jueves, 16 de octubre de 2008

LA CARRETERA, de CORMAC McCARTHY


Acabo de terminar de leer LA CARRETERA, que se ha colado por delante de otras novelas que tengo en lista de espera. La verdad, no se qué decir. O más bien tengo que decir que me ha gustado, y además, bastante. Pero intento descubrir porqué, y me quedo un poco desconcertado.

LA CARRETERA cuenta la historia de un padre y su hijo (nunca sabremos sus nombres) que avanzan por una carretera hacia el sur buscando la costa, en medio de un paisaje desolado, quemado, oscuro y constantemente lluvioso: algo ha pasado en la tierra, no se nos explica qué, que la ha machacado. Van ocultándose constantemente del resto de los hombres: la situación desesperante de carencias –siempre falta calor, comida y agua- parece que les ha convertido a todos en auténticos depredadores para los demás.

En LA CARRETERA el ambiente es opresivo y en ocasiones truculento; a veces no se entiende bien y el lector debe suplir vacíos; tiene una trama repetitiva y más o menos previsible, que podría estirarse hasta el infinito; acaba cuando quiere el autor, sin necesidad interna, o al menos sin otra necesidad que la de no seguir repitiendo situaciones cada vez más similares; las casualidades que sacan adelante a los protagonistas no son del todo creíbles en el entorno en que se mueven: ¿porqué, cuando están al borde de la desesperación, encuentran lo que necesitan sin que nadie antes que ellos lo haya encontrado? Se supone que hay muchos en su misma situación mejor organizados que también están buscando. ¿Porqué todos los que se van encontrando a lo largo de la carretera son o parecen malos, y justo al final, cuando es absolutamente imprescindible, aparece un personaje realmente bueno?
Todos parecen motivos que lastrarían LA CARRETERA, pero el efecto que McCARTHY consigue –o el que ha conseguido en mi- es el contrario: acabo con la sensación de haber leído un buen libro, una novela por encima de la media. Quizá sea lo humano que resultan los dos personajes protagonistas; quizá la candidez, sabiduría y bondad del niño (no me hecho una idea clara de su edad); quizá el cariño que su padre le tiene; tal vez esa forma de contar tan real donde las amenazas muchas veces no son más que pensadas, y –como en la realidad- acaban en nada, en simples aprensiones; puede que sean esos diálogos tan bien construidos; seguro que ha ayudado el estilo sencillo y limpio, sin más adorno que la precisión del lenguaje, de frases cortadas y párrafos breves; incluso puede que el carrito de supermercado, casi un tercer protagonista, ayude ... No se qué ha sido, pero esta lectura ha valido la pena.