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viernes, 27 de julio de 2012
LA PISCINA, de YOKO OGAWA
Otro libro brevísimo que se lee de un tirón y que tiene su encanto. La contraportada dice:
Aya es una adolescente cuyos padres dirigen un orfanato. Se siente desgraciada y sola, abandonada por sus progenitores, volcados en su misión. Su único placer consiste en acudir a escondidas todos los días a la piscina para espiar el cuerpo de Jun —un chico del orfanato— cuando efectúa sus saltos de trampolín… Este relato de una fascinación nos sumerge paulatinamente en una atmósfera mágica y perturbadora gracias a la descripción objetiva de la perversidad de unos seres inocentes y frágiles en busca de su propia identidad, divididos entre su deseo de pureza y de plenitud serena y su tendencia a la crueldad frente al otro.
LA PISCINA habla sobre la bondad y la no-bondad (decir maldad me parece exagerado), y me ha recordado aquello de los clásicos: todo lo que se recibe es recibido según el modo del recipiente. Para los buenos (Jun) todo es bueno, y para los no tan buenos (Aya) …
Muchos habréis leído LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR, de la misma autora y también publicada por FUNAMBULISTA: LA PISCINA no está tan conseguida, y no es propiamente una novela sino un relato, pero pienso que a quien le gustó la primera también le gustará ésta.
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jueves, 16 de junio de 2011
¡VIVIR!, de YU HUA

He leído poca literatura china. Por eso, cuando me recomendaron ¡VIVIR!, sólo me sonaba la película de ZHANG YIMOU, aunque tampoco la había visto … Quien me la dejó –el mismo que me pasó TU ROSTRO MAÑANA- me dijo: “es tu novela”, y ante semejante afirmación me entró curiosidad y me puse a leer en cuanto acabé con LONDON. No sé cuál es el motivo por el que mi proveedor me ha asociado a ¡VIVIR!, pero la verdad es que acertó: me ha gustado mucho.
¡VIVIR! cuenta la vida de Xu Fugui, un individuo que en los años 40 pierde en el juego la fortuna familiar, y a partir de entonces vive en toda su crudeza las peripecias de la reciente historia China: la guerra, la llegada de MAO al poder, la revolución cultural … La vida de Fugui y su familia es dramática, todas las calamidades van llegando sin dejarles apenas un momento de respiro: deshonor, guerra, pobreza, hambre, enfermedad, muerte. Pero al final de su vida (Fugui nos cuenta toda su trayectoria en primera persona cuando ya es un anciano al que sólo acompaña un buey) es un hombre que ha sobrellevado los reveses con lágrimas y sufrimiento –no le quedó otro remedio- pero a la vez está conforme con la vida que le ha tocado: no me atrevo a escribir que está feliz, pero tampoco está simplemente resignado.
¡VIVIR! es una novela llena de fuerza. Cuando uno comienza a leer parece que la historia no dará para mucho, pero a medida que avanza va creciendo y acaba resultando poderosa. Es una novela conmovedora con un protagonista entrañable. No es alegre, pero tampoco es triste. Es de esas novelas en las que el destino es mal aliado, muy malo, pero el protagonista sabe asumirlo, y en lugar de desesperarse va encajando los golpes porque sabe que es el único camino para sobrevivir.
¡VIVIR! no disecciona con detalle la historia China como lo hacen otras novelas (la interesantísima CISNES SALVAJES, de JUNG CHANG, por ejemplo), pero nos da una idea muy certera de los sufrimientos que ha sufrido el pueblo chino por culpa del comunismo. Además, está muy bien escrita. Yo la recomiendo, sin ninguna duda.
¡VIVIR! cuenta la vida de Xu Fugui, un individuo que en los años 40 pierde en el juego la fortuna familiar, y a partir de entonces vive en toda su crudeza las peripecias de la reciente historia China: la guerra, la llegada de MAO al poder, la revolución cultural … La vida de Fugui y su familia es dramática, todas las calamidades van llegando sin dejarles apenas un momento de respiro: deshonor, guerra, pobreza, hambre, enfermedad, muerte. Pero al final de su vida (Fugui nos cuenta toda su trayectoria en primera persona cuando ya es un anciano al que sólo acompaña un buey) es un hombre que ha sobrellevado los reveses con lágrimas y sufrimiento –no le quedó otro remedio- pero a la vez está conforme con la vida que le ha tocado: no me atrevo a escribir que está feliz, pero tampoco está simplemente resignado.
¡VIVIR! es una novela llena de fuerza. Cuando uno comienza a leer parece que la historia no dará para mucho, pero a medida que avanza va creciendo y acaba resultando poderosa. Es una novela conmovedora con un protagonista entrañable. No es alegre, pero tampoco es triste. Es de esas novelas en las que el destino es mal aliado, muy malo, pero el protagonista sabe asumirlo, y en lugar de desesperarse va encajando los golpes porque sabe que es el único camino para sobrevivir.
¡VIVIR! no disecciona con detalle la historia China como lo hacen otras novelas (la interesantísima CISNES SALVAJES, de JUNG CHANG, por ejemplo), pero nos da una idea muy certera de los sufrimientos que ha sufrido el pueblo chino por culpa del comunismo. Además, está muy bien escrita. Yo la recomiendo, sin ninguna duda.
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sábado, 27 de marzo de 2010
LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR, de YOKO OGAWA

Hace ahora algo más de un año, ANA –no sé quién es- dejó un comentario en una entrada de selecciónARTE sobre ARCO (este año, por cierto, me he queda sin ARCO y lo he sentido de verdad). No tenía nada que ver con la feria de ARteCOntemporaneo. Decía: Hola, soy una lectora más de tu blog. Sólo quería que le echases un ojo a este libro. Es una historia preciosa. http://www.funambulista.net/2009/la-formula-preferida-del-profesor/. Efectivamente visité la web, me pareció que el libro podía tener interés, y así contesté a ANA. Pero la lista de libros pendientes es siempre larguísima, y LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR ... se quedó en la lista. A partir de entonces fui viendo el libro comentado en algunos blogs y, ya a la vuelta de verano, la reseña de TERESA –esta vez sí, la de los libros- fue la que me animó definitivamente a buscar de verdad el libro (que hasta entonces sólo era una posibilidad más).
LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR (HAKASE NO AISHITA SÛSHIKI, 博士の愛した数式, 2003) cuenta la extraña y -poco a poco- entrañable relación que se crea entre un Profesor de matemáticas desmemoriado por un accidente, su asistenta y el hijo de ésta. Quien haya pinchado en el enlace a LOS LIBROS DE TERESA ya sabe de que va, así que no lo repito.
Por no acabar aquí, apunto varias cosas que me parece que YOKO OGAWA consigue estupendamente: por un lado, la personalización que hace de los números, que acaban teniendo casi vida propia, con sus características y circunstancias precisas; vida que permite que los personajes (primero el profesor, después Root y su madre) lleguen a sentir amor por a los números, casi casi amistad con ellos (en otros casos, manía hacia ellos, animadversión). En el fondo, OGAWA logra que los protagonistas tengan una relación intima con los número: ¿qué es, si no, ese cariño hacia el frigorífico porque su número de serie resulta ser un número primo? O, desde otro punto de vista, logra que los números formen parte, como otro protagonista más, del elenco de actores que conforman la historia. También tiene gracia la capacidad del Profesor de crear rápidamente palíndromos (aunque técnicamente no sean tales ...). Y, en otro plano, cómo YOKO OGAWA se sirve del baseball para relacionar al Profesor y a Root. En cambio, creo que la autora no consigue sacar partido a la falta de memoria –o mejor, a la memoria temporal- del profesor: es una circunstancia muy muy singular que, aunque da lugar a situaciones interesantes (las notas colgando de la chaqueta, el jugador de béisbol anclado en el tiempo), al final pesa poco en la historia.
He encontrado a lo largo del texto rasgos y matices que asocio rápidamente a Japón: el calor abrumador, la importancia de los colores en las comidas, las chicharras dando constantemente la tabarra ...
Por último, señalo lo que me ha gustado la propia edición, sencilla pero bien diseñada y cuidada, con un formato poco habitual que resulta muy agradable. Hasta el nombre que le dan a la colección, LITERADURA, me ha parecido ingenioso.
En fin, que LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR me ha parecido una novela grata. Quizá no un novelón, pero desde luego un libro de esos que se lee muy bien y deja buen sabor de boca.
LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR. YOKO OGAWA. Editorial FUNAMBULISTA, colección LITERADURA. 2008. 298 pgs.
LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR (HAKASE NO AISHITA SÛSHIKI, 博士の愛した数式, 2003) cuenta la extraña y -poco a poco- entrañable relación que se crea entre un Profesor de matemáticas desmemoriado por un accidente, su asistenta y el hijo de ésta. Quien haya pinchado en el enlace a LOS LIBROS DE TERESA ya sabe de que va, así que no lo repito.
Por no acabar aquí, apunto varias cosas que me parece que YOKO OGAWA consigue estupendamente: por un lado, la personalización que hace de los números, que acaban teniendo casi vida propia, con sus características y circunstancias precisas; vida que permite que los personajes (primero el profesor, después Root y su madre) lleguen a sentir amor por a los números, casi casi amistad con ellos (en otros casos, manía hacia ellos, animadversión). En el fondo, OGAWA logra que los protagonistas tengan una relación intima con los número: ¿qué es, si no, ese cariño hacia el frigorífico porque su número de serie resulta ser un número primo? O, desde otro punto de vista, logra que los números formen parte, como otro protagonista más, del elenco de actores que conforman la historia. También tiene gracia la capacidad del Profesor de crear rápidamente palíndromos (aunque técnicamente no sean tales ...). Y, en otro plano, cómo YOKO OGAWA se sirve del baseball para relacionar al Profesor y a Root. En cambio, creo que la autora no consigue sacar partido a la falta de memoria –o mejor, a la memoria temporal- del profesor: es una circunstancia muy muy singular que, aunque da lugar a situaciones interesantes (las notas colgando de la chaqueta, el jugador de béisbol anclado en el tiempo), al final pesa poco en la historia.
He encontrado a lo largo del texto rasgos y matices que asocio rápidamente a Japón: el calor abrumador, la importancia de los colores en las comidas, las chicharras dando constantemente la tabarra ...
Por último, señalo lo que me ha gustado la propia edición, sencilla pero bien diseñada y cuidada, con un formato poco habitual que resulta muy agradable. Hasta el nombre que le dan a la colección, LITERADURA, me ha parecido ingenioso.
En fin, que LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR me ha parecido una novela grata. Quizá no un novelón, pero desde luego un libro de esos que se lee muy bien y deja buen sabor de boca.
LA FÓRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR. YOKO OGAWA. Editorial FUNAMBULISTA, colección LITERADURA. 2008. 298 pgs.
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jueves, 14 de enero de 2010
EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA (UNA HISTORIA DE AMOR), de HIROMI KAWAKAMI

En el magnífico MADE IN JAPAN de EL GUISANTE VERDE PROJECT se comentaban algunos títulos de literatura japonesa. Por recomendación suya me lancé a por EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA, que acabo de terminar de leer: me ha gustado mucho.
EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA narra una extraña relación entre una mujer de treintaimuchos, Tsukiko, y un caballero mayor que ella, el maestro (“Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba «maestro». Ni «profesor», ni «señor». Simplemente maestro”). Fueron profesor y alumna hace años –él daba clases de japonés- y coinciden de nuevo en la taberna de Satoru ahogando en sake su soledad. Cada uno con su historia a cuestas, cada uno con sus experiencias, y ambos enganchando paso a paso: primero coinciden por casualidad, después se buscan sin querer reconocerlo, poco a poco piensan cada vez más uno en el otro ... y así van enredando sus vidas hasta mezclarlas completamente.
El maestro es el sentido común y la potestad: ese mandar con sutileza, sin obligar ni forzar, como lo más natural; es la educación y la corrección en el trato; tiene el peso específico que da la madurez; parece objetivo y resignado a su destino: sufre con lo que le pasa –o, mejor, con lo que le pasó, especialmente con la pérdida de su mujer- pero lo acepta de una manera estoica. Tsukiko es más voluble, menos estable, sabe menos lo que quiere y lo que no quiere. En el fondo está loquita por el maestro, pero tontea con otro hombre. En los dos, bajo una capa de buena educación, gran autonomía y un serio afán por no mostrar abiertamente los sentimientos -un formalismo muy oriental- se descubre la necesidad que todos llevamos dentro de encontrar cariño; porque seguramente lo más demoledor que hay para cualquiera es la soledad, y cuando arranca la historia el maestro y Tsukiko están solos, más solos que la una. Una posibilidad para escaparse es beber; otra es dar con la persona adecuada.
Como características de la historia señalaría la normalidad, la serenidad y un desarrollo sin sobresaltos (lo que no quiere decir absolutamente continuo en el tiempo: hay lagunas, momentos más o menos largos en los que no se nos cuenta qué pasa con los protagonistas, cosa que no hace perder el hilo de la relación entre ellos). También apuntaría la delicadeza y la capacidad de sugerencia. Sin necesidad de ningún detonante que catapulte la historia, va creciendo poco a poco, mansamente: quizá al comienzo parece que KAWAKAMI no está contándonos nada de peso, pero a medida que avanzamos en la lectura descubrimos que estamos enganchados a la historia, que los personajes se han hecho con nosotros y con nuestro interés. Eso se puede llamar sutilidad.
Como característica del estilo, apunto la precisión y la sobriedad narrativa: ni una palabra de más, ni una descripción innecesaria. Con muy pocos elementos HIROMI KAWAKAMI consigue desarrollar la relación entre los dos personajes de manera magistral. Me ha gustado cómo acaba los capítulos, con finales siempre sugerentes.
Quizá lo único que me ha llamado la atención por salirse de esa sencillez tan conseguida es que la autora, sobre todo en la primera parte del libro, parece que da más explicaciones de las necesarias para un público que realmente sabe de qué se habla. No sé si me explico: me pareció que aclara innecesariamente detalles que para un lector japonés son evidentes; es verdad que pueden no serlo para un lector occidental, pero esas aclaraciones podrían dar la impresión de que HIROMI KAWAKAMI escribe pensando en lectores no japoneses. En cualquier caso, un detalle menor.
EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA es una novela estupenda, muy buen ejemplo de narrativa japonesa actual: creo que recomendable para cualquiera.
EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA narra una extraña relación entre una mujer de treintaimuchos, Tsukiko, y un caballero mayor que ella, el maestro (“Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba «maestro». Ni «profesor», ni «señor». Simplemente maestro”). Fueron profesor y alumna hace años –él daba clases de japonés- y coinciden de nuevo en la taberna de Satoru ahogando en sake su soledad. Cada uno con su historia a cuestas, cada uno con sus experiencias, y ambos enganchando paso a paso: primero coinciden por casualidad, después se buscan sin querer reconocerlo, poco a poco piensan cada vez más uno en el otro ... y así van enredando sus vidas hasta mezclarlas completamente.
El maestro es el sentido común y la potestad: ese mandar con sutileza, sin obligar ni forzar, como lo más natural; es la educación y la corrección en el trato; tiene el peso específico que da la madurez; parece objetivo y resignado a su destino: sufre con lo que le pasa –o, mejor, con lo que le pasó, especialmente con la pérdida de su mujer- pero lo acepta de una manera estoica. Tsukiko es más voluble, menos estable, sabe menos lo que quiere y lo que no quiere. En el fondo está loquita por el maestro, pero tontea con otro hombre. En los dos, bajo una capa de buena educación, gran autonomía y un serio afán por no mostrar abiertamente los sentimientos -un formalismo muy oriental- se descubre la necesidad que todos llevamos dentro de encontrar cariño; porque seguramente lo más demoledor que hay para cualquiera es la soledad, y cuando arranca la historia el maestro y Tsukiko están solos, más solos que la una. Una posibilidad para escaparse es beber; otra es dar con la persona adecuada.
Como características de la historia señalaría la normalidad, la serenidad y un desarrollo sin sobresaltos (lo que no quiere decir absolutamente continuo en el tiempo: hay lagunas, momentos más o menos largos en los que no se nos cuenta qué pasa con los protagonistas, cosa que no hace perder el hilo de la relación entre ellos). También apuntaría la delicadeza y la capacidad de sugerencia. Sin necesidad de ningún detonante que catapulte la historia, va creciendo poco a poco, mansamente: quizá al comienzo parece que KAWAKAMI no está contándonos nada de peso, pero a medida que avanzamos en la lectura descubrimos que estamos enganchados a la historia, que los personajes se han hecho con nosotros y con nuestro interés. Eso se puede llamar sutilidad.
Como característica del estilo, apunto la precisión y la sobriedad narrativa: ni una palabra de más, ni una descripción innecesaria. Con muy pocos elementos HIROMI KAWAKAMI consigue desarrollar la relación entre los dos personajes de manera magistral. Me ha gustado cómo acaba los capítulos, con finales siempre sugerentes.
Quizá lo único que me ha llamado la atención por salirse de esa sencillez tan conseguida es que la autora, sobre todo en la primera parte del libro, parece que da más explicaciones de las necesarias para un público que realmente sabe de qué se habla. No sé si me explico: me pareció que aclara innecesariamente detalles que para un lector japonés son evidentes; es verdad que pueden no serlo para un lector occidental, pero esas aclaraciones podrían dar la impresión de que HIROMI KAWAKAMI escribe pensando en lectores no japoneses. En cualquier caso, un detalle menor.
EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA es una novela estupenda, muy buen ejemplo de narrativa japonesa actual: creo que recomendable para cualquiera.
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jueves, 22 de octubre de 2009
EL ELOGIO DE LA SOMBRA, de JUNICHIRO TANIZAKI

Este verano he tenido ocasión de investigar la arquitectura japonesa (en realidad, la cultura japonesa) y me ha parecido enormemente interesante. Estando en esas, alguien me recomendó vivamente la lectura de EL ELOGIO DE LA SOMBRA, y recordé que ya hace años –tres o cuatro- otra persona me habló estupendamente de este ensayito (lo digo en diminutivo porque se trata de un texto corto publicado en forma de pequeño libro, tamaño octavilla más o menos). Lo he leído, y efectivamente es una obra magnífica. Quizá no para todos los públicos, porque hay que estar interesado, por lo menos, en tres cosas: un poco en teoría estética, muy poco en teoría de la arquitectura, y un mucho en cultura japonesa. Pero para quien cumpla esas condiciones EL ELOGIO DE LA SOMBRA le resultará una delicia. Sobre lo de la arquitectura, una aclaración: aunque en algún momento JUNICHIRO TANIZAKI afirma, hablando de si mismo, que “Soy totalmente profano en materia de arquitectura”, pienso que no es cierto: hace unas consideraciones muy interesantes sobre la vivienda y arquitectura japonesas, y cuando afirma ser un profano se refiere a la arquitectura occidental (utiliza esta expresión justo antes de hacer una afirmación sobre la luz en las catedrales góticas).
TANIZAKI, en EL ELOGIO DE LA SOMBRA, trata de forma aparentemente errática un montón de temas; y digo aparentemente porque, aunque parece que va encadenando un asunto con el siguiente de forma poco ordenada, saltando de uno a otro, al final el lector descubre que le han llevado por una circunferencia que, efectivamente, se cierra sobre sí misma para conseguir una línea perfecta. Más o menos así:
EL ELOGIO DE LA SOMBRA arranca explicando como la instalación de luz eléctrica está reñida con la vivienda clásica japonesa; continúa insistiendo en que los materiales e inventos modernos para la vivienda (calefacción, aparatos sanitarios, alicatados y solados cerámicos) difícilmente encajan con la sutileza de la casa tradicional de los japoneses; comenta con cierta extensión los baños de la vivienda japonesa –sí, los cuartos de baños- y a partir de aquí va explicando la distinta sensibilidad entre oriente y occidente, las distintas formas de ver los materiales y su estado, su brillo y consistencia, su uso ... Habla de la luz y de la penumbra. Habla de los objetos de uso cotidiano, de las vajillas, de los cuencos y de las bandejas, de cómo la laca japonesa –y por tanto los objetos lacados, especialmente los destinados a contener comida- están pensados para ser vistos con una luz tenue, de vela ... Pasa entonces a hablar de la comida japonesa, de su organización, de la importancia de los colores y su distribución en los platos ... De aquí pasa de nuevo a la casa tradicional japonesa (interesantísimo todo lo que dice) para después comentar las telas, o mejor los brillos dorados –ya los había comentado en los interiores domésticos- de las telas en la oscuridad de los templos; de aquí a los ropajes del teatro clásico no y kabuki, y de aquí al color de la piel de los japoneses (con este motivo salen ideas interesantes sobre el valor de mostrar poco, que permite intuir e imaginar, frente al burdo mostrarlo todo ...); salta entonces a hablar de la mujer japonesa (dice que se llegaban a “pintar” los dientes en tono oscuro y los labios en verde-azulado para evitar el brillo excesivo o el rojo llamativo). Y ya llegando al final comienza a buscar explicaciones para esta forma de enfocar la vida, vuelve de nuevo a hacer un alegato en toda regla contra la occidentalización del Japón y contra la luz eléctrica (ahora especialmente en los lugares públicos), lo mezcla con una receta de sushi, y acaba apagando su lámpara ... eléctrica, claro.
En el fondo, EL ELOGIO DE LA SOMBRA es un alegato a favor de un arte y una sociedad –la japonesa- que pone en valor la penumbra, el matiz, lo no-obvio, esos aspectos que enriquecen y dan interés a las cosas, frente a la obviedad occidental provocada por el exceso de luz, la modernización imparable y la practicidad, que al hacer las cosas tan patentes las convierte en estridentes. Unos párrafos de JUNICHIRO TANIZAKI pueden aclarar muy bien su pensamiento:
“Creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan sólo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.
¿Pero por qué esta tendencia a buscar lo bello en lo oscuro sólo se manifiesta con tanta fuerza entre los orientales? Hasta hace no mucho tampoco en Occidente conocían la electricidad, el gas o el petróleo pero, que yo sepa, nunca han experimentado la tentación de disfrutar con la sombra; desde siempre, los espectros japoneses han carecido de pies; los espectros de Occidente tienen pies, pero en cambio todo su cuerpo, al parecer, es translúcido. Aunque sólo sea por estos detalles, resulta evidente que nuestra propia imaginación se mueve entre tinieblas negras como la laca, mientras que los occidentales atribuyen incluso a sus espectros la limpidez del cristal. Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombra: los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol. Nosotros apreciamos la pátina sobre la plata y el cobre; ellos la consideran sucia y antihigiénica, y no están contentos hasta que el metal brilla a fuerza de frotarlo. En sus viviendas evitan cuanto pueden los recovecos y blanquean techo y paredes. Incluso cuando diseñan sus jardines, donde nosotros colocaríamos bosquecillos umbríos, ellos despliegan amplias extensiones de césped.
¿Cuál puede ser el origen de una diferencia tan radical en los gustos? Mirándolo bien, como los orientales intentamos adaptarnos a los límites que nos son impuestos, siempre nos hemos conformado con nuestra condición presente; no experimentamos, por lo tanto, ninguna repulsión hacia lo oscuro; nos resignamos a ello como a algo inevitable: que la luz es pobre, ¡pues que lo sea!, es más, nos hundimos con deleite en las tinieblas y les encontramos una belleza muy particular.
TANIZAKI, en EL ELOGIO DE LA SOMBRA, trata de forma aparentemente errática un montón de temas; y digo aparentemente porque, aunque parece que va encadenando un asunto con el siguiente de forma poco ordenada, saltando de uno a otro, al final el lector descubre que le han llevado por una circunferencia que, efectivamente, se cierra sobre sí misma para conseguir una línea perfecta. Más o menos así:
EL ELOGIO DE LA SOMBRA arranca explicando como la instalación de luz eléctrica está reñida con la vivienda clásica japonesa; continúa insistiendo en que los materiales e inventos modernos para la vivienda (calefacción, aparatos sanitarios, alicatados y solados cerámicos) difícilmente encajan con la sutileza de la casa tradicional de los japoneses; comenta con cierta extensión los baños de la vivienda japonesa –sí, los cuartos de baños- y a partir de aquí va explicando la distinta sensibilidad entre oriente y occidente, las distintas formas de ver los materiales y su estado, su brillo y consistencia, su uso ... Habla de la luz y de la penumbra. Habla de los objetos de uso cotidiano, de las vajillas, de los cuencos y de las bandejas, de cómo la laca japonesa –y por tanto los objetos lacados, especialmente los destinados a contener comida- están pensados para ser vistos con una luz tenue, de vela ... Pasa entonces a hablar de la comida japonesa, de su organización, de la importancia de los colores y su distribución en los platos ... De aquí pasa de nuevo a la casa tradicional japonesa (interesantísimo todo lo que dice) para después comentar las telas, o mejor los brillos dorados –ya los había comentado en los interiores domésticos- de las telas en la oscuridad de los templos; de aquí a los ropajes del teatro clásico no y kabuki, y de aquí al color de la piel de los japoneses (con este motivo salen ideas interesantes sobre el valor de mostrar poco, que permite intuir e imaginar, frente al burdo mostrarlo todo ...); salta entonces a hablar de la mujer japonesa (dice que se llegaban a “pintar” los dientes en tono oscuro y los labios en verde-azulado para evitar el brillo excesivo o el rojo llamativo). Y ya llegando al final comienza a buscar explicaciones para esta forma de enfocar la vida, vuelve de nuevo a hacer un alegato en toda regla contra la occidentalización del Japón y contra la luz eléctrica (ahora especialmente en los lugares públicos), lo mezcla con una receta de sushi, y acaba apagando su lámpara ... eléctrica, claro.
En el fondo, EL ELOGIO DE LA SOMBRA es un alegato a favor de un arte y una sociedad –la japonesa- que pone en valor la penumbra, el matiz, lo no-obvio, esos aspectos que enriquecen y dan interés a las cosas, frente a la obviedad occidental provocada por el exceso de luz, la modernización imparable y la practicidad, que al hacer las cosas tan patentes las convierte en estridentes. Unos párrafos de JUNICHIRO TANIZAKI pueden aclarar muy bien su pensamiento:
“Creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan sólo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.
¿Pero por qué esta tendencia a buscar lo bello en lo oscuro sólo se manifiesta con tanta fuerza entre los orientales? Hasta hace no mucho tampoco en Occidente conocían la electricidad, el gas o el petróleo pero, que yo sepa, nunca han experimentado la tentación de disfrutar con la sombra; desde siempre, los espectros japoneses han carecido de pies; los espectros de Occidente tienen pies, pero en cambio todo su cuerpo, al parecer, es translúcido. Aunque sólo sea por estos detalles, resulta evidente que nuestra propia imaginación se mueve entre tinieblas negras como la laca, mientras que los occidentales atribuyen incluso a sus espectros la limpidez del cristal. Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombra: los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol. Nosotros apreciamos la pátina sobre la plata y el cobre; ellos la consideran sucia y antihigiénica, y no están contentos hasta que el metal brilla a fuerza de frotarlo. En sus viviendas evitan cuanto pueden los recovecos y blanquean techo y paredes. Incluso cuando diseñan sus jardines, donde nosotros colocaríamos bosquecillos umbríos, ellos despliegan amplias extensiones de césped.
¿Cuál puede ser el origen de una diferencia tan radical en los gustos? Mirándolo bien, como los orientales intentamos adaptarnos a los límites que nos son impuestos, siempre nos hemos conformado con nuestra condición presente; no experimentamos, por lo tanto, ninguna repulsión hacia lo oscuro; nos resignamos a ello como a algo inevitable: que la luz es pobre, ¡pues que lo sea!, es más, nos hundimos con deleite en las tinieblas y les encontramos una belleza muy particular.
En cambio los occidentales, siempre al acecho del progreso, se agitan sin cesar persiguiendo una condición mejor a la actual. Buscan siempre más claridad y se las han arreglado para pasar de la vela a la lámpara de petróleo, del petróleo a la luz de gas, del gas a la luz eléctrica, hasta acabar con el menor resquicio, con el último refugio de la sombra.”
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