domingo, 28 de febrero de 2010

CABECERA DE FEBRERO DE 2010: EL JARDÍN FRANCÉS


Durante el mes de febrero de 2010 la cabecera de selecciónARTE ha sido una fotografía de los jardines del HÔTEL-MUSÉE CARNAVALET (en realidad son dos edificios, el HÔTEL CARNAVALET y el HÔTEL LE PELETIER DE SAINT-FARGEAU), en el barrio del MARAIS de París.

Con este motivo podría comentar mi –por desgracia- escaso conocimiento de temas paisajísticos y de jardines, y también podría hablar de cómo me hubiera gustado estudiar con detalle estos asuntos: sé poco, pero me llama poderosamente la atención ... Os lo ahorro.

Sí dejo, al menos, un par de referencias del sitio: una del HÔTEL CARNAVALET, y otra del que museo que alberga, el MUSÉE CARNAVALET, dedicado a la historia de París. Lo visité con detalle en verano de 2008: el edificio vale la pena, y el museo, aunque quizá no sea muy llamativo, a mi me resultó interesante. El MUSEO CARNAVALET no es la primera ni la segunda ni la tercera visita que hay que hacer en París, pero para quien le guste la historia y el urbanismo tiene su encanto.

miércoles, 24 de febrero de 2010

MIQUEL BARCELÓ 1983-2009, en CAIXAFORUM MADRID












No es la primera vez que hablo de MIQUEL BARCELÓ en selecciónARTE, y hoy lo hago de nuevo con motivo de LA SOLITUDE ORGANISATIVE, la exposición que ha organizado CAIXAFORUM MADRID repasando la trayectoria del artista mallorquín desde 1983 hasta 2009.

Me ha parecido muy interesante: BARCELÓ se confirma como uno de los grandes. No es novedad, pero cuando uno tiene ocasión de repasar su trayectoria, vuelve a caer en la cuenta. Y la verdad es que me costaría explicar el motivo: a medida que recorría las salas me lo iba preguntando, y se lo preguntaba a los que venían conmigo, y no encotré/encontramos una respuesta válida. Pero los cuatro coincidíamos en que aquello que estábamos viendo interpela al espectador, y le interpela tocándole una fibra profunda. Me venía a la cabeza la exposición de BACON que pudimos ver en el MUSEO DEL PRADO hace ahora un año: entonces explicaba cómo el inglés llega a lo más básico del hombre. A BARCELÓ creo que le pasa algo similar. Nos pone en contacto directo con lo más elemental de nuestra naturaleza, con lo más instintivo ... Y con eso se conecta con facilidad y rapidez, aunque a veces nos pueda costar reconocerlo (o reconocernos).

En la obra y en la técnica de BARCELÓ encontramos lo matérico, el empaste y el volumen, la tercera dimensión. La tierra y lo terroso. La carroña, lo podrido, lo fermentado, la tripa destripada. Lo orgánico. Lo desértico. El calor. La luz cegadora. Lo marino y lo submarino. La muerte. En el fondo, lo primitivo: eso que ha permanecido y permanecerá siempre desde que el hombre es hombre hasta que deje de serlo ...

Además, están las acuarelas, maravillosas: las de la Divina Comedia, las acuarelas de África. Y los retratos. Y algún paisaje de África, magistral. Y, al final, el mono, ese gorila de aspecto serio sentado en un rincón, una suerte de autorretrato de MIQUEL BARCELÓ (esto lo saco del programa de la propia exposición: yo jamás escribiría una suerte de): una obra que resume bien lo que tratado de decir en esta entrada.

Pienso que vale la pena asomarse a CAIXAFORUM MADRID: hasta el 13 de junio hay mucho tiempo ...

viernes, 19 de febrero de 2010

EL JINETE POLACO, de ANTONIO MUÑOZ MOLINA


EL JINETE POLACO es una novela singular que ganó el Premio Planeta en 1991; una historia llena de historias que nos cuenta la vida de Manuel Moreno y la de su familia (y con ellas la vida de España y la sociedad española) desde la II republica -por no decir la guerra de Cuba- hasta nuestros días. ANTONIO MUÑOZ MOLINA desarrolla EL JINETE POLACO en tres largas partes:

En la primera, El reino de las voces, más onírica que las otras, Manuel está con Nadia y le cuenta sus recuerdos y los de su familia hasta que aparece Nadia en Mágina, cuando él está en su último curso de instituto. Aparecen todos los personajes, en un conseguidísimo desorden: el bisabuelo Pedro Expósito Expósito; la abuela Leonor y el abuelo Manuel Expósito; la madre de Manuel, hija de Manuel y Leonor; su padre, Francisco ¿Moreno?; Nadia –todavía no la asociamos inmediatamente con la Nadia adulta- hija no deseada del comandante Galaz en una segunda relación (no hay matrimonio) en USA (ya estuvo casado en Madrid, y cuando es destinado a Mágina tiene un hijo y otro en camino: les abandona a los tres y se marcha a USA); Ramiro Retratista, fotógrafo y discípulo de Otto Zenner; la momia que aparece misteriosamente emparedada e incorrupta en la Casa de las Torres; el médico Don Mercurio; el subcomisario de policía Florencio Pérez, poeta vergonzante; el comandante Galaz, militar madrileño a quien la guerra civil le encuentra en Mágina, que hace fracasar el alzamiento matando al teniente Mestalla de un tiro en el pecho, que después de la guerra se exilia en USA, que vuelve muchos años después con una hija a Mágina y volverá a desaparecer para acabar muriendo en New Jersey, que es el propietario de un grabado copia del Jinete Polaco de Rembrandt que compró en su primer día en Mágina; la propia ciudad de Mágina, que se nos presenta como un personaje más, y bastante protagonista, por cierto ...

La segunda parte, Jinete en la tormenta (como la canción de Jim Morrison que el protagonista cita en varias ocasiones), con una narrativa mucho más lineal a pesar de sus avances y retrocesos en el tiempo, cuenta el periodo que pasa desde que Nadia llega por primera vez a Mágina hasta que Manuel marcha a Madrid. La vida de Manuel está regida por el afán de escapar del pueblo, la música y las melenas como forma de huida, los primeros amores ... La de Nadia, por su enganche con el Praxis, un profesor del instituto de Mágina que la tiene encandilada y que le complica la existencia por sus ideas políticas hasta el punto de tener que dejar la ciudad. Su padre, el comandante Galaz, que en estos meses hace amistad con Ramiro Retratista, conoce sus secretos y recibe como legado el baúl con las fotos y la biblia protestante de Don Mercurio. Las vidas de Manuel y Nadia discurren, al menos aparentemente, en paralelo: no se encuentran, no se cruzan.

En la tercera parte, El jinete Polaco, se nos cuenta el encuentro entre Nadia y Manuel. Ordenando y resumiendo los acontecimientos que MUÑOZ ÑOLINA nos cuenta desordenados, la historia es así: Manuel es un tipo colgado que vive entre mil ciudades (quizá de manera especial en Bruselas) y trabaja como traductor simultaneo. Viene a Madrid para un congreso y allí se encuentra con Allison, una rubia con la que esa noche acaba en la cama. Al día siguiente cada uno se va por su lado. Dos meses después Manuel tiene que trabajar en Evanston, junto a Chicago, y pasa por NYC a la ida y a la vuelta. Trata de dar con Allison pero no es fácil. En la última ocasión posible, cuando está a punto de dejar el hotel para ir al aeropuerto, Allison aparece. Ya no es rubia sino cobriza, ya no habla en inglés sino en español –de Madrid- y ya no se llama Allison, sino Nadia Galaz, que acaba de regresar de enterrar a su padre que ha muerto hace dos días en New Yersey. Y, además, le conoce de Mágina. Se lo lleva a su casa –adiós avión a Madrid- y a partir de aquí Nadia le cuenta su vida (su marcha de Mágina en 1964, su quedarse en Madrid en lugar de volver a USA con su padre, su vuelta posterior, su malogrado matrimonio con Bob, en nacimiento de su hijo en 1984, la enfermedad y muerte de su padre) y entre los dos reconstruyen los huecos que el lector no conoce de la historia de Mágina. Ocho o diez días con Nadia en NYC y Manuel regresa a Bruselas, donde encuentra un mensaje de su madre que le anuncia la muerte de la abuela Leonor. Dos días después Manuel está en Mágina. De nuevo recuerdos y paseos por la ciudad de la infancia y la adolescencia. Y, por pura casualidad, Manuel ve la momia de la mujer incorrupta en un anticuario, dentro de una vitrina. Entra, se acerca, pregunta y ... por fin conocemos la historia de la momia y los misterios que la acompañan. A todo esto, Nadia está viniendo desde Manhattan a Mágina para quedarse con Manuel. EL JINETE POLACO acaba con el autobús que trae a Nadia desde Madrid entrando en la estación, y Manuel rezando una oración a no sabe quién –muy poco creyente se nos ha dibujado a Manuel- pidiendo un futuro feliz con ella.

Con una prosa muy singular, en EL JINETE POLACO no hay orden en la exposición de los sucesos; al contrario: el relato se va formando a medida que uno lee, a base de pistas y de sugerencias y de referencias y de repeticiones. Como olas tranquilas que se acercan a al orilla, y se retiran, y se vuelven a acercar siempre iguales pero siempre distintas, los temas van y vuelven, iguales pero distintos, insistiendo unas veces en una cosa y en otras veces en otras, componiendo un cuadro familiar completo. El texto se estructura a base de larguísimos monólogos dichos o pensados, pocas descripciones y poquísimos diálogos. El resultado es un estilo repetitivo que de primeras deslumbra y no resulta aburrido, con un ritmo bien conseguido, en ocasiones lento e incluso muy lento, eso sí. Ritmo que consigue con frases muy largas, con listas muy largas. Ritmo y estilo que MUÑOZ MOLINA también consigue acercándose al tema en espiral, una espiral quebrada y discontinua: poco a poco y a saltos. Recuerdos fragmentarios, que van saltando en el tiempo y en las personas, que mezclan fundamentalmente tres momentos (el encuentro de la mujer incorrupta, el entorno de la guerra civil española, el presente) y los mismos personajes en cada uno de esos momentos. El protagonista es como un narrador que todo lo sabe, porque lo ha vivido o porque se lo han contado. El protagonista y el autor mezclan sus voces: muchas veces es Manuel quien habla en primera persona, y otras veces es MUÑOZ MOLINA quien nos cuenta las cosas, explicándonos qué le pasa, qué siente, qué hace Manuel. Y todo esto, como ya dije, sin orden aparente. Para el recuerdo utilizan –autor y protagonista- el recurso a las fotografías de Ramiro Retratista, recurso ya leído en muchos otros textos para ir contándonos toda la historia. EL JINETE POLACO me ha recordado a algunas cosas de VIRGINIA WOOLF, especialmente la primera parte de la novela.

EL JINETE POLACO es, como texto, como experiencia narrativa, muy interesante. El problema es –en mi opinión- que ANTONIO MUÑOZ MOLINA abusa del método, y lo que al comenzar resulta sorprendente, a la larga resulta cansado, un poco tedioso: uno puede mirar un rato las olas mansas en la orilla, pero no puede pasar así varios días completos. Y eso le pasa al libro: EL JINETE POLACO es largo y, precisamente por eso, también se hace largo.

Me ha parecido entre interesante y divertido como el autor va dando constantemente pistas temporales, aunque en muy pocas ocasiones nos da fechas concretas; por eso he intentado aclara la cronología de lo que va pasando, tomando notas de las referencias temporales que con toda intención va dejando caer el autor. Así por ejemplo, en algún momento se nos dice que Manuel cumple 18 años a primeros de enero y pocos días después del asesinato de Carrero Blanco en Madrid. Si el lector tiene buena memoria o busca en la red, recordará que el asesinato sucedió el 20 dic 1973, así que Manuel cumple 18 en 1974 y, por lo tanto, nació en los primeros días del año 1956; pero todo esto MUÑOZ MOLINA no los dice: él se queda en el asesinato de Carrero. En ese mismo pasaje MUÑOZ MOLINA nos dice que su padre tiene entonces -a primeros de enero de 1974- 45 años: si uno hace el cálculo sabrá que nació, por lo tanto, en 1929. Y así, muchas veces: guiños que sin darnos casi ninguna fecha sitúan perfectamente la cronología los sucesos. También me ha gustado la referencia constante a las canciones que llenan la vida de los protagonistas, desde las inocentes canciones de los niños hasta las canciones rebeldes de los jóvenes melenudos.

Si tuviera que valorar EL JINETE POLACO, diría que el estilo resulta interesante, aunque MUÑOZ MOLINA abusa de él y el conjunto le queda pastoso y un poco pesado: al final estás deseando que deje de pedalear y “pase algo”, lo que sea ... Diría que la historia es manida, conocida en la literatura reciente española (saga de familia pobre y poco política en momentos de intensa vida política y de intenso desarrollo y cambio social, con todo lo que eso conlleva de dolor) pero bien desarrollada. Que los personajes, a base de páginas y páginas, resultan muy bien dibujados. Que el misterio de la momia resulta eficaz para mantener la atención y útil para una pirueta final. El único pero que le pondría a EL JINETE POLACO –además de ese abuso de páginas- es un pero pequeño y en un asunto opinable, pero que a mi me da cierta lástima: el contenido más allá del propio argumento, las ideas, son muy tópicas. Reflejan lo que se llevaba (y se sigue llevando) en algunos ambientes “progresistas” de 1991. Es un libro “correcto” en el peor sentido de la palabra. Intento explicarme: el pueblo llano es bueno casi por el hecho de ser pobre; el subcomisario es triste casi por el hecho de ser autoridad; los republicanos son buenos precisamente por eso, por serlo y porque es lo que se debe ser en ese momento; el franquismo es malo casi como cosa evidente, y lo católico, también; Franco y lo católico son dianas a las que se pude disparar sin problema, a quines se les puede ir lanzando con frecuencia tantarantanes más o menos sutiles y dejarlos un poco o un mucho en ridículo; la relación entre los protagonistas se nos cuenta a través de situaciones sexuales que desdibujan el amor que parecen sentir el uno por el otro para dejarlo en simple pasión, en calentón constante (no quiero decir que haya muchos pasajes sexuales, sino que casi sólo hay de esos para hablarnos del amor entre Nadia y Manuel). Planteamientos que me parecen demasiado elementales e ideológicos para conseguir peso específico propio.

En mi opinión, una novela un poco más corta, un poco más sobria, y menos “correcta”, podría haber sido sensacional (aunque quizá no hubiera ganado el Premio Planeta, claro ...).

lunes, 15 de febrero de 2010

LA COMPAÑÍA DEL CAPITÁN REIJNIER REAEL Y EL TENIENTE CORNELIS MICHIELSZ BLAEUW, de FRANS HALS y PIETER CODDE, en el MUSEO DEL PRADO de MADRID


Hace unos días me acerqué al PRADO a ver HOLANDESES EN EL PRADO, la exposición que se organiza con motivo de la publicación del primer catálogo razonado de pintura holandesa del museo, y que saca a la luz fondos propios poco vistos y recién restaurados.

Una exposición interesante, sin duda, pero no extraordinaria: el archiconocido Judit de REMBRAND, y un buen número de cuadros que efectivamente uno asocia inmediatamente con los holandeses, pero no de calidad excepcional: paisajes y bosques, marinas y barcos, paisajes de invierno con sus patinadores sobre canales helados, bodegones de los denominados monocromos (impresionantes los reflejos sobre el vidrio), algunos retratos ...

No hubiera dedicado una entrada en selecciónARTE a HOLANDESES EN EL PRADO de no ser por LA COMPAÑÍA DEL CAPITÁN REIJNIER REAEL Y EL TENIENTE CORNELIS MICHIELSZ BLAEUW, cuadro de larguísimo título que el PRADO, con motivo de la exposición, ha traído del RIJKSMUSEUM de AMSTERDAM dentro de su sección LA OBRA INVITADA, y que uno encuentra al final del recorrido por nuestros holandeses. De esta obra no puedo aportar mucho más que lo que se dice en este vídeo (sacado de la propia web del museo), que ya es bastante, pero realmente vale la pena acercarse a verlo: hasta el 28 de febrero.


video

martes, 9 de febrero de 2010

EL REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA en la GRAN VÍA de MADRID

Cuando planeé las posibles entradas sobre la GRAN VÍA, anoté al final de la lista tres iglesias que vale la pena no olvidar al recorrer la arquitectura de la centenaria avenida: el REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA, la IGLESIA DE LA BUENA DICHA (que aunque no está propiamente en la GV sino en la calle Silva 25) y la IGLESIA DE SAN MARCOS (que tampoco está en la GV pero sí muy próxima a la Plaza de España). En mi cabeza estas entradas iban a ser una especie de apéndice final, pero después pensé que es más sensato incluirlas cuando les corresponde, siguiendo el orden de nuestro recorrido desde la calle de Alcalá hasta la Plaza de España. De la IGLESIA DE LA BUENA DICHA y la de SAN MARCOS ya hablaremos en su momento. Hoy nos centramos en REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA, interesantísimo edificio situado en el número 17 de la GV (si bien es verdad que se trata de un acceso secundario).


El italiano JACOBO GRATII, el CABALLERO DE GRACIA, nació en Módena en 1517, y llegó a Madrid en 1565 como secretario de la Nunciatura Apostólica. Rodeado de una leyenda de gran seductor, cuentan que un buen día oyó a Dios animándole a dejar el vicio, y se convirtió en devotísimo caballero; y ya es la historia –no la leyenda- la que nos dice que se ordenó sacerdote, destinó su fortuna a fundaciones y obras de caridad, y murió en Madrid, con más de 100 años y fama de santidad, en 1619. Una de sus Fundaciones es la REAL ANTIGUA Y VENERABLE CONGREGACIÓN DE INDIGNOS ESCLAVOS DEL SANTÍSMO SACRAMENTO (conocida actualmente como la Asociación Eucarística del Caballero de Gracia), y fueron sus responsables quienes a mediados del siglo XVII (1654 según unas fuentes, 1662 según otras) construyeron el primer Oratorio, en el mismo lugar que ocupa el actual y donde antes estuvo la casa de Doña Elvira de Paredes. Por lo tanto, el sitio no coincide exactamente con el convento de Concepcionistas Franciscanas que se conocía en Madrid como Convento del Caballero de Gracia por ser también fundación suya: este estaba en esa misma calle pero un poco más abajo, y fue demolido.

Casi ciento cincuenta años después de la construcción del primer Oratorio, en 1782, la Congregación decide ampliarlo y reformarlo; compran una serie de viviendas con fachada a la calle de San Miguel (esa que después servirá como guía para la primera parte de la GV) y encargan el proyecto a JUAN DE VILLANUEVA, el gran arquitecto del momento y el mejor representante de la arquitectura neoclásica en España, autor de obras tan emblemáticas como el actual MUSEO DEL PRADO (en el momento de su construcción GABINETE DE HISTORIA NATURAL), el OBSERVATORIO ASTRONÓMICO del Retiro, la CASITA DEL PRÍNCIPE de EL ESCORIAL y la de EL PARDO, o la reforma de la PLAZA MAYOR de MADRID.

VILLANUEVA presenta dos propuestas: una ampliando lo existente, y otra proponiendo un Oratorio completamente nuevo. La Congregación elige la segunda posibilidad y en noviembre de 1782 comienzan unas obras largas, con constantes problemas económicos que generan tensiones entre propiedad y arquitecto; tensiones que con el paso del tiempo resultan tan tirantes que en 1794 la Congregación despide a JUAN DE VILLANUEVA y contrata a PEDRO ARNAL, que acaba el edificio en febrero de 1795. O al menos acaba su interior, porque la fachada principal a la calle del Caballero de Gracia (fachada sur), aunque proyectada por VILLANUEVA en 1789 no se realiza hasta 1830, con algunos cambios que introduce el arquitecto CUSTODIO MORENO. Como ya hemos dicho, la fachada norte se abría a la calle de San Miguel, y cuando se plantea el trazado de la GV se respeta el Oratorio, pero no esta fachada, que desaparece. Entonces –estamos en 1916- CARLOS DE LUQUE realiza una nueva fachada, en el número 17 de la GRAN VÍA, de la que ahora vemos los dos paños que quedan a los lados del ábside. El remate superior en arco es obra de JAVIER FEDUCHI, realizado entre 1989 y 1991 (los madrileños quizá recordéis como durante muchísimo tiempo esta fachada estuvo cubierta con una lona). Reconozco que se trataba de una intervención complicada, pero la solución es -en mi opinión- más que dudosa. En el interior también se han realizado algunas restauraciones, una de ellas a cargo de FERNANDO CHUECA GOITIA.


El REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA ocupa una parcela muy estrecha y larga entre medianerías. JUAN DE VILLANUEVA resuelve el proyecto diseñando una planta de basílica romana a la que –como se ha hecho tantas veces a lo largo de la historia de la arquitectura- da carácter de templo cristiano creando un coro alto en un extremo (el de acceso por la parte sur), y un crucero y un ábside semicircular en el otro. La escasísima anchura de la parcela no permite a VILLANUEVA hacer tres naves en condiciones –no le caben- y para mantener su idea basilical aproxima las columnas (gigantescas columnas con fuste de granito y capitel corintio labrado en piedra de Colmenar) a los laterales hasta no dejar más que un estrecho paso entre ellas y los muros medianeros (mecanismo similar al que utiliza en la rotonda del MUSEO DEL PRADO). Y esa es una de las genialidades del proyecto: el ritmo de las columnas y la corta distancia entre ellas hace que de alguna manera se pierdan los laterales del templo, creando un espacio más amplio del que en realidad ocupa. Al llegar al crucero, ese ritmo se rompe, ampliando notablemente el intercolumnio, para darnos la impresión de que una nave perpendicular atraviesa la principal y crea un crucero. En realidad no hay tal nave: sencillamente VILLANUEVA ocupa todo el ancho que tiene disponible y así logra un conseguidísimo efecto de transepto. Además, la bóveda de cañón apoyada en las columnas que recorre toda la parte superior de la nave se interrumpe, y este espacio más acho se cubre con una cúpula de planta elíptica con el eje mayor perpendicular a la nave principal, enfatizando la altura y la luz en este punto, y singularizando el espacio. Los cortísimos brazos del pseudo-crucero repiten en sus partes altas la bóveda de cañón. Por fin, en el ábside adosa dos columnas a las paredes y cubre el conjunto con una cúpula semiesférica llena también de casetones.

El interior del REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA es un alarde de arquitectura neoclásica: el orden de la planta, la perspectiva que consiguen las columnas y el rotundo entablamento y los casetones de las bóvedas de cañón (de nuevo otro mecanismo que también utiliza en EL PRADO, en este caso en la galería central) producen la impresión de un espacio distinto del que en realidad es; la luz, tan sabiamente enfatizada en la zona del crucero, nos orienta hacia la cabecera del templo: para conseguir esa iluminación VILLANUEVA eleva la cúpula sobre un tambor en el que abre huecos circulares en las cuatro orientaciones, y la remata con una linterna.

Las fachadas exteriores, en cambio, no tienen el interés del interior del templo. Sobre la fachada norte ya hemos hecho más arriba algún comentario; quizá únicamente añadir, casi como un chisme, que CARLOS LUQUE quiso ponerse a la altura de JUAN DE VILLANUEVA, dejando cuatro rótulos en su fachada que decían: “CONSTRUIDO EL ORATORIO SEGUN LOS PLANOS” “DEL ARQUITECTO JUAN DE VILLANUEVA EN 1794” “REFORMADO Y AMPLIADO SEGUN LOS PLANOS” “DEL ARQUITECTO CARLOS DE LUQUE EN 1916”. Excesiva pretensión, sin duda. La fachada sur -también lo hemos dicho ya- la realiza CUSTODIO MORENO entre 1828 y 1831. Ligeramente girada respecto al eje de la nave del templo para ajustarse a la alineación de la calle del Caballero de Gracia, presenta -en el cuerpo bajo- el acceso, retranqueado respecto al plano, flanqueado por dos columnas y rematado por un relieve del cordero místico del escultor JOSÉ TOMÁS. El cuerpo superior tiene un hueco que ilumina el coro y como elemento decorativo un relieve de la Última Cena del mismo JOSÉ TOMÁS (copia del fresco de LEONARDO DA VINCI): las dos esculturas, iconografías muy relacionadas –lógicamente- con el destino eucarístico del templo. En los cuerpos laterales, dos hornacinas vacías. Y un frontón triangular para rematar todo el conjunto.


He repasado algunos libros que pormenorizan las obras de arte que se conservan en el interior del templo, pero no me voy a detener en esto: son muchas y buenas, pero hoy me quedo con la arquitectura. Únicamente señalar que yo recuerdo esta iglesia con un Cristo crucificado presidiendo el ábside mucho, muchísimo más afortunado que la vidriera que hay actualmente, que no dice casi nada. Y explicar la simbología de la “S” y el clavo que aparece constantemente (en la puerta de entrada, en todos los bancos, en las pechinas de la cúpula ...) y que a alguno le puede llamar la atención: quiere significar la palabra esclavo. Recuérdese que es el título de la Congregación propietaria del templo, REAL ANTIGUA Y VENERABLE CONGREGACIÓN DE INDIGNOS ESCLAVOS DEL SANTÍSMO SACRAMENTO.

En el REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA se conservan los restos del mismísimo Caballero, en un sarcófago situado en alto, donde se encuentran la nave principal y el brazo derecho del crucero.

La arquitectura madrileña posterior tomará como modelo el interior del REAL ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA, repitiendo algunas de sus soluciones. Me vienen a la cabeza varios ejemplos, especialmente la que fuera capilla del Colegio de la Asunción y hoy es la PARROQUIA DE LOS DOCE APÓSTOLES, del arquitecto CASTO FERNÁNDEZ SHAW (realizada entre 1952 y 1956 en colaboración con FRANCISCO ALONSO MARTOS). Un arquitecto del que volveremos a hablar cuando avancemos un poco más nuestro recorrido por la GRAN VÍA.

miércoles, 3 de febrero de 2010

GENTE REMOTA, de EVELYN WAUGH


Aunque no he leído muchísimos libros de viajes, es un género que siempre me ha gustado: aprendo mucho, disfruto, y conozco sitios y gentes y estilos de vida que con gran probabilidad no tendré nunca ocasión de conocer en directo. Me vienen de golpe a la cabeza, sin hacer gran esfuerzo memorístico, el mítico ÉBANO de RYSZARD KAPUSCINSKI, magistral; o LA RUTA DE LA SEDA, de COLIN THUBRON, que me gustó y que por muy muy pocos días no fue la primera entrada sobre libros en selecciónARTE: lo acabe justo antes de poner este blog a rodar. Entre los títulos patrios recuerdo como especialmente interesante el primero que escribió JAVIER REVERTE sobre África, EL SUEÑO DE ÁFRICA (los otros suyos que he leído –uno que cuenta la navegación por el Río Congo emulando a JOSEPH CONRAD, otro descendiendo el Nilo, y el que recorre el Amazonas- me han gustado menos e incluso me han decepcionado un poco por su carga ideología, que no comparto). También, como no, ETIQUETAS del propio EVELYN WAUGH; y, aunque no son libros de viajes, sus novelas africanas: NOTICIA BOMBA y MERIENDA DE NEGROS.

Ahora acabo de terminar GENTE REMOTA (REMOTE PEOPLE, 1931), donde EVELYN WAUGH relata el viaje que hizo como corresponsal del londinense THE TIMES para asistir a la coronación del RAS TAFARI como emperador HAILE SELASSIE I de Abisinia.

El 19 de octubre de 1930 WAUGH desembarca en Djibuti y arrancan sus peripecias africanas con el viaje en tren hasta Adis Abeba para asistir a la coronación del emperador. A partir de ese acontecimiento se desarrolla un largo viaje por África (la coronación ocupa únicamente los tres primeros capítulos, las 68 primeras páginas de un libro de 239) y después WAUGH nos cuenta el resto de sus andanzas: la vuelta desde Adis Abeba hasta Djibuti con escala en Harar, que está de camino; la navegación y breve estancia -diez días- en Aden (Yemen); la estancia en Zanzíbar; la llegada a Kenya entrando por Mombasa; el paso por Nairobi; la llegada a Tanganica cruzando en barco el Lago Victoria; el paso al Congo Belga navegando el Lago Tanganica ... hasta llegar a Ciudad el Cabo (“una ciudad espantosa que me recordó a Glasgow”) y desde allí, otra vez en barco, hasta atracar en Southampton el 10 de marzo de 1931.

A juzgar por lo que nos cuenta WAUGH, la situación de África central en 1930 es todavía muy elemental y, sobre todo, caótica e impredecible. Muy contento no vuelve: acaba el libro afirmando sin rubor “¿Para qué salir al extranjero? Mejor conocer primero Inglaterra. Sencillamente, Londres le da cien mil vueltas al continente negro”. Bien es verdad que lo dice después de haberse metido entre pecho y espalda 5 meses de viaje muy poco civilizado ...

Junto con la narración de los acontecimientos, hay en GENTE REMOTA reflexiones de EVELYN WAUGH tanto sobre el viaje (quiero decir sobre el hecho de viajar) como sobre la situación de África y la política europea respecto a África. Algunas son interesantes y bastante sensatas (aunque no por eso serias o pesadas: siempre hay ironía y humor en los comentarios de WAUGH); otras quizá habría que matizarlas o al menos no darlas por buenas a la primera, porque no parece WAUGH muy imparcial: en su relato el colonialismo británico sale bien parado (bien dentro de un orden), y el Belga no tanto. No sé muchísimo de esto, pero un fondo de verdad sospecho que hay en esas apreciaciones, y no lo digo en cuanto al colonialismo en sí, sino en que una vez que asumimos que lo hubo, la forma de unos y de otros es distinta, y la balanza se inclina hacia los ingleses. También es verdad que WAUGH lo pasa estupendamente en Kenya, y espantosamente en el Congo Belga. En GENTE REMOTA hay, además, interesantes reflexiones sobre la verdad, la información, los periodistas o las prisas por publicar una primicia.

En cuanto al estilo, de nuevo encontramos un WAUGH en estado bastante puro: ácido y lleno de humor sutil al contar el caos de aquellos meses; crítico pero sin caer -ni de lejos- en la zafiedad; ágil y claro para describir situaciones; personajes perfectamente dibujados (Mr. Hall o el Profesor W., por ejemplo); inmisericorde con casi todo ...

Para acabar, una pregunta en voz alta que puede orientar a otro lectores: ¿leería GENTE REMOTA si no me gustara tanto WAUGH? Difícil cuestión, a la que si soy sincero debo contestar que seguramente no. GENTE REMOTA es, sin duda, un libro de viajes de calidad, pero excesivamente de su tiempo: se centra en un momento tan puntual de la historia africana y desde un punto de vista tan personal que le puede faltar interés general (también me pareció que le pasaba algo de esto a UNA EDUCACIÓN INCOMPLETA). Si yo no fuera un forofo de EVELYN WAUGH quizá dedicaría mi tiempo a otras lecturas. Pero como lo soy, he disfrutado leyendo GENTE REMOTA y ya he apuntado 92 DÍAS en mi lista de próximos títulos.