lunes, 10 de noviembre de 2008

REMBRANDT, PINTOR DE HISTORIAS, en el MUSEO DEL PRADO


Ya dije que hasta fin de año Madrid está lleno de posibilidades, y las últimas entradas de selecciónARTE lo van demostrando. Empeñado en no perder estas ocasiones, he ido a ver la exposición de REMBRANDT que organiza el MUSEO DEL PRADO: era una de las apuestas más seguras y, aunque desde luego no defrauda lo más mínimo, tampoco me ha entusiasmado tanto como esperaba. Quizá se queda un poco corta.

Consideraciones personales aparte, un genio es un genio, del que se aprende siempre, con el que se disfruta siempre. Yo he disfrutado viendo la exposición, y ha sido al salir cuándo me he me preguntado algo así como ¿esto es todo? ¿REMBRANDT no podría dar mucho más de sí?

Seguramente sí puede dar para mucho más; en cualquier caso, mientras veía las obras he considerado –o reconsiderado- muchas cosas:

He redescubierto lo maravillosa que es la luz de REMBRANDT, tantas veces situada en el plano medio de la composición, con un primer plano oscuro. También lo artificial que es muchas veces, buscando para crear un radical claroscuro. Lo intensa que resulta en ocasiones, resaltando sabiamente temas o rostros. En otras ocasiones la resuelve tenuemente, dejando figuras retasadas respecto al plano principal. LA NEGACIÓN DE SAN PEDRO, del RIJKSMUSEUM, llama especialmente la atención en esto de la luz: una tímida hoguera en el suelo, que da la luz general a la escena, y la vela que sostiene la portera en una mano mientras protege la llama con la otra, planteando un primer plano en contraluz (la mano) y un punto central de gran intensidad luminosa (la cara de san Pedro); además, en el plano del fondo, en una penumbra que apenas se descubre, Cristo mirando a Pedro. Trae a la cabeza de forma inmediata algunas obras de LA TOUR.

He redescubierto lo extraña y poco conseguida que resulta la anatomía en muchos de los cuadros.

He redescubierto lo claro que se ve la evolución de REMBRANDT a medida que avanza y madura su obra hacia la desmaterialización de la imagen (pérdida de detalle en rostros, fondos, ropajes y telas) frente a la materialización de la propia pintura, los empastes del lienzo. Desde las primeras obras –e incluso las “segundas”: nuestra ARTEMISA del PRADO, por ejemplo- hasta el AUTORETARTO COMO ZEUXIS que cierra el recorrido se ve maravillosamente este proceso.

He redescubierto la sensación de monocromía que siempre produce REMBRANDT, la uniformidad en los tonos que consigue una falsa apariencia de falta de color por la predominancia cromática de oros, tierras, marrones, rojizos ...

Y he descubierto la modernidad de la obra de REMBRANDT, sobre todo al final, a partir de mediados de los 50’s (1650’s, claro): en este sentido, EL APOSTOL SAN BARTOLOMÉ, del TIMKEM MUSEUN OF ART de San Diego, resulta increíble. Quizá es la obra que en esta ocasión más me ha llamado la atención.

Por muchas de estas cosas (luces artificiosas, oscuridades y penumbras, tonos apagados y poco luminosos) siempre he pensado que REMBRANDT transmite poco sosiego, habla con un punto que resulta inquietante, triste muchas veces, y también un poco misterioso. Sólo algunas obras de la exposición parecen no dar esa impresión: la DISPUTA ENTRE SAN PEDRO Y SAN PABLO (espléndido el perfil de San Pablo) y la pequeña cabeza de CRISTO. Por eso creo que hay tantos que no terminan de entenderle, a quienes REMBRANDT “no les gusta”.

La muestra del PRADO nos permite, en cualquier caso, volver a ver la obra de un enorme maestro del que misteriosamente –la menos para mi, que no he estudiado los motivos- tan poco tenemos en España (AREMISA en el PRADO y quizá un AUTORRETRATO en el THYSSEN).