lunes, 3 de enero de 2011

TEA, TENERIFE ESPACIO DE LAS ARTES, de HERZOG & DE MEURON ARQUITECTOS, en SANTA CRUZ DE TENERIFE

A mediados del mes pasado tuve que hacer un viaje a Canarias. Una cosa rápida: un día en Tenerife y otro en Gran Canaria. El trabajo tinerfeño me ocupó toda la mañana y el medio día -la comida- de un viernes, y antes de subir al aeropuerto para saltar a la otra isla me quedaba más o menos hora y media en Santa Cruz, tiempo que aproveché para visitar el TEA, TENERIFE ESPACIO DE LAS ARTES, un Centro Cultural proyectado y construido por los arquitectos suizos JACQUES HERZOG & PIERRE de MEURON. En un viaje anterior lo había visto en obras, y tenía muchas ganas de visitarlo acabado.

El TEA se sitúa junto al Barranco de Santos, en la parte baja de Santa Cruz, y contiguo al MUSEO DE LA NATURALEZA Y DEL HOMBRE. Es un edificio alargado, paralelo al barranco, que se adapta al terreno que va cayendo hacia el mar. Aunque el edificio una vez pensado es relativamente sencillo, la primera impresión es de una complejidad notable.

El volumen general está formado por dos piezas distintas, una triangular y otra irregular, cuyas cubiertas se tocan –casi casi sólo se rozan- en dos puntos; entre ambas piezas se configura un patio, también triangular. Precisamente en los puntos de contacto de las cubiertas están los accesos al conjunto, por los que se nos permite el paso desde el exterior. Un paso permanente abierto: realmente el recorrido por el interior del TEA es una comunicación más entre dos zonas de la ciudad, un recorrido urbano siempre accesible al ciudadano, que atraviesa el TEA como quien circula por la calle cuando va al trabajo o pasea por el parque cuando quiere despejarse.

La imagen exterior es muy hermética, una masa enrome (de un material que me pareció hormigón con un acabado rayado que no sé con precisión qué es, pero podría hacer referencia a piedra volcánica de color gris oscuro) que se perfora en pequeños huecos con formas geométricas pero irregulares, como piezas de Tetris, que recuerdan a la pixelación de una imagen. Esos pequeños huecos varían de densidad en función de las estancias que encierran: más en unos sitios y muy pocos en otros. Y varían también de aspecto en función de la hora del día en las que los veamos: mientras hay luz en el exterior –esa intensa luz de las Islas Canarias- son pequeños espejos que relejan fragmentos de luz o de ciudad; de noche, en cambio, son troneras por las que se asoman cientos de luces amarillentas que perforan el muro oscuro.
Al recorrer ese paseo interior del que hablábamos arriba, que es entrar en el TEA pero en el que todavía no entramos, todo cambia: accedemos a la plaza triangular (desgraciadamente cubierta con toldos, aunque también supongo que necesariamente cubierta para evitar el calor y exceso de luz) y encontramos una imagen completamente opuesta, permeable, en la que abarcamos gran parte del espacio interior, aunque todavía no logramos entenderlo del todo …

Si accedemos propiamente al interior, los recorridos siguen siendo un punto fuerte del TEA: el edificio nos obliga llegar hasta el final del profundo vestíbulo, donde nos espera la escalera, y desde allí subir o bajar para volver sobre nuestros pasos, aunque en planos distintos: un piso por encima si queremos ir a al salón de actos o uno por debajo si lo que queremos es llegar a la biblioteca. Es obligatorio citar ahora el pasillo del piso superior que acaba en el techo, y obligatorio verlo para entenderlo (la foto no termina de aclarar el asunto; en cualquier caso, aquí dejo muchas más). No tuve ocasión –ni tiempo- de ver las salas de exposiciones, pero sí la maravillosa biblioteca, un espacio que me pareció conseguidísimo dividido en tres partes: dos piezas laterales con techo alto –altísimo- que son las que se asoman a los lados de la plaza triangular de la que ya hemos hablado; y otra central, más baja, cuyo techo es precisamente el suelo de la plaza … Uno de los laterales queda abierto a un patio con vegetación y un mural que no puede apreciar con calma, y el otro se abre hacia el barranco por ese enorme conjunto de “huecos-píxel” con formas y tamaños diversísimos. Y desde aquí salimos de nuevo a Santa Cruz.

Antes dije que el TEA es relativamente sencillo aunque la primera impresión es de una complejidad notable: la misma complejidad que tiene contar cómo es el edificio. Sospecho que mi descripción resulta un tanto/bastante confusa (y eso que apenas he hablado de los espacios, continuos y ricos, ni de los materiales); además, no he sido capaz de encontrar planos (plantas y, sobre todo, secciones) que ilustren la entrada. Por un lado siento esta confusión, porque me ha parecido una pieza de una calidad que no soy capaz de transmitir: es de esos edificios que hay que ver y, sobre todo, recorrer; pero por otro lado, en cambio, no la siento casi nada, porque esta dificultad para describir el TEA responde directamente a la riqueza conceptual y espacial que tiene: un edificio que sin ser el no va más está francamente conseguido.

5 comentarios:

el viajero impresionista dijo...

Hola, muy interesantes tus comentarios sobre el TEA. Personalmente creo que es una intervención muy agresiva con el entorno donde se situa (zona de La Noria, Mercado de NªSª de áfrica, etc.), de noche se suaviza y ofrece una visión más tenue desde el otro lado del barranco. Saludos

Lillu dijo...

Aunque es un edificio bastante bonito, opino que el Viajero impresionista puede tener razón en lo de que rompe algo con el entorno arquitectónico, más colonial, creo. Supongo que lo han construido teniendo en cuenta la moda actual, más minimalista, con grandes bloques y espacios.

Yo suelo ir al TEA a coger libros a la biblioteca, pero creo que las actividades en ese espacio deberían ser gratuitas y no lo son, así que tampoco lo frecuento mucho más.

saluditos!

xGaztelu dijo...

VIAJERO, gracias por asomarte a selecciónARTE, y por el comentario. Leyendo lo que dices se ve que conoces la ciudad, y tu opinión coincide con la de LILLU, que vive allí. Yo, aunque he estado unas cuantas veces en Santa Cruz, no la conozco con tanto detalle que me permita valorar cómo encaja el TEA en el entorno, pero ya se ve que debe ser como decís. Mi impresión fue que el edificio al exterior dice poco: es significativo que las mejores fotos que hay nunca son “a altura de peatón” –todas resultan sosas- sino aéreas: es ahí donde se entiende el proyecto, y se valora. Por fuera sólo la multitud de pequeños huecos me llamaron la atención. En cambio, el interior sí que me parece muy interesante.

LILLU, sobre la gratuidad de las actividades, no puedo decir nada: es política del TEA …

xG

Anónimo dijo...

Hola,
gracias por el comentario. Vivo en Santa Cruz de Tenerife y siempre he pensado que el lujo del TEA es poco valorado entre los locales. Me alegra ver que la crítica reconoce esta pequeña genialidad, concebida como un paseo por la luz y la solemnidad del conocimiento (biblioteca) al que se acerca a su interior. La fachada al barranco simula el pixelado, efectivamente, de una vista del mar y su cielo.

xGaztelu dijo...

ANÓNIMO, gracias por tu comentario: efectivamente, tenéis en Santa Cruz un edificio magnífico (muchísimo mejor que está entrada, por supuesto: la he releído y me ha parecido caótica!). Desde aquel viaje no he vuelto a Canarias ...

xG