jueves, 15 de mayo de 2008

OUKA LEELE, FOTOGRAFA, EN EL MUSEO DEL TRAJE



La fotografía siempre me ha parecido compleja de análisis. Cuando uno ve fotos bonitas, o incluso buenas, (cada vez se ven más, en muchos foros) se plantea dónde está ahí el genio artístico. Porque no basta que algo sea bonito para que sea arte: un lirio es bonito, perfecto, pero no es una obra de arte; no basta que la gran escala ponga delante del espectador una imagen poderosa, potente; no basta que la técnica sea correcta, incluso perfecta. Así podríamos seguir, pero no lo haré. Además de todo eso –que sí hace falta- el arte tiene que decir y conmover al espectador, transformándole y enriqueciéndole. Yo pienso que cualquier expresión artística debe transmitir un mensaje (que no es lo mismo que provocar un sentimiento): es un hablar con, un decir a, una necesidad de expresión y, a veces, una expresión necesaria. Con sus fotos, OUKA LEELE lo consigue. Sus fotos hablan. A veces con muchas palabras (El Principito), a veces con muy pocas (El alma de Lisboa), a veces de forma tierna (La escalera de Jacob) y casi nunca a gritos.

Apenas encontramos en esta exposición las conocidas fotos coloreadas de OUKA LEELE. Mucho blanco y negro y algo de color. Que nadie se la pierda.

Otro día trataré el MUSEO DEL TRAJE, porque se lo merece.