viernes, 18 de enero de 2013

HORAS VENECIANAS, de HENRY JAMES


Descubrí HORAS VENECIANAS en la librería por pura casualidad, y me lo traje a casa de inmediato: VENECIA es uno de los destinos imprescindibles que aún tengo pendientes, y al verlo pensé “ya que no voy, por lo menos leo”.

HORAS VENECIANAS recopila cinco textos de HENRY JAMES sobre una ciudad que el escritor conocía al dedillo. He disfrutado mucho, muchísimo: recorrer VENECIA de la mano de JAMES y descubrir sus palacios, sus iglesias, sus canales, sus pintores, sus gentes, es un lujazo. No me resulta nada fácil elegir una cita que sirva de ejemplo, porque al acabar la lectura de HORAS VENECIANAS en mi ejemplar hay más partes subrayadas que sin subrayar. Copio esta, a pesar de ser un poco … JAMES:

“Cuando conocí en la Piazza la misma noche de mi llegada a un joven pintor norteamericano [yo aquí leo sin dificultad un arquitecto español: lo de joven ya se me ha pasado] que me dijo que llevaba todo el verano en el mismo lugar donde lo encontré, sentí ganas de agredirle por pura envidia. Estaba pintando en ese momento el interior de San Marcos. Ser un joven pintor norteamericano [un arquitecto español] impasible ante el alma burlona y evasiva de los objetos y satisfecho con su forma y superficie intactas bañadas por el sol; de mirada inquisitiva; aficionado al color, al mar y al cielo y a todo lo que puede suceder entre ellos; al encaje y al brocado y al mobiliario antiguos (aunque estén hechos a medida); a las armonías suavizadas por el tiempo sobre los lienzos anónimos y a los alegres perfiles de viejos grabados baratos; a pasar las mañanas en pausado y provechoso análisis de las apiñadas sombras de la Basílica, a las tardes en cualquier parte, ya sea en una iglesia o una plaza, en un canal o en la laguna, y a las noches de charla bajo las estrellas en Florián, sintiendo la brisa marina latir lánguida entre las dos enormes columnas de la Piazzetta y sobre las bajas cúpulas negras de la iglesia —ésta es, a mi entender, la máxima felicidad que se puede alcanzar conservando la razón—.”.

Me ha hecho mucha gracia ver cómo en 1880 pensaban exactamente igual que hoy: VENECIA fue magnífica, y el turismo se la está cargando; ya se ve que no hay nada nuevo bajo el sol.

Recomiendo vivamente la lectura de este librito, apenas 170 páginas tamaño octavilla: una delicia. Por cierto, no conocía ABADA EDITORES, pero me han gustado. ¡Y tendré que poner pronto remedio a este agujero en mi geografía, digo yo!

Para acabar no puedo dejar de deciros que, con EVELYN WAUGH tan reciente en mi memoria, necesariamente me ha venido a la cabeza la temporada que Charles Ryder y Sebastian Flyte pasan en la ciudad de los canales en compañía de Cara, 40 años después de que HENRY JAMES estuviera por allí:

Cenamos en una mesa de mármol en el hueco de las ventanas. Todo en la casa era de mármol, terciopelo o yeso mate y dorado. Lord Marchmain preguntó:

-¿Y cómo pensáis emplear vuestra estancia? ¿Nadando o haciendo turismo?

-Haciendo algo de turismo, al menos -respondí.

-A Cara le gustará eso... Ella, como te habrá dicho Sebastian, será vuestra anfitriona aquí. No podéis hacer las dos cosas, ya sabéis. Una vez que hayáis puesto los pies en el Lido no hay escapatoria: uno se pone a jugar al chaquete, a hacer tertulias en el bar y a aturdirse con el sol. Más vale visitar las iglesias.

-A Charles le interesa mucho la pintura.

-Ah, ¿sí? -Y yo capté un matiz de profundo aburrimiento que tan bien conocía en mi propio padre-. ¿Sí? ¿Algún pintor veneciano en particular?

-Bellini -contesté, un tanto al azar.

-¿Sí? ¿Cuál de ellos?

-Lo siento; ignoraba que hubiera dos.

-Tres, para ser exacto. Descubrirás que durante las grandes épocas artísticas la pintura solía ser un negocio familiar.

(…)

Después de cenar salimos del palacio por una puerta lateral, paseamos por un laberinto de puentes, plazas y callejuelas, hasta llegar a Florian y tomar allí un café mirando a las gentes de cara seria que transitaban por delante del campanario.

(…)

La amante de lord Marchmain llegó al día siguiente. Yo tenía diecinueve años y lo ignoraba todo sobre las mujeres. Con toda seguridad, habría sido incapaz de reconocer a una prostituta en la calle. Por lo tanto, no era indiferente al hecho de vivir bajo el mismo techo con una pareja adúltera, pero a mi edad era ya capaz de disimular mi interés. La amante de lord Marchmain, en consecuencia, me halló sumido en un mar de sentimientos contradictorios respecto a ella. En principio, su apariencia física defraudó todas mis expectativas. No era una voluptuosa odalisca a lo Toulouse-Lautrec ni lo que podría llamarse una «leve mariposa», sino una mujer de mediana edad, bien conservada, bien vestida y bien educada, parecida a las que había visto en innumerables reuniones mundanas y a las que ocasionalmente había conocido. Tampoco parecía marcada por ningún estigma social. El día de su llegada almorzamos en el Lido y la saludaban desde casi todas las mesas.

-Vittoria Corombona nos ha invitado a todos a su baile del sábado.

-Es muy amable de su parte. Sabes que yo no bailo -dijo lord Marchmain.

-Pero ¿y los muchachos? Es algo digno de ver... El palacio Corombona iluminado para el baile... Quién sabe cuántos más bailes de éstos habrá...

-Los muchachos pueden hacer lo que quieran. Nosotros debemos declinar la invitación.

-Y he invitado a la señora Hacking Brunner a comer. Tiene una hija encantadora. A Sebastian y a su amigo les gustará.

-A Sebastian y a su amigo les interesa más Bellini que las herederas.

-Pero ¡si eso es lo que siempre he deseado! -exclamó Cara, cambiando de táctica hábilmente-. He estado aquí innumerables veces y Alex ni siquiera me ha dejado ver el interior de San Marcos. Nos convertiremos en turistas, ¿eh?

Y nos convertimos en turistas. Cara consiguió que hiciera de cicerone un minúsculo noble para quien todas las puertas se abrían, y con él a su lado y la guía del viajero en la mano, ella nos acompañó a contemplar los abrumadores esplendores del lugar, flaqueando a veces, pero sin perder en ningún instante su aire pulcro y prosaico.

Los quince días en Venecia pasaron rápida y dulcemente..., quizá demasiado dulcemente. Me estaba ahogando en miel, sin sentir el aguijón. Algunos días la vida discurría a la misma velocidad que las góndolas, cuando avanzan por los canales laterales, mientras el barquero emite a modo de aviso su grito de pájaro quejumbroso y musical. Otros días, la lancha saltaba sobre la laguna con su estela de espuma iluminada por el sol. Conservé un recuerdo confuso de sol ardiente sobre arena y de frescos en interiores de mármol; de agua por todas partes, lamiendo la piedra pulida, reflejada en una mancha de luz sobre los techos pintados; de una noche en el palacio Corombona como las que pudo haber vivido Byron; de otra noche byroniana pescando scampi en los bajíos de Chioggia -la estela fosfores­cente de la pequeña barca, la linterna balanceándose en la proa, y la red que izamos llena de algas, arena y peces que rebullían-; de melón y prosciutto en el balcón al fresco de la madrugada; de pan y queso calientes y cócteles de champaña en Harry's.

Recuerdo cuando Sebastian alzaba la mirada hacia la estatua de Colleoni y decía:

-Es triste pensar que, pase lo que pase, tú y yo nunca nos veremos envueltos en una guerra. (EVELYN WAUGH, RETORNO A BRIDESHEAD, TUSQUETS EDITORES/Colección FÁBULA, 4ª edición 1998, 104-106).

8 comentarios:

Elena Rius dijo...

¡Qué fragmentos más evocadores! Venecia es única. Sólo recomendarte que no vayas en plena época turística. Mejor una escapada cualquier fin de semana de invierno: el encanto de la laguna bajo la bruma es incomparable.

Varenka dijo...

Vale, Horas... venecianas, ya he tomado nota. Y me estrenaré con Henry James, que ya va siendo hora.

Se agradece la parte de Retorno a Brideshead.

Maribel dijo...

Hola XGaztelu tengo que confesar que al ver tu entrada se me ha colado en la cabeza, sin quererlo, otro personaje de ficción, la mujer del comisario Brunetti en Venecia, profesora de literatura y que admira en especial a Henry James.
Es curioso, como parecía ella la que respondía a tus afirmaciones, al igual que E.Waugh ha entrado en tu entrada para recordarme el Florian, el Harry´s y los tres Bellini (más bien cuatro, ya que el Bellini es hoy uno de los coctéles de champán más famosos en el Harry´s, jajaja ;-)
Un abrazo y gracias por traerme a Venecia a la memoria, tengo una copia de un Canaletto a mi espalda, y en este momento no me cuesta nada imaginarte en San Marcos tomando notas..
El Guisante Verde Project

xGaztelu dijo...

Gracias por el consejo, ELENA: iré cuando encuentre hueco (hueco que llevo buscando años …) pero desde luego me atrae mucho más la visión de VENECIA de TURNER, brumosa y algo misteriosa, que la de MARTÍN RICO (que acabo de ver en el PRADO), con una luz que parece Valencia …

VARENKA, ya sabes que RETORNO nunca falla, es una referencia habitual.

MARIBEL, ojalá esa imagen tuya –verme tomado apuntes en San Marcos- acabe siendo realidad: VENECIA es uno de los destinos que por una cosa o por otra se me está resistiendo, y ya se ve que hay mucho mucho mucho que hacer/ver allí (por cierto, he leído muy poco de DONNA LEON).

xG

teresa dijo...

Yo me he vuelto a transportar a esa tarde que yo llegué a la piazza y el sol iluminaba la fachada de la catedral,parecía un encaje, la plaza tenía agua y tuvimos que caminar por unas mesas que ponen para que no te mojes. Había dejado de fumar hacía muy poco y contemplando esa maravilla me apeteció fumarme un cigarrillo allí extasiada. No lo hice jeje.
yo estuve en febrero antes de carnaval y no sabes las nieblas.
Una maravilla. El libro ya lo tengo apuntado
Un saludo
Teresa

xGaztelu dijo...

TERESA, no puedo negar que tu comentario me ha dado envidia: espero poder disfrutar yo también de esa experiencia (aunque este año lo de la semana de carnaval ya no va a ser posible: me tendría que ir inmediatamente!).

xG

teresa dijo...

Yo creo que en pleno carnaval verías una Venecia diferente, a mi me gustó la Venecia tranquila que yo conocí. aunque ya había movimiento carnavalero y era maravilloso ver esas máscaras en los escaparates.
De todas formas creo que Venecia es impagable.
Un saludo
Teresa

xGaztelu dijo...

TERESA, como dices cada momento tendrá "su aquel". Yo, me apuntaría a todos: Venecia en verano, Venecia en invierno, Venecia brumosa, luminosa, tranquila o de carnaval ... pero por ahora tengo que ir, cuando sea!

 xG