De nuevo en ARCO. Y, de nuevo, poco nuevo que ver.
Eso sí, este año he tenido una sensación de mayor serenidad y una selección de obras más cuidada que otros años. Mientras recorría los Pabellones 8 y 10 de IFEMA me iba preguntando si esa falta de novedades (y lo digo en el peor sentido) es sosería, es falta de creatividad, o es justamente lo contrario: sentido común. Porque -razonaba conmigo mismo: este año he ido solo a ARCO, y es una lástima- cuando el dinero corre a raudales, uno puede exponer lo que le dé la gana; pero cuando "la-cosa" está más justa, ya no se puede jugar tan alegremente al todo vale. No, vale lo que vale. Y el resto hay que dejarlo escondido en el almacén para momentos de vacas gordas (que vaya usted a saber cuándo volverán).
Supongo que alguno me podría crucificar por lo que acabo de escribir, y sé que lo que digo es tremendamente matizable -necesitaría varias entradas para explicarme con precisión- pero de la misma manera que el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio, quizá también las crisis sirvan para separar a las ovejas de los cabritos.
En cualquier caso, como siempre, estoy encantado de haber podido visitar ARCO 2013, interesante y enriquecedor, y agradecidísimo a quien me facilitó la invitación.







