concurso que el Ayuntamiento organizaba para decidir el mejor edificio del año.

BLOGGER me impide -no sé por qué motivo: no me había pasado antes- mantener los vínculos a las fotos que complementan los comentarios a cada uno de los edificios señalados: si a alguno le interesan, están en la cuenta de xGaztelu de PICASA ...

Lógicamente nada es químicamente puro, y en este tramo de la calle también hay ejemplos de otras arquitecturas, concretamente de arquitectura ecléctica, que seguramente serán el tema de la próxima entrada sobre la GRAN VÍA en selecciónARTE.
Entrada actualizada el 4 de enero de 2010, añadiendo algunos datos proporcionados por EL GUISANTE VERDE PROJECT.