jueves, 3 de junio de 2010

EL CENTRO GALLEGO DE ARTE CONTEMPORÁNEO en SANTIAGO DE COMPOSTELA, de ÁLVARO SIZA VIERIA





Aunque he trabajado bastante la obra publicada de ÁLVARO SIZA, que es abundantísima, no había visto ninguna obra suya en directo. Por eso, al saber que debía ir a Santiago una de las cosas que me vino a la cabeza fue su museo. No era una de mis prioridades, pero desde luego fue una de las muchas posibilidades que me rondaban. Pude ver el CGAC y, sintiéndolo mucho, he de decir que me defraudó.

Para los menos iniciados, ÁLVARO SIZA es uno de los grandes nombres de la arquitectura de la última mitad del XX, que todavía sigue construyendo. Portugués (nace en Matosinhos en 1933), ha realizado gran parte de su obra en Portugal pero también tiene mucha obra fuera: en España (sin ir más lejos, ahora mismo está trabajando en Bilbao junto al GUGGENHEIM) y en toda Europa. Yo reconozco que no es el portugués que más me atrae (SOUTO DE MOURA, por ejemplo, me interesa más) pero reconozco que SIZA ha impulsado la arquitectura portuguesa y tiene indudable calidad. ¿Su estilo? yo lo calificaría de racionalista, aunque sin duda evolucionado hacia un formalismo muy singular, que en algún sitio he visto apodado de manierista. Sus plantas, y en cierta medida sus alzados e incluso sus espacios, están llenos de ejes que se cruzan, de ángulos, de diagonales, de entrelazamientos; los dibujos de sus plantas recuerdan en ocasiones a cuadros cubistas. Los bordes de sus obras suelen tener tratamientos singulares: viseras, vuelos, porches. Los exteriores se introducen en las obras: patios, incisiones, lucernarios y huecos. Materiales blancos inmaculados en los paramentos (pinturas, mármoles) y maderas en los suelos. Las circulaciones tienen en la mayoría de las ocasiones una importancia clave en la concepción y organización del proyecto. A mi me recuerda en ocasiones a ALVAR AALTO en planta y a ADOLF LOOS en alzados.

Entre 1988 y 1993 construyó en Santiago de Compostela el CENTRO GALLEGO DE ARTE CONTEMPORÁNEO. Como tantas veces, juega con dos ejes que forman un ángulo entre sí y generan formas triangulares tanto en las plantas como en los alzados y en los espacios. El proyecto publicado resulta interesante, pero visitado, recorrido, me ha parecido forzado, quizá excesivamente manierista, con demasiados guiños innecesarios.

El exterior tiene cierto interés, tan hermético y tan granítico, tan monolítico. Pero en seguida uno tiene sensación de golpes de efecto superfluos: el porche de acceso que no llega apoyarse directamente en el suelo, ese hueco singular que se asoma junto a la entrada que en el interior no resulta ser casi nada (la bajada a un sótano donde sólo hay aseos), la falsa puerta de piedra ... Cuando uno entra el desconcierto es mayúsculo, porque nota que la arquitectura le lleva hacia un lugar donde seguro que no quiere ir, hacia la tienda y a la cafetería: un plano de pared girado y muy próximo a las puertas dirige al visitante en sentido equivocado; el visitante tiene que preguntar, y le contestan –como a tantos antes que a uno, a juzgar por el automatismo del personal- que debe ir hacia el otro lado para acceder por un hueco relativamente pequeño a un vestíbulo raro, por grande y por vacío. Allí un larguísimo mostrador de mármol blanco te recibe (mientras te preguntas si aquello se compra por metros, o tiene algún sentido su exagerada longitud...). La doble altura triangular, extraña; el hueco –o quizá rehueco, porque se abre y se abre y se abre sobre si mismo- raro, un poco forzado, sin mucha explicación ni sentido, que se asoma desde/sobre las escaleras; la poca claridad de las circulaciones; el poco interés de las salas, al menos de lo que se veía de las salas; ese no poder llegar a la cubierta, que parece que tiene una buenas vistas hacia la ciudad; y para colmo de males la obra que ahora se expone (el italiano GILBERTO ZORIO, al que desconocía y a quien no dediqué ninguna atención, todo sea dicho), que obligaba a deformar mucho las salas y, lo que es peor, a cegar todos los lucernarios de la planta alta: esos difusores de luz que podían tener interés estaban tapados! ... En fin, que nada me llamó la atención; o mejor, casi todo me extrañó, me defraudó. He de reconocer que quizá no tuve mucha suerte con la instalación de las obras que ahora se exponen, y en otras ocasiones el museo es más claro y más vistoso, pero esperaba mucho más de SIZA.

Al exterior, el CGAC está arropado por un jardín, también proyecto de SIZA: el PARQUE DE BONAVAL (el nombre lo hereda de la contigua iglesia de Santo Domingo de Bonaval, ahora –si no me equivoco- MUSEO DEL PUEBLO GALLEGO). Resuelto a base de terrazas verdes comunicadas, tiene interés; además, hay una escultura de CHILLIDA: quizá no el mejor CHILLIDA, pero siempre es grato encontrar a un genio.

A pesar de todo, el poco éxito del CENTRO GALLEGO DE ARTE CONTEMPORÁNEO no me desanima: hice el propósito de ver más SIZA.


CENTRO GALLEGO DE ARTE CONTEMPORÁNEO.Rúa Valle Inclán s/n.
15704 Santiago de Compostela