miércoles, 16 de julio de 2008

MUERTE DE UN CICLISTA, de J.A. BARDEM


No estoy comentado cine en seleccióARTE: la verdad que no veo muchísimo, y lo que veo es entretenido, bueno a veces, pero no encaja con lo que pretendo hacer en este blog (ya dije en su día que no trato de reseñar estrenos: ya hay muy buenos blogs en la red que lo hacen). Pero eso no quita que de vez en cuando sí me interese hablar de alguna película. A punto estuve de decir dos palabras sobre la increíble recreación de Nueva York en SOY LEYENDA, de WILL SMITH: las primeras escenas me impresionaron mucho, casi tanto como me defraudaron las últimas ... y ahí se quedaron –en el tintero- los comentarios sobre unas imágenes de la ciudad abandonada que, la verdad, son magníficas.

Ahora acabo de ver MUERTE DE UN CICLISTA, y creo que sí vale la pena que deje constancia en selecciónARTE. Es claramente una película de su época, 1955; el aire y la forma de hacer cine, sin duda la de HITCHCOCK: el ritmo de entonces, la música de entonces, el montaje de entonces, el blanco y negro de entonces. Pero las pasiones humanas siguen siendo las mismas hoy que entonces, y me parece que BARDEM acierta a reflejarlas con precisión. No es una película ambiciosa, de amplios escenarios y acción grandilocuente. Para nada. Es una película donde la generosidad algo ingenua (la de Juan) y la bondad (la de la madre de Juan, la de Matilde) se enfrentan al egoísmo en estado puro (el de María José), a la envidia (la de Rafael Sandoval) y a la simpleza (la de la buena sociedad que representa la hermana de Juan), como en la vida misma. Esa lucha –la eterna, la de siempre, la de los clásicos- si está hecha con habilidad siempre tiene interés; y en este caso lo está.

La escena de Juan y María José en el hotel tiene un encuadre sensacional; la de la venganza de Rafael delatando a los amantes en la fiesta flamenca está llena de una tensión lograda; los diálogos entre María José y Rafa, rápidos y plagados de sobreentendidos, son magistrales. Los primeros planos, muy expresivos. La actuación de Lucía Bosé, conseguidísima.

Pero sobre todo quería hacer una referencia al tan manido carácter anti-régimen de la película, que muchos reivindican en clave de ricos-malos/pobres-buenos: clase alta completamente insensible a lo que pase en su entorno y dispuesta a todo con tal de no perder sus prebendas, su dinero y su poder; sociedad nepótica donde un buen cuñado puede conseguir cualquier cosa; y juventud rebelde dispuesta a cambiar el sistema.
Bueno, cada uno es muy libre de interpretar las cosas como quiera, a través de su canuto particular... yo prefiero no hacerlo de manera tan elemental. Algo de lo que se ha dicho hay, sin duda (y los censores debieron ver en su momento para calificarla de gravemente peligrosa), sería tramposo negarlo. Pero igual que las pasiones que muestra la película están presentes en todas las sociedades y ambientes, la realidad social que refleja no es, ni mucho menos, particular del franquismo, hasta el punto que la película funcionaría igual en una época distinta: desde la corte de Luis XIV a la CUBA de CASTRO pasando por las mafias rusas o las pasarelas de las top-model, o uno tiene unas firmísimas convicciones morales y el empeño decidido de hacer el bien a costa de cualquier cosa, también de lo personal (lo que no suele pasar en la mafias, ciertamente), o el intento de mantenerse arriba caiga quien caiga forma parte de las reglas del juego, con o sin dictadura: la condición humana, ya se sabe.