miércoles, 23 de febrero de 2011

EL MUSEO CERRALBO de MADRID

Las casas-museo, o los palacios-museo, me atraen: me parece que siempre tiene interés y que enseñan mucho. Si la personalidad de quien las habitó era notable, su casa nos dice mucho de su época, de su forma de vida y de sus intereses. Ejemplos de casas-museo apasionantes (cada una con sus características específicas, no siempre comparables) hay muchos. Muchas –muchísimas- aún las tengo pendientes, y algunas las he podido visitar: de Londres recuerdo la WALLACE COLLECTION y el SOANE MUSEUM; en París, el espectacular JACQUEMART ANDRÉ; en Amberes la casa de RUBENS; en Roma, como no, VILLA FARNESINA. En Madrid tenemos, que ahora me vengan a la cabeza, el LÁZARO GALDIANO o la casa de SOROLLA.

Y desde hace unas semanas otra vez el MUSEO CERRALBO.

El MUSEO CERRALBO llevaba años cerrado, y no lo había visto nunca. Me apetecía mucho, muchísimo, visitarlo; así que cuando me enteré de que el pasado 13 de diciembre lo habían reabierto me propuse ir sin más retrasos. Hace un par de domingos, sólo –ninguno de mis habituales acompañantes a museos mostró especial interés- me fui para allá lleno de ganas. Por desgracia, no puedo decir que me entusiasmara, ni muchísimo menos. Y mira que iba bien dispuesto, pero nada. No me resulta fácil decir esto, porque realmente me encantaría poder decir lo contrario (que aquello me fascinó) pero entré lleno de ilusión y salí con una enorme impresión de … me sale mediocridad, pero no es eso: es impresión de que todo en el CERRALBO se queda a medias. A medio camino entre lo habitual y lo sorprendente, lo habitual y lo interesante, lo habitual y la obra de arte, lo habitual y la gran colección, lo habitual y la opulencia. Se me puede decir, con razón, que aquello no es habitual: por supuesto que no, precisamente por eso es una casa-museo visitable. Es, sin duda, singular: tiene interés y está magníficamente restaurado. Pero no es una gran casa-museo. A todo hay que ponerle diminutivo, todo es –ito o –ita (museito, palacito, coleccioncita).

Como edificio, el MUSEO CERRALBO tiene poco qué: es muy caótico y sin espacios de especial impacto. Sin ser el no-va-más, lo único que llama la atención desde el punto de vista arquitectónico es el vestíbulo de acceso, con su doble circulación a ambos lados del eje de entrada y su escalera principal (la Escalera de Honor, le llaman) a la espalda del recién llegado. En el Entresuelo, donde se sitúan las estancias privadas del Marqués y su familia, no hay mucho que reseñar: habitaciones de época, recargadas y con un criterio decorativo un punto dudoso. Subiendo al Principal, donde se encuentran las estancias representativas, una mezcolanza de objetos de cierto interés: armas de cierto interés, cuadros y esculturas y dibujos y porcelanas de cierto interés, todo en locales y habitaciones de cierto interés … pero nada de auténtico interés. Y otra vez todo con una disposición rara, caótica, con circulaciones extrañas y relaciones entre locales extrañas. Buen ejemplo es la Sala de Baile, sin duda rica en decoración, bonita, vistosa, pero que no es más que una de la cuatro crujías del patio interior, zona de paso abierta en sus dos extremos y discreta de tamaño. Nos dejan a ciegas sobre la parte de servicio (cocinas, caballerizas, etc.), que seguro que también tendría su aquel y complementarían bien el recorrido por la zona noble (imagino que quizá haya desaparecido: será el área administrativa, de almacenes, despachos y todos esos locales que necesita una institución cultural). El jardín está rigurosamente cerrado y no se puede salir.

¿Qué salvo del CERRALBO? Salvar, salvar, lo salvo todo: no es un gran museo, pero es un museo que vale la pena visitar. Quizá lo que más me ha interesado –ya lo decía al comenzar, hablando en general de las casas-museo- es ver (saber más o menos ya lo sabemos, pero otra cosa es verlo, pasearlo, recorrerlo) cómo vivía la clase alta de finales del XIX y arranque del XX: cuáles eran sus gustos, sus aficiones, sus ideales, sus comodidades … y todo eso sí se ve en el MUSEO CERRALBO. Yo no soy especialista, y quizá la colección del CERRALBO sea de primera magnitud. Sospecho, en cualquier caso, que no. Así que no hay que ir allí buscando grandes cuadros. Ni fabulosas esculturas. Ni un edificio de primer orden. Hay que ir para ver un conjunto de interés: las piezas sueltas no lo tienen –o no mucho- pero estar en la casa real (de verdad, una casa vivida) de un caballero real (con nombre y apellidos, con fotos de familia sobre las mesas), da muchas pistas.

Lo que sigue es más un desahogo que otra cosa: no aporta nada, y no hace falta leerlo, pero no quiero acabar sin hacer un comentario sobre la forma de acceso al museo: me pareció "de premio" (surrealista, lo califique la semana pasada en algún comentario). Escribí las líneas que siguen el mismo día de la visita, en caliente, y las he dejado enfriar: finalmente he eliminado algunas cosas, pocas … Comenzaba esta entrada contando que fui al MUSEO CERRALBO un domingo por la mañana (y a partir de aquí el texto escrito hace un par de semanas). Era una hora razonable, no muy tarde: pude salir de casa hacia las diez y media, quizá algo después. La realidad es que diez minutos antes de las once estaba pasando por delante de la puerta y, efectivamente, estaba abierto: algunas personas estaban pasando. Aparqué (en Juan Álvarez Mendizábal, nada más girar la esquina de Ventura Rodríguez), hice una llamada y me encaminé a la puerta. Vi enseguida cierta cola, que me sorprendió porque muy pocos minutos antes no había nada; llegué a la puerta, pregunté (sí, era la cola para pasar) y me puse al final, suponiendo que sería una cola momentánea. Pero de eso nada: hasta tres cuartos de hora estuve esperando: el aforo está limitado a 60 personas, y hasta que no salen los que están dentro no pasan los siguientes. Demencial. Absolutamente demencial. Mientras haces cola no te lo puedes creer. Notas que la gente primero se sorprende y luego se enfada. Alguno incluso se encara con el tipo de seguridad que controla el acceso. Te imaginas salas vacías mientras tú, y muchos contigo, esperáis en la acera con un frío de bigotes … 45 minutos! Es un sistema pensado, como mucho, con los pies, por no citar otras partes de la anatomía. Y lo más gordo es que cuando yo salía, ya casi a la una, en la puerta aún hacían cola, esperando su turno para pasar, personas que yo había visto antes de entrar: podían llevar ahí aproximadamente hora y media! ¿No hay nadie capaz de pensar algo?: hacer grupos guiados para evitar la dispersión de los visitantes, prever recorridos y hacer pases de grupo más frecuentes, por ejemplo; o en esta época nuestra de Internet, donde muchos miramos antes de acercarnos a un museo, intentar organizar un sistema de pases con horario. Algo, lo que sea. Pero aquello, tal y como está, tiene poco sentido.

Hasta aquí lo que escribí entonces. Ahora, con un poco más de sosiego, reconozco que puede ser exagerado. Es verdad que en cualquier información sobre el museo avisan que el aforo limitado; es verdad que por la extraña estructura del CERRALBO es complicado verlo si hay mucha gente (como no hay un sentido claro de la marcha de la visita, se producen cruces constantes); y es verdad que una visita con poco público –a veces está solo en las estancias- es muy grata. Pero me sigo preguntando si algún responsable del museo no podría pensar un sistema más razonable: seguro que si se ponen …

11 comentarios:

loquemeahorro dijo...

Qué buena entrada, joven.

Cuántas veces me he ido de algún museo/exposición así, pensado que a lo mejor era yo, pero que la verdad... no me había convencido demasiado.

Lo de las colas, me parece que te has quedado corto, si lo cuento yo, digo de todo.

Yo que me quejaba del Romántico porque me hicieron dar la vuelta a punto de salir.

pd. Te has olvidado del Museo de mi tío Frick

maribel dijo...

Hola XGaztelu, lo primero gracias por contarlo, y añadir al final eso de las primeras impresiones...creo que cuando vaya le llamaré Cerralbito, jejeje!, tenía razón Loque con lo de museo que siempre está Cerralbo....

Me he reído con ganas por que en alguna visita nos ha pasado lo de colección "mediocre" o lo de quedarte a medias, o lo de bueno este es del autor por que lo pone aquí....

Con lo que me gustan las casas museos seguro que algún día la visitaremos, pero ya sé que no va a ser la primera de la lista.

Por cierto, que con todo lo que yo vendo Bilbao, la sección Románico del BBAA es romanikita, jejeje! uno tiene que saber con quien se compara, pero si eso os hace venir...

Y estoy de acuerdo con Loque el de su tio Frick si merece la pena estar en la lista!!


(Tu aporte de Amsterdam estuvo en primera linea!!, gracias)
Un abrazo ;-)

Doña Umé dijo...

Yo lo visité hace ya bastante tiempo antes de la reapertura, y me pareció maravilloso.
Aquellos espejos venecianos, y la lámpara de cristal de Murano en forma de góndola, el salón de baile, con su palco (o como se diga) para la orquesta de cámara..... y tantos otros detalles que ya no recuerdo.
Estaba tan fascinada, que no me percaté del desorden del que tu hablas.
Tengo muchas ganas de volver a verlo.
En alguna parte, he leído que la balaustrada de la escalera de subida perteneció al Casino de la Reina, ya desaparecido, de la C. Atocha.
Tienes un blog, guapo, guapo....
Un abrazo.

xGaztelu dijo...

LOQUE, por desgracia lo del tío FRICK no ha sido un olvido: estuvo en el texto, con otras casas museo de las buenas –NISSIM de CAMONDO de París, por ejemplo, o la Colección LOBKOWICZ de Praga, recién citada en selecciónARTE- pero finalmente decidí dejar únicamente las que conozco en vivo y en directo, y quitar las que sólo algunos privilegiados (esto también va por ti, MARIBEL: imaginadme con cara de gran envidia) habéis tenido ocasión de visitar. El Museo Romántico –de Madrid- es uno de mis próximos objetivos (no espero gran cosa, la verdad, y me encantaría llevarme una buena sorpresa). Y el Románico –del BBAA de Bilbao- está ya en la lista de pendientes: seguro que es buena.

MARIBEL, me hubiera encantado oíros hablar de Amsterdam ¿no nos lo vais a colgar en YouTube?

DOÑA UMÉ, la verdad es que todo es como dices: allí siguen los espejos, la lámpara, el palco para la orquesta … Por eso me gusta tu comentario, porque puede ser un contrapunto al mío, quizá demasiado radical (aunque desde mi óptica, completamente cierto: la lámpara, por ejemplo, a mi me parece tan excesiva que no es fácil que me guste …). Cualquier opinión –razonable y educada- es bien recibida en selecciónARTE, y más si equilibra el conjunto. La barandilla, si no recuerdo mal lo que leí en el folleto, provenía del Palacio de Las Salesas de Bárbara de Braganza.

xG

Carol dijo...

Ays si yo te contara, casi tres horas me tiré yo de cola!!! fue los días que era gratuito al poco de abrir, y lo peor es que casi nos cierran la puerta en las narices porque media hora antes del cierre ya no dejan pasar a nadie.

Aparte de la malísima organización, a mí no me desagradó tanto como a ti, es cierto que al lado de otras casas-palacio se queda un poco corto. Por ejemplo a mí me gustó mucho más el Museo Romántico. Pero aún así, me pareció que valía la pena verlo, lo que no valía la pena eran tres horas de cola, aunque si las he hecho en la Expo para pabellones que no valían ni para decorados de serie B, en fin. Lo que menos me gustó es el mogollón de cosas qe tienen amontonadas de cualquier manera, que entiendo que el buen hombre fuera coleccionista pero creo que se podría haber distribuido todo con un poco más de gusto. Un abrazo

Doña Umé dijo...

Gracias, XGaztelu, por la aclaración respecto a la barandilla. No estaba yo del todo segura, ya sabes aquello de que a veces uno oye campanas ....

Cuando vayas al Museo del Romanticismo, (como lo llaman ahora) no dejes de visitar el rinconcito donde han puesto el salón de té.
ya comentaremos cuando lo visites.

xGaztelu dijo...

CAROL, la verdad es que mi sensación no fue tanto de desagrado como de decepción, o mejor, de desencanto y desilusión: me dio pena que no fuera mucho más interesante. Y tu experiencia en la cola refuerza mi argumento: algo deberían hacer los responsables, porque tres horas no son de recibo, y ya ni te cuento si encima te acabas quedando fuera … aunque es verdad que hay colas y colas (o mejor, sitios por los que hacer cola y sitios por los que hacer cola).

DOÑA UMÉ, si te digo la verdad, al ver tu comentario he buscado el folleto (tengo la costumbre –que no sé si será manía- de guardar los folletos de casi todo lo que visito) para comprobar la exactitud de mi cometario, que hice de memoria: por suerte no me colé. Me quedo con vuestra recomendación (también lo dice CAROL) sobre el Museo Romántico o, como muy bien dices, del Romanticismo: ya hablaremos.

xG

Anónimo dijo...

A veces me da mucha pena comprobar que, en cualquier tema, la ignorancia puede ser muy osada... intentaré hacer ver que esta crítica al Museo Cerralbo, una de las casas-museo más importantes de nuestro país, peca de simplista y en muchos casos de "poco documentada".

En primer lugar, puedes decir que no te gusta el estilo decorativo del museo, pero en ningún caso mencionarlo como error museológico, ya que si te informas un poco verás que uno de los grandes valores de este museo es conservar las ambientaciones originales en las que el Marqués decidió disponer sus colecciones. Para cualquier observación en este sentido recomiendo un espiritista, en línea directa con el Marqués! El Museo no es caótico, es decimonónico, auténtico, fidedigno. No es comparable a otros de Madrid porque su tipología es diferente. Por ejemplo, el Museo Nacional del Romanticismo no es auténticamente de época, como todos sabréis, es un decorado, una recreación de la época romántica, muy valiosa eso sí, creada por el Marqués de Vega-Inclán. Y el Lázaro Galdiano ha optado, de forma muy científica también, por eliminar los ambientes originales y disponer las colecciones a modo de museo temático. En el caso del Cerralbo se han valorado los ambientes originales de la época, y el trabajo ha merecido el premio Europa Nostra 2008 en la categoría de Conservación del Patrimonio. Son diversas opciones museológicas, todas ellas respetables. Sólo hay que saber apreciarlas.

La colección no es efectivamente de primerísimo orden, no es el Prado, pero hay que reparar en el Greco, en el Zurbarán, en el Tintoretto, Alonso Cano... como pequeños ejemplos de esa pequeña parte de la colección del museo que es la pintura. En otras categorías, la colección también tiene obras singulares.

No es verdad que no haya un recorrido fijado: tanto en el folleto, como en el cuaderno de salas, como en la audioguía, como en los atriles de salas, se muestra claramente la numeración de las salas que fija el circuito y por tanto la circulación de visitantes. Como veis la información es amplísima y renovada, no hay lugar para los malentendidos!

El aforo máximo de 60 personas busca no sólo la conservación preventiva de un patrimonio que es de todos (se trata, no olvidemos, de un museo estatal) y que creo que todos agradecemos que se cuide y conserve, sino también una visita de calidad en la que la gente no esté masificada y pueda disfrutar. Tengamos en cuenta que hay casas museo con listas de espera de meses y años.

Por favor, un poco de cuidado al hacer críticas demoledoras!! Yo visito muchos museos aquí y en el extranjero, y este no me parece tan incómodo de visitar. Claro, intentar entrar sin hacer cola el día gratuito y a media mañana, es dificil. Afortunadamente ahora abren también una tarde, y en futuro puede que más.

Seguid disfrutando de los museos!!!
saludos a todos.

Anónimo dijo...

“cómo vivía la clase alta de finales del XIX y arranque del XX: cuáles eran sus gustos, sus aficiones, sus ideales, sus comodidades … y todo eso sí se ve en el MUSEO CERRALBO …” estas frases son las que en mi opinión reflejan más objetivamente lo que es el museo Cerralbo: un documento histórico que nos permite percibir, a los que no sólo nos interesan las obras de arte y espacios impactantes, la forma de coleccionar y exhibir las colecciones privadas en el siglo XIX. La responsabilidad sobre la adquisición y selección de las obras de arte que contiene y de su distribución y montaje corresponde exclusivamente al marqués de Cerralbo, ya que él fue quien ideó y diseñó hasta el último detalle los ambientes que actualmente se han recuperado y quien recorrió las salas de subasta, almonedas, tiendas de anticuario e incluso el Rastro madrileño para formar sus colecciones.

Y obras únicas, pues no, el Marqués no tenía tanto dinero como los poderosos magnates que generaron los museos extranjeros mencionados en su blog; sus porcelanas no eran de Sèvres del siglo XVIII, las más apreciadas y más caras del mercado del arte de su época (también plagado de auténticas y fabulosas falsificaciones que adornan alguna de esas casas museo) pero tuvo el acierto de reunir obras de arte y artes decorativas entre las que se están descubriendo piezas únicas y singulares, además de contar con conjuntos importantes como el de la pintura madrileña.

El recargamiento en la disposición de las colecciones corresponde exclusivamente al criterio de gusto predominante en la época, que el público no especializado puede además reconocer a través de las ambientaciones de época recreadas en películas basadas en novelas como la “Edad de la inocencia”. Respecto al sistema de acceso, posiblemente no sea el más acertado, pero es lo que hay, por ahora.

El visitante del Museo Cerralbo cuando asciende al piso principal realiza el mismo recorrido que los invitados a las cenas y veladas celebradas en esa mansión si bien no puede ser atendido personalmente por el marqués de Cerralbo, historiador, arqueólogo y eterno idealista en la labor de transmitir cultura.

xGaztelu dijo...

ANÓNIMO de las 13:04, lo primero es agradecer tu extenso comentario, interesante y aclarador: se nota que sabes mucho, y que sabes del CERRALBO, incluso parece que tienes directamente que ver con el Museo, lo cual, si es verdad, me alegra: alguien se preocupa de las opiniones de los demás!

Lo segundo, decirte que soy un amateur: si has echado un vistazo a algo más de selecciónARTE lo habrás visto enseguida. Me gusta, disfruto, visito museos y exposiciones con frecuencia, intento aprender … pero no soy un especialista. Y por eso mi opinión no es más que eso, una opinión; que, por cierto, no quería ni de lejos ser demoledora: procuro evitar siempre lo negativo por lo negativo (siempre hay cosas que aplaudir en cualquier iniciativa de este estilo), pero ya se ve que no lo conseguí. En la entrada intenté ser ponderado, y señalar que efectivamente estamos ante un edificio singular que, sin duda, vale la pena visitar, y que está magníficamente restaurado. Pero a la vez me pareció que no es el no va más. Simplemente me llevé un buen chasco. Todo lo que señalas es verdad, pero sigo creyendo que el fondo de lo que yo digo también lo es.

Aunque sea una cuestión sin importancia, no puedo coincidir contigo sobre lo que dices del día gratis a media mañana. Parece que pretendía entrar cómodamente, en el mejor horario, y encima de gorra. No era media mañana (el museo llevaba apenas una hora abierto) y si fui un domingo es porque para cualquiera que trabaja el horario del museo es muy poco afortunado. Como comprenderás, tres euros (¿eran tres?) no van a ningún sitio, y los pagaría encantado por ver el CERRALBO. En cualquier caso me alegra que ya abra un día por la tarde, y que los responsables estén (¿estéis?) pensando en ampliar horario.

xG

xGaztelu dijo...

ANÓNIMO de las 13:44 (no sé si sois el mismo ...), creo que todo lo dicho arriba, vale y contesta a lo que dices. Es más, pienso que tu comentario confirma lo que digo en la entrada. Te cito: “La responsabilidad sobre la adquisición y selección de las obras de arte que contiene y de su distribución y montaje corresponde exclusivamente al marqués de Cerralbo, ya que él fue quien ideó y diseñó hasta el último detalle los ambientes que actualmente se han recuperado y quien recorrió las salas de subasta, almonedas, tiendas de anticuario e incluso el Rastro madrileño para formar sus colecciones."; "Y obras únicas, pues no, el Marqués no tenía tanto dinero como los poderosos magnates que generaron los museos extranjeros”; “El recargamiento en la disposición de las colecciones corresponde exclusivamente al criterio de gusto predominante en la época”. Esa fue mi impresión: un caballero que le gusta y le interesa, que no es un grandísimo especialista ni una persona con una capacidad económica tremebunda, que según su gusto y el gusto imperante en la época, colecciona. Pero no una gran colección.

Si en alguna ocasión se organizan buenas visitas guiadas, serias y un poco profundas, procuraré asistir y mirar el CERRALBO con otros ojos. Otra vez gracias por vuestros comentarios,

xG