
Joe Rose es un físico de cuarenta y tantos años; positivista y ateo, se dedica con éxito a escribir artículos divulgativos de temas científicos en revistas para el gran público. Clarissa es su mujer, estudiosa de la literatura inglesa, y concretamente de la poesía de Keats. Viven cómodamente en Londres, no tienen hijos y se adoran mutuamente.
Una tarde en la que, tras el regreso de Clarissa de una estancia de varias semanas fuera de casa, están merendando en el campo, presencian el accidente de un globo aerostático. Joe y algunas personas más tratan de echar una mano, y el resultado final es que uno de ellos, John Logan, resulta muerto. Jed Perry, un tipo extraño con una religiosidad a flor de piel, es otro de los que acude a auxiliar a los ocupantes del globo (un abuelo y su nieto). A partir de este encuentro casual, Jed, que sufre el síndrome de Clèrambault, una extraña patología psíquica, supone que Joe está locamente enamorado de él y comienza a perseguirle obsesivamente para corresponder a ese amor. Esta persecución complicará hasta límites insospechados la relación entre Joe y Clarissa: él no la maneja del todo bien y ella no termina de creerle.
AMOR PERDURABLE (ENDURING LOVE en versión original) es el relato que hace Joe, en primera persona, de toda la historia. Se completa con algunas cartas que Jed escribe a Joe, una carta de Clarissa, y el informe médico de Jed, que se incluye al final del relato.
Hasta ahora todo lo que había leído de IAN McEWAN me había parecido estupendo: LOS PERROS NEGROS, EXPIACIÓN, SÁBADO, EN LAS NUBES ... De AMOR PERDURABLE, en cambio, no puedo decir lo mismo.
AMOR PERDURABLE tiene un argumento extraño, con el que se conecta poco a pesar del estupendo arranque y de los esfuerzos del autor por hacérnoslo creíble (incluso trata de justificarlo científicamente con el informe médico final). Y dentro del argumento, otra trama también forzada: la supuesta amante de Logan, el difunto del accidente del globo. Una historia en general poco sólida y poco acertada.
AMOR PERDURABLE tiene un protagonista que, a pesar de su aparente inteligencia y capacidad (que quedan patentes al final de la novela), se mete en la boca del lobo cometiendo errores muy tontos en su relación con Jed, o que no sabe pinchar globos bastante elementales para resolver la situación con Clarissa. Además, el personaje de Jed Perry no es ningún un prodigio de definición.
AMOR PERDURABLE tiene largos pedaleos mentales del protagonista, que a veces lastran el ritmo de la narración (vamos, que se hacen pesados), resultan repetitivos y entorpecen el posible clima de suspense que podría haber tenido la novela.
AMOR PERDURABLE tiene un argumento muy manipulador, en el que el que el científico inteligente (Joe) es ateo, y el loco (Jed) es religioso, y de una religión bastante indefinida, por cierto: simpleza tramposa donde se pretende asociar religión con psicopatía o al menos con rareza más que notable capaz de originar enfermedades mentales.
AMOR PERDURABLE, en mi opinión, ni siquiera consigue reflejar bien la idea de inestabilidad: la novela trata de hacernos ver cómo una variación casual de las circunstancias puede desestabilizar una relación que de primeras parece sólida y duradera. ¿Es perdurable el amor? McEWAN nos dice que difícilmente. Pero claro, para llegar a esa conclusión antes hay que asumir una situación absurda y todos los errores que comete Joe. Pienso que cualquiera podría torear mucho mejor la situación y resolver esos mismos problemas sin grandes dificultades. O incluso se podría ir más allá al interpretar lo que nos cuenta McEWAN: el amor sólo es eterno cuando es fruto de la locura ...
Sabiendo lo maravillosamente bien que escribe McEWAN (en este caso lo volvemos a comprobar, todo hay que decirlo) y las posibilidades que ha demostrado sobradamente en otras obras, después de leer AMOR PERDURABLE a uno no le queda más remedio que preguntarse: ¿qué necesidad tenía IAN McEWAN de meterse en esos charcos?
Seguramente ninguna, y es una lástima, porque no sale bien parado.
También es verdad que cualquiera puede equivocarse, y que un autor no siempre puede mantener el listón altísimo: AMOR PERDURABLE es uno de esos baches que tiene cualquier carrera. Un bache, por otro lado, muy bien escrito, y que no disminuye el interés que tiene el autor.
Una tarde en la que, tras el regreso de Clarissa de una estancia de varias semanas fuera de casa, están merendando en el campo, presencian el accidente de un globo aerostático. Joe y algunas personas más tratan de echar una mano, y el resultado final es que uno de ellos, John Logan, resulta muerto. Jed Perry, un tipo extraño con una religiosidad a flor de piel, es otro de los que acude a auxiliar a los ocupantes del globo (un abuelo y su nieto). A partir de este encuentro casual, Jed, que sufre el síndrome de Clèrambault, una extraña patología psíquica, supone que Joe está locamente enamorado de él y comienza a perseguirle obsesivamente para corresponder a ese amor. Esta persecución complicará hasta límites insospechados la relación entre Joe y Clarissa: él no la maneja del todo bien y ella no termina de creerle.
AMOR PERDURABLE (ENDURING LOVE en versión original) es el relato que hace Joe, en primera persona, de toda la historia. Se completa con algunas cartas que Jed escribe a Joe, una carta de Clarissa, y el informe médico de Jed, que se incluye al final del relato.
Hasta ahora todo lo que había leído de IAN McEWAN me había parecido estupendo: LOS PERROS NEGROS, EXPIACIÓN, SÁBADO, EN LAS NUBES ... De AMOR PERDURABLE, en cambio, no puedo decir lo mismo.
AMOR PERDURABLE tiene un argumento extraño, con el que se conecta poco a pesar del estupendo arranque y de los esfuerzos del autor por hacérnoslo creíble (incluso trata de justificarlo científicamente con el informe médico final). Y dentro del argumento, otra trama también forzada: la supuesta amante de Logan, el difunto del accidente del globo. Una historia en general poco sólida y poco acertada.
AMOR PERDURABLE tiene un protagonista que, a pesar de su aparente inteligencia y capacidad (que quedan patentes al final de la novela), se mete en la boca del lobo cometiendo errores muy tontos en su relación con Jed, o que no sabe pinchar globos bastante elementales para resolver la situación con Clarissa. Además, el personaje de Jed Perry no es ningún un prodigio de definición.
AMOR PERDURABLE tiene largos pedaleos mentales del protagonista, que a veces lastran el ritmo de la narración (vamos, que se hacen pesados), resultan repetitivos y entorpecen el posible clima de suspense que podría haber tenido la novela.
AMOR PERDURABLE tiene un argumento muy manipulador, en el que el que el científico inteligente (Joe) es ateo, y el loco (Jed) es religioso, y de una religión bastante indefinida, por cierto: simpleza tramposa donde se pretende asociar religión con psicopatía o al menos con rareza más que notable capaz de originar enfermedades mentales.
AMOR PERDURABLE, en mi opinión, ni siquiera consigue reflejar bien la idea de inestabilidad: la novela trata de hacernos ver cómo una variación casual de las circunstancias puede desestabilizar una relación que de primeras parece sólida y duradera. ¿Es perdurable el amor? McEWAN nos dice que difícilmente. Pero claro, para llegar a esa conclusión antes hay que asumir una situación absurda y todos los errores que comete Joe. Pienso que cualquiera podría torear mucho mejor la situación y resolver esos mismos problemas sin grandes dificultades. O incluso se podría ir más allá al interpretar lo que nos cuenta McEWAN: el amor sólo es eterno cuando es fruto de la locura ...
Sabiendo lo maravillosamente bien que escribe McEWAN (en este caso lo volvemos a comprobar, todo hay que decirlo) y las posibilidades que ha demostrado sobradamente en otras obras, después de leer AMOR PERDURABLE a uno no le queda más remedio que preguntarse: ¿qué necesidad tenía IAN McEWAN de meterse en esos charcos?
Seguramente ninguna, y es una lástima, porque no sale bien parado.
También es verdad que cualquiera puede equivocarse, y que un autor no siempre puede mantener el listón altísimo: AMOR PERDURABLE es uno de esos baches que tiene cualquier carrera. Un bache, por otro lado, muy bien escrito, y que no disminuye el interés que tiene el autor.
























